De ESI no se habla

Por Claudia Estanga.

Desde su aprobación, en 2006, la ley de Educación Sexual Integral establece de forma obligatoria la implementación de contenidos y actividades en las escuelas en torno a diversidades de género, familias, representaciones críticas de lo femenino y lo masculino. Después de 10 años, Claudia Korol, pedagoga, junto a docentes de diversas áreas, cuentan por qué sigue siendo un desafío pendiente.

Después de una década en vigencia, la Ley Nº 26150 de Educación Sexual Integral sigue abriendo debates al interior de las instituciones educativas, en las charlas y capacitaciones docentes, en los colectivos feministas, en la recepción de muchos estudiantes. Los desafíos no son pocos en este pasaje de 2016 a 2017: el Programa Nacional de ESI que capacita a los docentes cuenta con amenazas de cierre y despidos. En el medio de los grandes mares burocráticos, la ley, la escuela, el Estado ¿Cuáles son los recovecos que se abren en las aulas entre estudiantes y docentes? ¿Qué diálogos se pueden construir desde esos encuentros? ¿Cómo seguir hablando de Educación Sexual Integral 10 años después?

Melina Castro es docente de nivel inicial en el municipio de La Matanza. Es una de las tantas trabajadoras de la educación que comparte espacios de enseñanza-aprendizaje con chicos, chicas y familias de sectores vulnerables. Desde el contexto de su escuela y su práctica docente, Melina nos permite comenzar a indagar en interpretaciones, alcances y desafíos de la Ley de Educación Sexual Integral 10 años después de su aprobación.

¿Cómo entró la ESI en tu escuela?

Lo primero que llegó a la escuela hace aproximadamente 8 años fue una caja con folletos y materiales, con la orden de implementación de la ley, nada más. En La Matanza, donde yo trabajo, recién hace aproximadamente tres años que se empezaron a abrir las jornadas de capacitación para la ESI. Ahí se empezaron a capacitar a cuatro maestros por cada institución. La idea de las jornadas era trabajar la ley en profundidad, brindar materiales, darnos estrategias. Esa capacitación duró cuatro encuentros. A partir de eso, con los cuatro compañeros con los que asistimos, lo que se nos propuso es realizar un proyecto institucional para la escuela donde trabajamos. Eso incluye todas las áreas, incluidas las especiales. Pero a pesar de esto sigue habiendo muchas resistencias, muchos tabúes. Los maestros pedimos la capacitación y nosotros mismos somos los que capacitamos a otros compañeros luego de la jornada. Pero entre los docentes se sigue creyendo que la ESI implica solamente hablar de sexo. Y la mayoría de los directivos no están comprometidos con esta ley. Hay tal vez un deseo de cumplirla pero no de manera profunda.

¿Cómo trabajás con la ESI en el aula?

Yo me planteo trabajarla desde diferentes ámbitos, por ejemplo la temática de género, trabajar los estereotipos de nena o nene, analizar publicidades. Desde ahí se pueden trabajar los demás temas, conectar con reproducción consciente, con el tema del cuidado. Pero con los más chiquitos se puede partir desde el cuidado del cuerpo también. A mí me parece fundamental trabajar la ESI desde la autoestima de cada alumno, sobre todo la autoestima de las nenas, porque ahí hay un problema muy grande que habilita después a pensar la violencia de género. Cómo se aprecia cada una para pensar el tema de los piropos, por ejemplo, es un camino que se puede hacer desde la escuela primaria. Que puedan hacerse fuertes para plantarse, hacer valer sus derechos, conocerlos es un trabajo importante. Como docente, yo me planteé hace unos años trabajar la ESI en ese sentido, porque los veía muy frágiles, también a los papás, sobre todo en los lugares más vulnerables.

¿Qué obstáculos son los más importantes para vos en el cumplimiento de la ley de ESI 10 años después?

Yo creo que la docencia es muy cerrada, ese es un gran obstáculo. Yo les critico a muchos de mis compañeros la visión cerrada de no poder aceptar muchas veces a dos chicas que se quieran, a dos hombres que están juntos, a dos padres del mismo sexo que adoptan un hijo. Todas esas cuestiones entre muchos colegas están totalmente descartadas. Ellos actúan desde su pensamiento y no de manera objetiva. Hay mucho encierro en eso, no hay un compromiso con poner en juego esas cosas. Todos los materiales que brindaron desde la capacitación están fabulosos pero nadie los pone en práctica, eso es lo que pasa. Tuve roces este año con una compañera, a la hora de proponer algunas actividades, por el tema de su mirada sobre la “mujer bien”, la mujer en la casa, con los hijos. Ella cree que ese es el modelo a seguir. Yo creo que hace falta abrir muchos debates entre los propios docentes.

Desde Radio La Tribu, antes de que empiece su programa “Espejos Todavía”, Claudia Korol responde sobre algunos interrogantes actuales en torno a los movimientos de mujeres. La entrevista nos encuentra justo el día que Reina Maraz fue liberada (ver Mujeres Movilizadas). Pero Claudia también responde sobre la ESI desde una pedagogía feminista, una perspectiva que ha desarrollado muy profundamente en varios de sus libros y artículos. Claudia coordina la formación en educación popular de Pañuelos en Rebeldía. Sus saberes de pedagoga, su rol docente nos abre la posibilidad de profundizar en preguntas que crucen perspectivas de género con problemáticas educativas.

Cuando hablas de derrotas y victorias de este año, ¿cuáles podrías nombrar?

No se si llamarla derrota, quizás es un desafío. Pero todavía creo que tenemos dificultades y trabas para implementar la Educación Sexual Integral en las escuelas, hay un gran freno que se le está poniendo a la ESI. Ya era difícil cuando no estaba tan abiertamente ese freno. Porque no es sencillo habilitar en todas las escuelas una temática en el nivel o profundidad que se necesita profundizar este tema. Muchas veces los docentes no están preparados. Yo estuve en algunas jornadas de invitada y con doscientos o quinientos docentes algunas. Solo fueron de unas horas, ¿qué capacidad hay para pensar los problemas profundos sobre los temas de la sexualidad? Y además, ¿qué voluntad de exposición y capacidad hay para interpelar nuestra sexualidad en esos encuentros? Porque cuando vos vas al taller hablás con otros y otras pero estás hablando y pensando desde tu propia experiencia. Yo creo que eso no estaba resuelto antes desde la idea de la capacitación. Ahora está mucho más amenazado por la situación actual.

¿Cuáles son las dificultades particulares con respecto a la ESI?

La verdad que es un tema muy complejo, y es muy complejo también porque muchas veces aparece el tema de la violencia y tampoco los docentes estamos preparados para cuando nos estallan las situaciones en el aula o en el pasillo. En general estallan en el pasillo. Entonces vos tirás un tema, abrís un debate, abrís un diálogo, por ejemplo sobre violencia o sobre sexualidad y después ¿qué hacés cuando viene una chica y te plantea sus dificultades si no la acompañás, si no la ves al otro día? ¿La ayudás a resolver? Es complejo, porque se someten muchas veces a una exposición que los pone vulnerables en el propio grupo. La llevaste a abrirse y después muchas veces no podés contenerla o ella ya no quiere seguir, le da vergüenza volver a la escuela. Son situaciones que conocemos, de mucha dificultad para resolver cuando no hay un Estado que tenga la forma de hacerlo.

Sandra es docente en una escuela media de Luján. Trabaja en el área de lenguajes. Se apropia de la ESI para trabajar muchos de los contenidos con sus estudiantes adolescentes, sobre todo en charlas de radio. Como Melina, Sandra también reflexiona sobre los tabúes docentes ante la puesta en juego de la ley, también sobre la necesidad de profundizar las capacitaciones.

¿Quiénes se hacen cargo de trabajar en la escuela con la ley?

A raíz de la capacitación logramos que muchos docentes comprendan que se trata de salud sexual integral y no de algo que se limita a lo genital, a la higiene. Porque siempre se piensa que se tiene que abordar en materias de biología o ese estilo de contenidos. Creo que en nuestra escuela vencimos un poco esa resistencia a partir de esa capacitación, porque eso se bajó a lo grupal.

Respecto a la capacitación, ¿todos los docentes la recibieron?

No, se nos dio la opción a todos pero no hubo una capacitación institucional que todos hayamos tenido. Los que queríamos, nos acercábamos al curso del distrito y ahí la podíamos hacer.

Y con respecto al tema de la supervisión, ¿quién se encarga de ver que se trabaje la ley en la escuela?

Hasta el momento nunca tuvimos evaluaciones sobre la implementación, no que yo sepa. Al interior de la escuela no tuvimos supervisión sobre si se aplica o no digamos.

¿En qué se podrían mejorar las condiciones para la implementación de la ley?

Yo considero que en muchos casos los distintos actores, ya sea que pienses en profes o en directivos, se ven desbordados por un nivel de información que en muchísimos casos no manejan. Y en otros siempre pasa que prima la cuestión moral, que es mucho más difícil de vencer pero que a la vez tenés la ley ahí que está diciendo algo, o sea que igual tendría que aplicarse de uno u otro modo y sabemos que como te digo, nadie viene por lo menos donde yo trabajo, a ver si lo estamos haciendo bien, si lo estamos haciendo básicamente.

¿En qué te parece significativa la ley de educación sexual integral a la hora de trabajar en el aula?

Es increíble lo que se abre cuando charlamos de estos temas con los chicos. Realmente me emociona mucho a veces escuchar reflexiones que ellos piensan y que van problematizando. En una oportunidad propusimos trabajar con un corto de temática libre, para que trabajen sobre algunas corrientes artísticas y como veníamos hablando de sexualidad, por una estudiante que había hecho algunas preguntas por otra compañera que había sido mamá, salieron unos cortos hermosos, con algunos estudiantes que habían hecho entrevistas en la escuela a chicos que habían dado su opinión sobre sexualidad pero también sobre amor, sobre vínculos entre ellos, sobre crecer y sobre ser adultos. Imaginate si no será significativo trabajar así… Y lo mejor es que sembrando desde la charla nomás, el resto sale de ellos, como siempre pasa. Es una pena que muchos docentes no lo pongan en juego porque es muy fuerte lo que se puede trabajar ahí. Y eso nos cambia, nos deja pensando. Por eso la supervisión y la capacitación se hacen factores claves, porque todos los estudiantes merecen poder hablar de eso con los docentes que tienen cerca, en quienes confían y que además los pueden orientar en una etapa de la vida tan importante.

Marcela es profesora en el Normal Nº 11, Buenos Aires. Cuando le preguntamos por los temas tabúes y la relación con la ESI, rescata un punto interesante para pensar los alcances del trabajo por hacer: la resistencia que aparece en los propios estudiantes. Para ella, eso tiene un sentido particular, surge de una problemática precisa.

¿Aparece cierto miedo de decir algo de más en el aula? ¿Cómo lo manejás desde tu rol docente?

Yo creo que el miedo estaba al principio, pero hace tiempo que no. Porque la idea es que tenemos una ley que nos ampara. Eso funciona bien, es una garantía. Si hay un padre que no quiere que su hijo charle de algo en especial, lo tiene que notificar por escrito. Pero hay una ley que me permite hablar con los estudiantes de estos temas. Cuando hay temas complejos, muchas veces el propio chico te los discute. Por ejemplo con el aborto. Ellos te dicen que no les parece y yo les insisto en que sostengan sus propios argumentos. Ahí tenés que saber cómo manejarlo, siempre desde el respeto. Pero muchas veces las resistencias vienen desde los propios chicos.

¿Cómo se dan esas resistencias?

Muchas de las resistencias son antiguas. Por ejemplo cuando en un grupo hay alguna chica o chico homosexual, sucede que muchas veces el grupo se cierra, cierra el tema, no quieren hablar de eso. A veces llevas un video y aparece una escena en la que se dan un beso y se incomodan. Yo trato de decirles “es solo un beso”, de cuestionarlos. Pero se atajan, preguntan “¿cómo vamos a ver esto en la escuela?”. Otras veces hablamos del embarazo adolescente y muchas chicas opinan que les pasa solo a las tontas. Como docente, el trabajo nuestro es decir “si, de estas cosas en la escuela vamos a hablar” y entre todos pensar de qué temas, cómo hacerlo. Muchos estudiantes todavía ven en la escuela el lugar donde no se habla de ciertas cosas, un lugar que hay que respetar. Ahí está el trabajo que nos queda por hacer, salir un poco de ese lugar sagrado.

 

Claudia Korol abre el juego para pensar otras perspectivas respecto a estas resistencias entre docentes y estudiantes. Aun con la ley como soporte, Claudia nos permite indagar en los modos de abordar estas problemáticas a partir de la superación de las barreras del aula, de la propia escuela.

¿Cuáles son las problemáticas más fuertes teniendo en cuenta estos 10 años desde que se aprobó la ley?

A mí me preocupa mucho cuando pensamos en estas temáticas la cuestión de las lógicas de la violencia, los abusos sexuales infantiles. No hice estadísticas formales, pero de acuerdo a muchos años de experiencia de talleres, la mayoría de las mujeres vivió algún tipo de abuso sexual en la infancia. La mayoría lo hemos vivido. Y es un tema tabú. Es un tema en el que tenemos el silencio instalado por el patriarcado que se sirve del silencio. Son temas que se viven con vergüenza, con miedo de ser dichos, de ser compartidos, con mucha angustia también, porque en muchos casos, en la mayoría, el abuso sexual infantil se dio en el marco de la familia y es el padre, es el abuelo, es el hermano, es el primo. Y entonces, la posibilidad de decirlo tiene que ver con que se va a desatar un drama o un conflicto familiar, para el cual el niño o la niña es la vulnerable en ese conflicto y suele vivir todos los chantajes. Entonces, pongamos que no salta en la dinámica familiar y aparece en la escuela. ¿Cómo acompañás esos procesos? Cuando además los docentes están precarizados, corriendo de una escuela a otra. No se puede cargar tampoco la responsabilidad en el docente o la docente. Algunas veces sí, porque hay gente que mira para otro lado. Pero en general, no está dada la formación en profundidad y la persona sabe que no está preparada para eso. Para los docentes tampoco hay acompañamiento fuerte de gabinetes en este sentido, de espacios que puedan decir “abrí que nosotros sostenemos desde acá”.

En la lógica de la pedagogía feminista esos espacios tienen que ver con los colectivos. ¿Cómo te parece que eso se podría llevar a cabo en el ámbito educativo formal, que no viene de la rama popular y que, sin embargo, tiene una emergencia de diálogos críticos que las instituciones no abrazan?

Es complejo porque no está la propuesta ni siquiera en el marco de la ESI de cómo podríamos hacerlo. A mi entender, tiene que ver con las búsquedas de relación entre los docentes organizados y los movimientos de mujeres, los movimientos sociales, un trabajo en conjunto. Lo mismo nos pasa en la radio, por ejemplo. Nosotras acá en el programa hacemos un seguimiento de una temática y enseguida te empiezan a llamar para contarte “mirá, me pasó tal cosa”. Nosotras no podemos pensar que como comunicadoras feministas vamos a poder resolver lo que le pasa a toda la audiencia. Pero nunca nos podemos desentender. Éticamente no podemos hacerlo. Entonces, ahí el único camino es la relación: “hablanos y dirigite también a este colectivo de mujeres, de feministas, de organizaciones que pueden darte apoyo”.

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