Editorial Abril. “Voy a cambiar, voy a insistir, voy a pelear, voy a seguir”: defender la escuela pública, moverse, escuchar, insistir por otras voces.

El busto, el monumento. Ese modo de representar la figura de Sarmiento en los pasillos de tantas escuelas argentinas, en las plazas de tantos pueblos, es la eterna imagen, entre otras cosas, de un docente quieto. Como toda pieza de museo, como toda cristalización de lo eternizado, el busto muestra al docente de mármol, inmóvil en su sitio, cómodo en el pasillo de la escuela donde se ganó un lugar, un nombre, quizás un respeto. Como tantos otros símbolos que la historia colectiva va transformando, el docente de mármol, detenido, eternizado, parece estar en las antípodas del movimiento presente de las maestras y maestros argentinos, de la sociedad que salió en este abril a defender la escuela pública.

Ante el avance y el ataque constante por parte de un gobierno que busca el vaciamiento de la educación pública desde que asumió, docentes, estudiantes, sociedad civil, colectivos de derechos humanos, poblaron las calles. Todas y todos gritamos con orgullo que somos y fuimos parte de formaciones educativas de calidad en instituciones públicas, hechas con el amor de trabajadores y trabajadoras que aman lo que hacen, que educan por salarios mínimos, que continúan demostrando que la historia se hace en movimiento. Para defender la escuela pública, que el presidente Macri declaró como un lugar en donde te puede tocar “caer”, la calle se llenó de un único repudio. Un busto es lo contrario a la maestra y al maestro en movimiento. Es la fijación de una figura que enseña quieta, inerte. Abril demuestra que ser docente es moverse, salir, gritar, ir de la mano. Claro que la mano puede ser de quienes acompañan pero también de quienes golpean. Las docentes y los docentes intentaron instalar una escuela itinerante para seguir educando en tiempos de paro, de reclamo. La policía reprimió, golpeó sin culpa, nos mostró otra vez dónde está el monopolio de la fuerza y cómo se pueden seguir corriendo todos los días límites inimaginados. El resultado, como siempre, es el que no pueden manejar quienes organizan todo acto represivo. La escuela itinerante se pobló, se difundió en todas partes, se llenó de voces, como deseaban las educadoras y educadores. Ir a la escuela itinerante, escuchar y participar durante días de lo que pasa allí, de lo que se gesta desde un proceso genuinamente popular, es todo lo que nos abarca como comunicadoras en este abril de profunda defensa a la educación pública. Desde allí prendemos el grabador, ¿qué dicen las voces educadoras desde la escuela itinerante? Leer más.

Mientras, en los medios masivos, lo que se cuenta es otra cosa. Los títulos nos obligan todos los días a leer entre líneas, a sospechar de lo que se nos dice, a buscar en muchas fuentes las distintas versiones de los hechos que ellos seleccionan, hechos ajenos a las realidades profundas de los barrios, ajenos a las urgencias de las familias que llegan a los comedores, que se anotan en la lista de espera para tener un plato de comida. Nosotras sabemos y creemos profundamente en que otra comunicación es posible. Pero ¿cómo se gesta la palabra, la radio, el mensaje desde un lugar donde las noticias, los temas del día, las voces no son los que marca la agenda periodística? ¿Cómo se organiza una comunicación surgida desde la comunidad y la calle en un barrio donde crece la pobreza, la estigmatización, las necesidades? Fm Radio Bajo Flores es una respuesta posible, esperanzadora, una historia hecha de micrófonos cercanos a las realidades de quienes hablan y de quienes escuchan. Desde hace mucho. Más que nunca, prendemos grabadores y escuchamos la voz desde el Bajo Flores, la voz de quienes tienen otra voz. Leer más.

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