No existe una escuela que enseñe a vivir

Por Claudia Estanga.

Tres voces docentes para escuchar en tiempo de balances. El conflicto en educación sigue. El paro de no inicio de este 31 de julio vuelve a poner sobre la mesa una herida social educativa que sigue abierta. Después de seis meses de negociaciones, los docentes bonaerenses cerraron a comienzos de este mes apenas un aumento del 24% promedio para el 2017. En la Ciudad de Buenos Aires, aun no hay acuerdo. En las últimas horas, el gobierno porteño ofreció un aumento del 21.7%, sólo un 1.7% más que en la última oferta previa al comienzo de clases. Esto se da en el marco del presupuesto educativo más bajo de la historia de la ciudad: 18,5% del total. Las voces de tres docentes de distintos niveles y áreas bajan al día a día el impacto de estos números y la profunda crisis de estos meses en materia educativa.

La entrevista comienza con la voz de Marcela, docente de matemática en la modalidad de Cens y en Plan Fines. Trabaja en la formación de adultos en Capital Federal y en provincia de Buenos Aires, adultos expulsados por el sistema educativo. Me interesa escuchar la repercusión de la crisis educativa en estos estudiantes que reciben la doble dificultad de volver a estudiar en estos tiempos, después de ser expulsados de su formación educativa durante la crisis de los años ´90.

– ¿Cómo ves la situación actual en los espacios de enseñanza-aprendizaje dónde trabajás?

Este año es trágico para nosotros. Nos quedamos sin nuestra formación docente contínua y gratuita, nos dejaron sin horas proyecto a muchos de nosotros, nos tocan el bolsillo de manera profunda. Es una situación muy grave. No vemos posibilidad de mejora, incluso muchos de nuestros compañeros y compañeras están comenzando a renunciar a horas para irse a trabajar a empresas familiares o a otros trabajos fuera del ámbito docente. Se torna insostenible porque a muchos que tienen que alimentar a su familia verdaderamente no les alcanza el sueldo ni las horas que trabajan para cubrir sus gastos.

– ¿Cómo notás la repercusión de este conflicto docente, de esta desesperanza, en el vínculo con las y los estudiantes?

Es muy doloroso. Te prometo que se nota. Hay mucho desgano por ambas partes. Muchas madres que antes venían con sus hijos ya no vienen, ya no llegan acá. Muchas dejaron para agarrar trabajos en casas y con doble jornada. Es muy triste. Nosotras terminamos muchas veces evitando dar carga de actividades para lograr que sigan viniendo. Y así continuamos. Todos los días con un nivel de supervivencia que no se aguanta. Lo único que nos consuela en este contexto en verlos aprender contenidos que al menos les permitan pensar en sus propias realidades. El otro día uno de los hombres que viene a cursar me decía que su hijo le ofreció asociarse para abrir un local de artículos de limpieza sueltos y que él pensaba usar lo que había aprendido acá para sacar cuentas de sus productos y sus ganancias. Y por momentos te va alegrando, siempre nos esperanza eso. Pero cada día es más difícil y más complejo sostener la pertenencia, la fortaleza.

-¿A nivel recursos, qué materiales reciben ahora, qué diferencia ves en las herramientas materiales que ustedes tienen para trabajar en este momento?

Muchos de los materiales son los que enviaba el gobierno anterior. Este año, por lo menos a mí, no me llegó ningún material de corte nuevo, algo donde se sustente la mirada de educación que tienen, que ya sabemos cuál es. El vaciamiento. Ni siquiera hay materiales que nos lleguen donde podamos hacer pie para ver sus argumentos. Nada. La nada misma.

-¿Y sobre Educación Sexual Integral (ESI) o algún otro lineamiento profundo? ¿Hay algún material que les haya llegado para trabajar con los estudiantes?

Ninguno. Por lo menos yo sigo trabajando con los cuadernillos que tenía, mis compañeros también, los que quedaron de la anterior gestión. Eso también es lo que se percibe. Casi una especie de institución vaciada en donde cada una de nosotras y nosotros va haciendo lo que puede para que el barco no se hunda. Siempre pagan las estudiantes y los estudiantes. Pero también el grupo docente, que se va desgastando. Y así es que vamos quedando en islas, justo lo que ellos quieren ahora.

Miriam es docente de lenguajes en escuela normal, también asistente de cátedra en la Universidad de Buenos Aires, en la Facultad de Sociales.

-¿Cómo evaluarías la situación actual en los espacios educativos donde trabajás?

La situación ahora es muy delicada. Estamos sufriendo un ataque en todos los frentes y sobre todo en el desmantelamiento de la educación pública. Es increíble la cantidad de compañeras que están dejando la docencia y la cantidad de estudiantes que está migrando hacia la educación privada. En la UBA, por ejemplo, muchos están optando por inscribirse en otras universidades del ámbito privado con el argumento de buscar salidas laborales en este contexto complejo. Y es obvio. El presupuesto universitario es el más bajo de los últimos 30 años y este gobierno deja afuera a más de 10000 estudiantes que no tienen vacantes al comienzo del ciclo lectivo, ¿cómo no va a ser coherente buscar que crezcan las empresas educativas y que los estudiantes vayan haciendo ese recorrido? Es una consecuencia evidente.

-¿Qué problemáticas ves en emergencia en tus espacios de trabajo, cuales surgieron en estos meses o se hicieron más profundas?

Algunas son claramente las que te contaba. También está el hecho de la flexibilización laboral. En la comisión de la facultad que yo trabajo, por ejemplo, el cuatrimestre pasado tuvimos muchos estudiantes que nos contaban que estaban a prueba, sin contrato, en negro, con horarios rotativos. Se notaba en las épocas de parciales por ejemplo, cuando teníamos que charlar con ellas y ellos los horarios y las fechas porque muchos no tenían día de estudio asegurado. Eso no era así hace unos años, por lo menos no tanto. Ahora lo escucho cada vez más y es terrible. Tenemos derecho a una educación pública, gratuita, que nos garantice nuestra formación universitaria. Pero están avanzando de una forma extrema, todos los días. Y creo que no estamos moviéndonos a la altura de todo lo que va pasando. Quizás sea lógico, porque no se puede estar en todas las luchas, pero me parece que además están logrando anestesiarnos de tantos avances. Y tan triste.

-¿Qué sensaciones tenés en este momento alrededor de tu práctica docente, de tu labor cotidiana?

Y, por supuesto, muchas. Tengo un gran amor por lo que hago, enseñar es algo que me trajo mucha paz, mucho cable a tierra. Pero hay días en que me pregunto mucho, me repienso, para no caer en la desesperanza. Intento generar actividades para que en las clases pensemos este momento, toquemos el fondo de esta realidad social que nos toca, miremos la historia reciente. Y muchas y muchos estudiantes se enganchan en debates muy interesantes. Eso es lo único que me hace venir a laburar. Pero es siempre difícil. Pienso mucho en los docentes de la carpa blanca que yo veía cuando era chica y me duele ver que no hubo grandes cambios, que seguimos pidiendo las mismos obvios derechos a gobiernos “distintos”. Sólo que ahora yo estoy de este lado y entiendo otro punto. Qué se yo, no me da ganas de renunciar porque mi trabajo me gratifica mucho pero cansa todo esto, cómo no va a cansar. No preparás las clases igual, no trabajás igual, no vivís igual que si fueras valorada socialmente como docente. Eso es seguro.

Claudio es profesor de arte en institutos de infancia y en escuela media. Trabaja en provincia de Buenos Aires y arrancamos la charla después de que sale de dar una clase sobre Antonio Berni.

-¿Cómo hablás con las chicas y los chicos hoy de un pintor como Berni, que pinta una realidad social de pobreza en los años ´40 que no cambió en nada?

Uf, exacto, así. Primero les suelo preguntar de la época que piensan que es el cuadro. Imaginate lo que pasa: creen que es actual, lo cual es deprimente. Y después trabajo con el rol del artista en sociedades como la nuestra, donde pintar significa también trabajar de otra cosa, expresarse con otras necesidades económicas. Nada que ver con los pintores del renacimiento o lo que sucede cuando das arte antiguo. Pero con Berni igual siempre pasa algo. Es como que pega en los estudiantes, hay algo con los rostros, algo con el peronismo, quizás con los abuelos o padres de los chicos, con la temática obrera. Todo eso y algo más. Pero suele funcionar como un contenido de mucho diálogo y debate.

-Qué bueno escucharte así. Vengo de entrevistar docentes estos días a modo de balance para escuchar cómo repercute lo que está pasando en educación en la labor cotidiana. Tengo voces que vienen muy desesperanzadas, ¿Qué sensaciones tenés vos en este momento alrededor de tu práctica docente?

Estas cosas como las de recién son de las pocas que te salvan. No hay muchas más. Es una palabra, una frase que una mañana una chica te dice, un chico callado te lanza, lo que te hace volver la próxima vez con un “continuará”. Lo que está pasando ahora es tristísimo y violento. Cada vez más gente en la calle durmiendo, cada vez menos plata para vivir. Nosotros acá lo vemos todo el tiempo. Incluso hay chicos que vienen sin comer, este año empezó a pasar y venimos costeando con algunos compañeros y compañeras desayunos algunos días o comida a la tarde para los chicos y chicas que vienen sin plata. Pero es terrible. Nuestros sueldos no alcanzan y estas resistencias son momentáneas. Muy de nuestro país, haciendo parches siempre. Como docente, la sensación que tengo es que alcanza poco pero es lo que puedo dar. Es mi lugar de aporte a la expresión de los chicos, a la charla, al mate, al menos un rato. Pero muchas veces me aparece esa desazón. Me levanto y prendo la tele y tengo una bronca inmensa. Hacemos paros, pedimos paritarias, pero sigue pasando que la escuela es el último lugar que les interesa potenciar. Hasta que esa mirada no cambie, hasta que la educación no sea una prioridad, va a alcanzar poco lo que hagamos nosotros.

-¿Qué clima sentís dentro del aula, en el vínculo con los estudiantes? ¿De qué forma se cuela la situación actual en ellas y ellos, en tu cotidianeidad docente, en los espacios que compartís?

El clima está intenso. Hay muchas madres y padres que perdieron los trabajos, los chicos nos cuentan eso, o te lo dicen cuando hay alguna excursión y tienen que pagar una entrada de 40 pesos y el micro y te juran que no pueden porque tienen al padre sin trabajo. Y muchas veces pagamos nosotros pero es cada vez más frecuente. Y lo veo también en las preguntas por las carreras a seguir, esa incertidumbre adolescente de la vocación ahora está potenciada por la crisis. Es difícil que una estudiante o un estudiante de secundaria en este contexto pueda pagar la universidad, sostenerla, aunque sea gratuita, que pueda dedicar el tiempo que necesita para dar exámenes, ir a la facultad sin trabajar muchas horas. Y los chicos y las chicas lo saben y te piden consejos aflijidos. O te dicen, “me gusta pintar pero no puedo pagarme el alquiler con esto”. Y ahí te viene el planteo moral, la pregunta constante que te hacés como docente. Yo les digo que lamentablemente no es para vivir la expresión, que es para sentir que se puede decir algo, hacer una crónica social en una pintura, como lo que hablábamos de Berni. Pero es real que cada vez dudan más de seguir una carrera, la ven difícil y tienen muchas razones. Seguir alimentando la esperanza, charlando todos los días con otras y otros docentes, sumándonos a la lucha colectiva, todo eso es parte de la fuerza que hacemos nosotros por estos días.

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