Editorial Junio. Me arde rojo en la espalda.

A 15 años de la masacre de Avellaneda y a dos días de la violenta represión a manifestantes que pedían trabajo y comida en la 9 de Julio, la memoria de las luchas populares arde con dolor. Tomamos para este número las palabras de Claudia Korol en esta edición invernal y difícil. Sus reflexiones sobre la pedagogía del acompañamiento a partir del gesto de Darío son notables como cristal para mirar el presente. Dice Korol que Darío no corrió. En plena balacera, se arrodilló junto a Maxi y se quedó con él. Este gesto nos invita a “caminar al ritmo del más lento”, como dicen los zapatistas, a recordar la hermandad y la sororidad de los y las oprimidas. Las palabras de Claudia Korol nos dejan ver con claridad en tiempos oscuros:

” Muchas veces pensé en esos minutos en los que Darío, rodeado de policías, no corrió, sino que se quedó arrodillado acompañando a Maxi. Pensé en esa hermandad de los caídos, que sin conocerse casi, se saben acompañándose, frente a un poder que excluye, mata, y desintegra voluntades. Darío con la rodilla en el piso frío de la estación, junto a Maxi desangrándose. Darío dando la mano al compañero y la espalda a la bala… Pedagogía del acompañamiento, de la coherencia. De esos gestos se forman los cuerpos colectivos con capacidad de resistencia y de desafío. Cuerpos que sienten y piensan, piensan y sienten entonadamente, donde la palabra y el acto no desafinan.
Lo que aprendí y aprehendí en esa clase, es la posibilidad de extender esta pedagogía del ejemplo a la hora de asumir los desafíos actuales de los movimientos populares. Pensar el gesto de Darío, no sólo como un gesto individual conmovedor, sino también como una manera de definir el lugar posible de las organizaciones populares en este tiempo. Opción preferencial por los pobres, lo llama la teología de la liberación. Pedagogía del oprimido, lo llamó Paulo Freire. “Con los pobres de la tierra, quiero yo mi suerte echar”, escribió José Martí. Y el Che insistía en que “no se trataba de desearle suerte al agredido, sino de correr su propia suerte”. Pedagogía del ejemplo, le dicen los compas del Movimiento Sin Tierra del Brasil. En el andar zapatista, “caminar al ritmo del más lento”, el “para todos todo, nada para nosotros”. A veces la pedagogía popular exige no correr ni caminar. Quedarse junto al caído. Hasta que el último se levante. No dejar a nadie tendido, en las vueltas de la historia. “Que no haya soledad”, dijo Silvio. Y con esa fuerza que nos da la mano en la mano del compañero, aún del que se encuentra más jodido, encontrar el sentido último pero también el primero de nuestros movimientos. Ese sentido que se transmite en mensajes inconclusos, incomprensibles para el poder, escritos en clave de pueblo, como lo hacían Maxi y los chicos de Guernica. La creación del hombre nuevo, de la nueva mujer, de las nuevas organizaciones, de la nueva sociedad, se realizan precisamente en el instante en que negamos, no sólo con palabras, SINO FUNDAMENTALMENTE CON ACTOS, HASTA EL ULTIMO GESTO DE CAPITALISMO QUE NOS CORROMPE, NOS DISOCIA Y MATA.
Darío despreciando al poder, tendiendo la mano al compañero caído. En esa línea que se dibujó en el aire entre la bala y su cuerpo, quedó marcada una frontera, que tal vez pueda ayudarnos a ubicar, de qué lado estamos.” (Fuente Claudia Korol)

“Quedarse junto al caído. Hasta que el último se levante.” Que se puedan levantar las personas que salen de las cárceles. Quedarnos junto a las y los liberados para que no tropiecen y se caigan, significa hoy reclamar en contra de la modificación de la Ley de Ejecución Penal 24.660. Esta ley regula el acompañamiento que debería brindar el Estado a las personas privadas de libertad para que puedan, progresivamente, reintegrarse a la sociedad. En lo concreto, se trata del derecho a la educación, el trabajo, las salidas transitorias y el condicionamiento de las condenas. Si bien hoy se aplica sólo parcialmente, está avanzada en el camino legislativo la propuesta de modificar esta ley en un sentido punitivista para reducir estos derechos y convertir las cárceles en lugares cada vez más aislados del resto de la sociedad, sin posibilidad de una recuperación de la libertad acompañada y progresiva. Escuchá las voces de quienes habitaron las cárceles, trabajan en ella, enseñan en ella. Lee la nota.
Mujeres feministas exiliadas en dictadura. El impacto de la persecución al interior de un movimiento de mujeres en plena gestación tiene hoy profundas historias para recuperar que nos permiten pensar en las transformaciones, en las tramas que unen el grito de ni una menos con las primeras organizaciones de mujeres desde el campo popular en los años ´70. Las voces de Tununa Mercado, Dora Barrancos, Susana Sanz, Flor Monfort y Lila Pastoriza desde el Centro Cultural Haroldo Conti nos dejan cruzar feminismo y exilios, biografías heridas y grupos de mujeres más que nunca pulsantes y presentes, memoria, derechos humanos, nuevas y viejas formas para una misma lucha feminista. Lee la nota.

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