Mapuzungun, la voz mapuche. Liliana Ancalao, poeta y docente.

Por Mauro Moschini.

Siempre es bueno escuchar a una poeta como Ancalao, una de las voces más reconocidas en la poesía mapuche contemporánea, pero mucho más en días en que los medios masivos estimularon tantas injurias y mentiras sobre el pueblo Mapuche. Desde hace varias décadas Ancalao viene desarrollando un trabajo muy valioso y significativo que, junto con el de poetas como Elicura Chihualaf y David Aniñir (entre muchísimos otros), da cuenta del presente del pueblo mapuche y su lucha por la recuperación de su territorio, su idioma y su cultura. En la brevedad de sus libros de poemas (Tejido con lana cruda (2001) y Mujeres a la intemperie-pu zomo wekuntu mew (2009), ambos reeditados en 2010 por El suri porfiado, Ancalao logró construir una poética tan abierta a las alegrías y pesares de lo cotidiano como a la tragedia de la Historia y la densidad de lo sagrado.

Hace un tiempo, Ancalao editó Küme Miawmi – Andás bien, una compilación de ensayos que escribió entre 2005 y y 2014. Tan sentidos y personales como rigurosamente razonados, los seis ensayos que componen el libro se diferencian notablemente del narcisismo y la falta de atrevimiento que se suele señalar en la literatura argentina contemporánea. La originalidad y la ambición del pensamiento de Ancalao queda clara desde el ensayo que le sirve de prólogo al libro, donde escribe: “La función de nuestra poesía como actividad actual del pueblo originario mapuche es aportar a la tarea colectiva de devolver la transparencia al territorio. (…) Transparentar es desmitificar, descolonizar, recuperar y resacralizar”. Titulado “Poesía en ebullición y transparencia”, el ensayo constituye una lúcida exposición de la poética de Ancalao, que además puede leerse como un manifiesto de carácter programático para la poesía mapuche del presente y del futuro.

Liliana Ancalao estaba por responder las primeras preguntas de esta entrevista cuando tuvo lugar la represión a la comunidad Lof Resistencia Cushamen, en Chubut. En la marcha en reclamo por la aparición con vida de Maldonado que se realizó en Comodoro Rivadavia el 11 de agosto, varias comunidades de Chubut –entre ellas la comunidad Ñamkulawen, a la que pertenece Ancalao– difundieron un comunicado en el que, entre otras cosas, puede leerse: “Somos conscientes que un hecho como este se puede repetir y que ninguno de nosotros está –y nunca estuvo– exento a sufrir el autoritarismo y arbitrariedad estatal. Ante esto nos preguntamos: ¿A cambio y en pos de qué intereses mezquinos y egoístas desaparece una persona? (…) porque esto ya nos pasó, hoy estamos con la familia de Santiago, los acompañamos y nos solidarizamos con ellos”. Desde entonces, se sigue desconociendo dónde está Santiago Maldonado y no se detuvo la turbia campaña mediática de desinformación y difamación al pueblo Mapuche.

Con el cuidado y la generosidad que muestra en sus poemas y ensayos, Ancalao comparte sus reflexiones acerca del feminismo, sus influencias literarias y el presente del pueblo mapuche, entre otros temas.

Ancalao en un mural en Las Grutas que incluye uno de sus poemas.

En diversas ocasiones señalaste que el rock nacional fue una influencia importante en tu poesía ¿Cómo llegaste a esa poética? ¿Cómo pensás que se relacionan con la poesía mapuche en tu obra?

Voy a comenzar a responder a las preguntas contextualizando mi producción, con el relato de la historia de los Ancalao y Meli, que explica por qué nací en un barrio petrolero de Comodoro Rivadavia, en 1961 y soy mapuche y no “descendiente” de mapuche.

Mi mamá y mi papá nacieron en la posguerra en las reservas que el estado argentino indicó a sus familias. Mi mamá en Cushamen y mi papá en Fitatimen. Manzanera ella. Vorogano él, ambos mapuche. Nacieron y se criaron en el campo. A medida que iban naciendo nuevas generaciones, el campo fue quedando chico para alimentar a todos. Sin conocerse aún, ambos vinieron a parar a la ciudad, a Comodoro Rivadavia, vinieron a trabajar y a proyectar el futuro que en el campo no tenían.

Nacimos seis hermanos de esta amorosa pareja.

El rock nacional llegó a mi casa, en Diadema Argentina, en los 70, cuando yo estaba haciendo el secundario en un colegio religioso de niñas. Llegó con discos de vinilo que traía mi hermano mayor.

León Gieco y su Banda de caballos cansados, le abrieron la puerta y las ventanas de mi casa a todo el rock con ramos de manzanilla y todos los caballos blancos, canalizando algo de la nostalgia de mis viejos y de mi propia nostalgia.

Esta música me ayudó a transitar la dolorosa etapa de transición de infancia a juventud. Yo no sé definir qué sed ayudaron a aliviar. Pero es una conjunción de música, letra y cantada, y no poder quedarte quieta cantando. Sí, me sentía menos fea y sí, era una catarsis, del infinito y el dolor y la belleza que llevaba adentro. Ese saberme distinta que iba más allá de una cuestión social, pero sin entender qué me hacía distinta. No te voy a nombrar autores, sino grupos, porque así me llegó: Pastoral, Sui generis, Porsuigieco, Vox dei, Manal, Aquelarre, Pescado rabioso. Los conocí antes de saber qué era el surrealismo en la universidad.

Dejé de escuchar rock cuando nacieron mis hijas, que coincidió con un torbellino de trabajos, y en su adolescencia, ellas me lo trajeron de nuevo.

¿Creés que se puede hablar de una Literatura Patagónica así como se habla de la Literatura Argentina, con un canon y un conjunto de discusiones teóricas autónomas? ¿Te interesan ese tipo de debates?

La cuestión de las regiones se parece a la de los alambrados, interrumpen la circulación de las fuerzas y a veces hasta te desubican. Desde que sé que los Ancalao vivieron mucho más al norte del río colorado, Patagonia me queda chica. Al mismo tiempo, la noción de Patagonia es de Ngulu Mapu y Puel Mapu, ahí me queda bien. Como me queda bien pensarme escritora patagónica cuando me ubican al lado de compañeros poetas y músicos, con los que hemos transitado este hermoso camino de la poesía y hemos propiciado encuentros que nos reúnan achicando las inmensas distancias geográficas.

No deja de ser una referencia importante, cuando ando por otros lados, y siempre ando aclarando que vivo en el principio del mundo y no en el fin, como rezan las promociones turísticas.

Me parece que empobrece a la creación artística la intención de identificar región y artistas. Me resulta más fácil explicar mi incomodidad describiendo lo que sucede con la música patagónica. Se ha difundido la idea de que el ritmo representativo de la música en esta región es el Loncomeo, que es un ritmo inventado por criollos al que le pusieron un nombre en mapuzungun. Qué triste ponerle un corset a la creación. Algunos se lo creen y componen a partir de ese ritmo para decir que hacen música patagónica.

Ancalao en la Feria del libro de Comodoro junto a Priscila Vallone, Daniela Catena y Vero Padin.

¿Qué estás leyendo o releyendo últimamente? ¿Qué pensás de lo que se está escribiendo en Comodoro, y en la Patagonia?

Antes de darte este listado, tengo que aclararte que me jubilé de la docencia, hace unos meses. En los últimos años, fui directora de un colegio secundario público al que asistían 800 vivaces adolescentes y en los que tuve que relacionarme con sus correspondientes presentes y no presentes familias, con los docentes, con los porteros, con los supervisores… en fin, no tuve tiempo ni sintonía para leer literatura. Así que ahora estoy voraz, leyendo los siguientes libros:

Leyendo: Diplomacia, malones y cautivos en la frontera sur, siglo XIX, Ingrid de Jong (compiladora).

A descolonizar las metodologías, Linda Tuhiwai Smith.

A ruego de mi superior cacique, Antonio Modesto Inacayal, Adrián Moyano.

Informe sobre aves y otras cosas que vuelan, Rafael Urretabizkaya.

La quinta pata, Carlos Alberto Nuss.

La rama dorada, James George Frazer.

Releyendo: Todavía no. El proyecto civilizador entre las prácticas sociales y las estrategias de resistencia, de negociación y de apropiación en la meseta norte chubutense (1900-1970), Ana María Troncoso.

La vida es una nube azul, Elicura Chihuailaf

Historia del pueblo mapuche siglos XIX y XX, José Bengoa.

Desde hace un tiempo, historiadores, antropólogos y otros han comenzado a publicar y a difundir- fuera del ámbito académico- los resultados de sus trabajos de investigación referidos a este territorio que me interesa. Publican sus trabajos de Tesis, que van descubriendo aquello que la historiografía oficial se encargó de tapar de diversos modos: ocultando, tergiversando, ignorando. Revisan archivos del ejército, eclesiásticos, municipales, realizan entrevistas, que van completando ese tramo en el que parecía que los pueblos originarios habíamos dejado de existir.

De estas lecturas me nutro, también de la memoria familiar, de las experiencias que vivo con mi comunidad Ñamkulawen, de mi propia existencia.

¿Qué tiene para decir la cultura mapuche acerca del feminismo?

En la cultura mapuche la mujer es importante como transmisora de cultura, en los roles de la machi y la pillán küshe. De hecho, yo lo que sé de la cultura mapuche lo he aprendido siempre con mujeres y siempre he estado rodeada de mujeres. En Ñamkulawen somos la mayoría. Y parece que somos las que le ponemos toda la polenta al rescate cultural. Yo he participado de reuniones donde hemos hablado de estos temas y la respuesta que se da cuando se habla del machismo en las culturas de los pueblos originarios es que en realidad nuestra relación es de complementariedad. Es decir: el hombre se complementa con la mujer y viceversa, en una relación equilibrada, de pares. Pero después en la acción lo que vemos es otra cosa. Ahí es cuando le echamos la culpa al colonialismo y decimos que el machismo nuestros hombres lo han heredado de lo que vino de Europa. Tal vez sea así, tal vez no. De todas maneras nosotros nos pensamos como pueblos de la contemporaneidad y desde allí tenemos que ver si hay cambios que hay que realizar en nuestras culturas. El gran problema es que en este momento estamos regresando al conocimiento de nuestra cultura, entonces mal podemos cambiar lo que todavía no terminamos de conocer o aprender.

En el lenguaje yo observo una diferenciación, sobre todo en las palabras para indicar el parentesco. Las mujeres tenemos menos vocabulario para nombrar esas relaciones. Por ejemplo: para referirse a un hijo varón, el hombre dice fotum, y para referirse a una hija mujer usa la palabra ñawe. Pero las mujeres solo tienen la palabra piñen. De la misma manera, cuando un varón se refiere a otro varón usa la palabra peñi, y lamguen cuando se refiere a una mujer. Sin embargo las mujeres usan lamguen tanto para otras mujeres como para los hombres. Supongo que tiene que ver con la herencia patrilineal, tiene que quedar bien claro que el hijo es varón y quién es el padre, y quizás esa herencia patrilineal tiene que ver con la historia más reciente, después del winka malón.

En las ceremonias religiosas tenemos que aceptar que los hombres coman primero, hagan el nguillatún primero, etcétera. No es ese el momento para discutir sobre igualdad de género. Sin embargo, más allá de lo que pasa en las ceremonias, cuando hacemos otras reuniones, de política cultural por ejemplo, no hay restricciones de parte de los ancianos para que las mujeres puedan tomar decisiones o puedan asumir todos los roles para los que están capacitadas.

Para mí está pendiente todavía hacer un estudio sobre las relaciones de jerarquía y de parentesco que aparecen en mapuzungun, para saber si hay un machismo en la cultura mapuche. No sé si se puede llamar machismo, sistema patriarcal o herencia patrilineal, la cuestión es que la jerarquía del hombre, por lo menos en la cultura tradicional, está bastante presente.

¿Cómo se relacionó tu aprendizaje de la cultura mapuche con tu trabajo como docente?

Mi experiencia con la educación tiene que ver con la educación pública formal, en la que me formé y donde trabajé durante 30 años como docente y como directora, y también la educación tiene que ver con ámbitos informales, que son espacios de educación que van creándose fuera de lo formal cuando no los propicia el Estado. Lo que no encontré en la educación pública lo busqué y lo armé por otros lados, por ejemplo con mi comunidad Ñamkulawen empezamos por juntarnos nosotros: compartir nuestras historias, recuperar nuestras ceremonias, aprender el mapuzungun y difundirlo. Comenzamos buscando quién nos podía enseñar mapuzungun y nos empezamos a juntar los sábados a la tarde con hablantes como Malta Melillán y luego con Ignacia Quintulaf. Con ellas fuimos aprendiendo lo básico, como presentarnos, saludarnos, agradecer, y algo de vocabulario. Algunas de nosotras ya entendían el idioma y lo fueron recordando.

Cuando hacía rato que había terminado la carrera de Letras me convocó un profesor de la UNPSJB para ser parte de un equipo de investigación que centraría el estudio en algunos aspectos del mapuzüngun. Se llama Eduardo Bibiloni. Él también se había acercado al idioma estudiando con Ignacia Quintulaf. Pudimos desarrollar muy bien el trabajo de investigación, que fue evaluado como sobresaliente. Pero para mí, lo más importante lo hicimos después, ya que luego, con Ñamkulawen hicimos un curso de aprendizaje del idioma con el profesor Bibiloni. Recuerdo con alegría que doña Paula Catrilaf intervenía cada vez más en las clases, porque se iba acordando. Después de dos años en ese taller nos propusimos dar clases nosotros, porque cuando uno enseña, aprende más, y estudia con más responsabilidad. Dimos clases a mucha gente que se fue acercando, los días sábados a la mañana, hasta que cambió la legislación educativa y debimos asistir a las reuniones de horas institucionales en las escuelas en las que trabajábamos como docentes, y ya no dispusimos de este horario para ocuparnos del mapuzungun.

Pasaron varios años sin clases de nuestro idioma, pero el sábado que pasó, nos juntamos otra vez, para empezar de nuevo.

Como poeta mapuche contemporánea nunca incluí esta literatura en el programa de los cursos de la escuela secundaria en los que me tocó trabajar. Ahora que me jubilé aparece incluido en el diseño curricular del secundario de Chubut el concepto de Oralitura del poeta Elicura Chihuailaf, en una intención de acercar a los estudiantes la creación literaria de los pueblos originarios. Y esta inclusión tiene que ver con otros espacios alternativos de educación en los que también trabajé, como fueron el ciclo de Arte popular en los barrios, que con un grupo de artistas locales llevamos adelante en Comodoro durante muchos años, o la organización y sostenimiento de encuentros de escritores, músicos y creadores de la región.

Ahora estamos incorporados a la literatura latinoamericana, pero cuando daba clases era algo que no había llegado al ámbito académico. Me parecía forzado tratarlo y carecía de recursos para incluirlo, no le encontraba la vuelta. Quizás porque yo misma estoy involucrada en el tema y comencé a escribir y a hacer el camino de regreso a mi origen por una necesidad personal, nunca pensé en teorizar sobre lo hecho.

Sin embargo, además de poemas escribiste varios ensayos acerca de la poesía de los pueblos originarios y su memoria e historia.

Lo que me pasó con los ensayos es que me pedían que escriba sobre estos temas que iba transitando para diferentes publicaciones culturales o literarias, o como aporte a encuentros de escritores. Al principio lo hacía a regañadientes, porque no me gustaba escribir a pedido, pero después en la medida que iba avanzando con el escrito me iba entusiasmando. Como seguramente me va a pasar con el tema del género en mapuzungun.

Cuando trabajaba en la escuela al principio, lo que solía suceder era que mis alumnos se enteraban de que yo era mapuche o de que era poeta, porque me escuchaban en la radio invitando a los cursos de mapuzungun, o me veían en la tele difundiendo un encuentro de poetas. Más adelante, en la presentación del primer día de clases, les explicaba el significado de mi apellido y les hablaba de mi origen mapuche, era mi modo me entablar una buena relación con ellos. Eso los habilitaba para que no tuvieran problema en preguntarme sobre cualquier cuestión del pueblo mapuche, durante el año, para después escuchar mi respuesta con mucha atención y respeto. Por una cuestión personal yo mantenía separado mi trabajo como docente y mi trabajo con la poesía. Nunca me presenté como poeta o escritora.

Después, durante los ocho años que me desempeñé como directivo, sentí que me estaban mirando como una lupa para ver si podía llevar adelante mi trabajo occidental. Lo sufrí bastante, porque sentía que tenía que dar doble cuenta de mi trabajo. Yo tenía el prejuicio de que por ser mapuche me iban a cuestionar si me apartaba de la normativa o estarían atentos a cualquier intento mío de “mapuchizar” a la escuela o a los profesores o a los alumnos.

Sin embargo, cuando me parecía pertinente sí preparaba algo, como para los actos del 12 de octubre. A veces hablaba en función de lo que habían presentado los alumnos y los profesores, les aclaraba “les voy a hablar como Liliana Ancalao, como mapuche, no como directora”. Les decía que no era fácil decir “soy mapuche”, porque nos habían enseñado a avergonzarnos, nos habían señalado como los bárbaros, los tontos, los feos, durante cien años, pero desde que había reconocido mi identidad había comenzado un proceso de “descolonización” que me llevaba a sentirme mejor cada vez. Me interesaba llegar con este discurso a los que tenían apellidos mapuches o tewelches o quechuas, tanto alumnos, como profesores.

¿Cómo vivieron la violenta intervención de Gendarmería en la que desaparición Santiago Maldonado?

La represión de este mes de agosto a la Lof en resistencia del departamento de Cushamen no fue la primera, y cada vez lo vivimos con preocupación por lo que pueda pasar, porque casi siempre las intervenciones del Estado son con violencia física, en camionetas sin patente, con todas las características del terrorismo de Estado. La respuesta de Nación y Provincia siempre ha sido la represión y la violencia. Es como que volvemos a otras épocas. En el comunicado que armamos varias comunidades de Chubut y Santa Cruz hablamos de la ignorancia de los funcionarios que ocupan cargos en el INAI o en la Dirección General de Asuntos Indígenas de Chubut. Esos funcionarios no se instruyen, no leen, no escuchan, no están preparados para relacionarse con las comunidades de hoy.

Poemas de Tejido con lana cruda, el primer libro de poemas editado por Ancalao

Poemas de Mujeres a la intemperie-pu zomo wekuntu mew

Las Mujeres y el frío.

1 thought on “Mapuzungun, la voz mapuche. Liliana Ancalao, poeta y docente.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *