Una cobertura colaborativa que marcó agenda: Santiago Maldonado en los medios de comunicación comunitarios.

Por Jennifer Löcher.

“Nos querían marcar la cancha de cómo teníamos que entender el caso de los mapuches y de su lucha en el sur, y sin embargo les redoblamos la apuesta. No aceptamos eso.” La voz de Mariana Aquino es clara. Ella es integrante de la cooperativa que hace la Revista Cítrica, un medio autogestivo y comunitario que se formó a partir del cierre del diario Crítica. Cítrica fue el primer medio de Buenos Aires que mandó un corresponsal para investigar qué había pasado en Cushamen. Cuando todavía los medios hegemónicos apenas nombraban el caso y sólo circulaba escasa información, ellos decidieron hacer un gran esfuerzo y mandar un compañero al lugar de los hechos. Fue con esa decisión que todo cambió: Entró en circulación información de primera mano y entre los medios comunitarios se pudo armar una red de cobertura del caso.

Está terminando octubre, pasaron las elecciones y el cuerpo sin vida de Santiago Maldonado fue “encontrado” tres días antes en una parte del río en Cushamen que había sido rastrillada tres veces. Es momento para detenerse un instante y reflexionar: ¿Cómo se trató la desaparición forzada de una persona en democracia en los grandes medios de comunicación? ¿Cómo fue posible que, frente a la campaña de demonización de los mapuches y del mismo Santiago, como también la negación y minimización de la desaparición en sí, se haya podido generar suficiente adhesión en la opinión pública para convocar a concentraciones multitudinarias en todo el país, reclamando al estado su responsabilidad? ¿Cuál fue el rol de los medios comunitarios y populares con la cobertura colaborativa? ¿Qué aprendizajes nos dejan?

 

Ustedes formaron, o forman parte de una cobertura colaborativa entre diferentes medios comunitarios sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado. ¿Alguna vez habían trabajado de esta manera o fue la primera vez?

No es la primera vez que lo hacemos. Desde los principios de la conformación de la cooperativa venimos trabajando en redes con diferentes espacios vinculados al cooperativismo en general y a los medios conocidos como alternativos o comunitarios, entre ellos con AReCIA (Asociación de Revistas Culturales e Independientes de Argentina), donde están todas las revistas culturales. Con algunas de ellas se hizo el trabajo colaborativo sobre el caso de Santiago Maldonado. Desde el principio apostamos a eso, a tejer redes con medios que apunten al mismo objetivo, que es la comunicación como un derecho. Por ejemplo, con lavaca compartimos muchas situaciones y momentos, somos parte de AReCIA desde hace mucho tiempo, y la cobertura colaborativa se fue dando porque no podía ser de otra manera.

¿Qué los motivó a realizar una cobertura colaborativa de este caso en particular?

Veníamos siguiendo el caso muy de cerca, incluso antes de la desaparición de Santiago porque tenemos un vínculo fuerte con la comunidad mapuche. Tenemos una cobertura sobre pueblos originarios desde el principio de nuestro proyecto. Entonces, en enero, cuando se dio la primera represión en El Bolsón, estuvimos cubriéndolo, y empezamos a tener vínculos con referentes mapuches. Cuando se da la detención de Facundo Jones Huala, lo seguimos de cerca, le hicimos una entrevista a él. Tenemos un seguimiento del tema de mapuches y su lucha por los territorios hace bastante.

Cuando desaparece Santiago, nos enteramos el mismo día de que hay una persona que no encontraban. A la semana tuvimos una reunión. Nos pareció que teníamos que ir, que teníamos que estar, que había cosas que estaban pasando que los medios nacionales no estaban cubriendo de la forma que las tenían que cubrir. Estaban subestimando el caso. Consideramos nuestra obligación como comunicadoras y comunicadores estar donde está sucediendo algo y donde hay necesidades de un grupo de ser escuchado. Y bueno, así viajamos. Viajó un compañero al sur y se encontró con mucha información, con mucha gente que tenía cosas para decir y testigos que no habían sido llamados a declarar.

Ni bien salimos para el sur, empezamos a hablar con otros medios comunitarios para hacer una cobertura colaborativa, porque es la única forma que entendemos que es hacer periodismo. Nosotros no competimos con otros medios. Y así lo demostramos, me parece, con esta cobertura. Otro compañero de lavaca viajó. Él viajó a Esquel, y nuestro compañero Maxi estaba en El Bolsón, donde fue la represión. Los dos trabajaron de forma colaborativa: Se pasaron información, se cuidaron entre ellos, y esto reforzó mucho el vínculo. Desde ahí mandaban material y las radios comunitarias lo tomaban.

¿Cómo están evaluando este proceso de trabajo?

No existen en este tipo de periodismo, que creemos que es el único posible, los celos profesionales. Realmente no existen, porque el objetivo es otro. No es trascender, no son los personalismos, no es que figure tu nombre en ninguna parte. Entendemos que la comunicación es un derecho y nosotros lo queremos ejercer y queremos cumplir esa función en nuestra sociedad.

Me parece que no es casual que en este momento se haya dado este tipo de cobertura y que los medios comunitarios, más allá de Cítrica, hayan tenido tanta relevancia. Nos parece que tiene que ver con el hecho de que estamos trabajando con las voces que realmente nunca son escuchadas. Mientras, los medios hegemónicos tienen más poder y más alcance.

Así que, fue eso. Nos nació así, nos pareció que tenía lógica con nuestro proyecto estar ahí, estar en el lugar y no quedarnos mirando la tele y hacer periodismo de escritorio. Decidimos salir de ese lugar y volver al origen. Estar en la calle, ver qué sucede y contarlo tal cual lo vemos.

¿Podrías profundizar un poco en cómo evaluás la cobertura del caso en estos tres meses por parte de los medios hegemónicos?

Los medios hegemónicos, al principio, no le dieron la importancia que tenía el caso. Era la desaparición forzada de una persona en democracia. Al principio trataban de no hablar del tema. Después, cuando no lo pudieron evitar, empezaron a estigmatizar a Santiago Maldonado y a su familia. Tienen la capacidad de manejar la opinión pública de una forma bastante siniestra y perversa, y en este caso en particular se exacerbaron una serie de situaciones que vienen llevando adelante hace mucho tiempo. Crearon un personaje y lo demonizaron, y era la persona que estaba desaparecida, de la cual el estado no daba respuesta y todavía no da respuesta.

Nosotros quedamos por fuera de eso porque intentamos todo lo contrario. Intentamos ir al lugar y fijarnos qué había sucedido. También buscamos a la familia de Santiago para saber quién era Santiago. Quién era el artesano, como lo llamó Clarín durante dos meses. ¿Era solamente un artesano o era un miembro de la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche)? Y nos encontramos con un pibe que estaba apoyando una lucha y que realmente creía en eso. Los medios hegemónicos nunca fueron a buscar la verdad. No estuvieron en el sur. Cuando viajaron fue recién después de mucho tiempo. Creo que estamos en un momento bisagra donde los medios están jugando muchísimo. Me parece que jugaron a favor de defender un estado que, cuanto mucho, no da respuesta sobre este caso.

Cuando hablaste de la cobertura colaborativa, nombraste a lavaca. ¿Qué otros medios participaron?

Nombré a lavaca porque fueron al sur. Tanto Cítrica como lavaca mandaron un corresponsal al sur, a diferentes puntos, y ahí conseguimos un montón de material que incluso sirvió como material de prueba. Cambiaron el eje de algunas cuestiones que se venían hablando porque, si hay algo que sucedió en los medios hegemónicos, es que se mintió mucho. Hace poco leí un recorrido de todas las cosas que se dijeron del caso, de la familia de Santiago, de los mapuches. En realidad, todo acá empieza con la estigmatización, la represión y el castigo que se le da por parte del estado, las fuerzas y los empresarios interesados en el territorio, hacia los mapuches. Todo empieza con la lucha que ellos están teniendo en el sur.

Nombré esos dos medios porque son los que enviamos a un corresponsal, pero toda la información que se generaba en el sur era replicada en los medios de comunicación comunitarios en general. Todos los que tienen que ver con AReCIA participaron muchísimo, muchas radios comunitarias. En El Bolsón hay una radio que se llama FM Alas. Ellos vienen siguiendo la causa de los mapuches con mucho compromiso, y fueron nuestro primer contacto con el sur. Ellos tienen la misma forma de trabajar, solidaria y colaborativa, y colaboraron muchísimo con esta cobertura. De hecho, nuestro compañero estuvo unos días viviendo en un lugar que le prestaron. Cuando hablamos de solidaridad, lazos y redes, hablamos de todo eso. Nosotros fuimos hasta allá, y no tenemos un gran presupuesto para hacer una movida de estas, pero hicimos todo nuestro esfuerzo, y contamos mucho con la solidaridad de compañeros y compañeras que nos encontramos en el camino. FM Alas ha hecho y hace, primero, un gran trabajo periodístico, pero sobre todo humano.

Las radios comunitarias hicieron eco de todo lo que sucedía, y lo sienten como propio también. Cuando volvió nuestro compañero del sur nos llamaban de todos los medios para que contemos cómo fue la cobertura y con qué nos encontramos. Hay un entramado muy amplio de gente que quiere hacer otra comunicación y que piensa el periodismo de otra manera, y eso hace sentir bien.

Me encanta lo que contás. Es una voz positiva dentro de un mes bastante complicado.

Yo creo que a los medios pequeños y comunitarios, populares, nos tiene que quedar como bandera que podemos hacer una cobertura diferente, con pocos recursos pero con mucho valor humano. Es interesante porque como medios pequeños logramos romper el techo que nos ponían los medios hegemónicos, de contar todo desde Buenos Aires: Qué tan malos son los mapuches y qué tan terrible era ese pibe. Nos querían marcar la cancha de cómo teníamos que entender el caso de los mapuches y de su lucha en el sur, y sin embargo les redoblamos la apuesta. No aceptamos eso. Como tampoco aceptamos que el periodismo sea lo que los medios hegemónico quieren vender. A mí me parece que ese es el mensaje que nos tiene que quedar como medios populares. Podemos hacer periodismo, y existe ese periodismo por el cual estudiamos en algún momento. Hay que ir a buscarlo y hacerlo, de forma seguramente autogestiva y cooperativa. No hay otro camino. Del otro lado hay poder y dinero. Nosotros tenemos otros valores.

¿Querés agregar algo más?

Hacer periodismo y que ese periodismo sea entendido como un derecho. Que los grupos que no tienen voz, tengan voz. Que tengan un micrófono y sean escuchados. En este caso los mapuches, pero hay pueblos originarios en todo el país. También estuvimos en el norte, estuvimos en Formosa y pasa lo mismo. Están menos organizados. Nuestros pueblos están en todo el país sufriendo el abandono del estado. O más que abandono, el ataque. Y no tienen lugar en los medios. Si hay un lugar que van a a tener es en los medios comunitarios. A Cítrica le interesa difundir las luchas de los colectivos castigados y excluidos del sistema. Por eso la clase trabajadora, los pueblos originarios y el feminismo siempre tendrán un espacio.

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