En tiempos de crisis educativa, la apuesta por una educación pública popular: Profesorados en IMPA

Por Jennifer Löcher.

El mate circula por el aula, grupos de estudiantes debaten fragmentos de textos, desde las paredes acompañan carteles sobre la historia del movimiento obrero. Dos docentes circulan por las mesas, acompañando a los grupos en la elaboración de las conclusiones del debate, para luego coordinar la puesta en común entre todas y todos. La palabra va y viene entre estudiantes, mientras las docentes escuchan atentamente para intervenir cuando alguna idea no está clara o les hacen preguntas. Acá se están formando profesoras y profesores de Lengua y Literatura.

En la fábrica recuperada IMPA funcionan desde 2013 los Profesorados de educación popular de Lengua y Literatura, Biología, Historia y Matemática, y desde este año Física y Tecnologías de la Información y la Comunicación, que forman parte del proyecto educativo Universidad de los Trabajadores, impulsado por trabajadoras y trabajadores de la fábrica. Los Profesorados son un paso más en el camino hacia una educación pública popular, luego de que desde hace 12 años funciona un bachillerato popular en el mismo lugar.

Muchas y muchos conocerán los bachilleratos populares, espacios educativos para jóvenes y adultos para obtener el título secundario. Éstos surgieron en el marco de la crisis del 2001, junto a otras experiencias autogestivas comunitarias como las asambleas populares, el movimiento de trabajadores desocupados y las empresas y fábricas recuperadas, y se consolidaron dentro del panorama educativo nacional con hoy más de 100 bachilleratos populares en todo el país. Gracias a una lucha perseverante, compañeras y compañeros de diferentes organizaciones sociales lograron el reconocimiento oficial de los títulos emitidos por estas instituciones. Los Profesorados están en vía de reconocimiento de los títulos.

Esta experiencia de formación de profesoras y profesores desde la educación popular es la primera y, hasta el momento, única en el país. La apuesta es a la formación de docentes críticos que cuestionen y se cuestionen, que se comprometan con la educación de la mano de organizaciones sociales, territoriales o barriales y que apuesten a una educación que contemple los intereses del pueblo.

¿Cómo es estudiar y dar clases en ese espacio? ¿Cuáles son las diferencias con otras instituciones de formación docente? ¿Qué entienden por educación popular?

Las voces de docentes y estudiantes del Profesorado de Lengua y Literatura, coordinado por la Cooperativa de Educadores e Investigadores Populares Histórica (CEIPH): Eugenia Kessler, coordinadora del Profesorado de Lengua y Literatura, Ana Laura Chalela, docente del Taller de Lectura Literaria, Beatriz González, docente de Teoría Literaria, Roberto Langella y Natalia Campilongo, estudiantes.

– ¿Por qué entraste al Profesorado de Lengua y Literatura en IMPA?

Ana Laura: Me interesó en principio la autogestión, la idea de que los profesores seamos quienes pensamos las materias y no que esto ya esté dado por alguna especie de ministerio. Me gustó la idea del trabajo colectivo y la idea de que los contenidos se piensen a partir no solamente de los docentes, sino también de los estudiantes y que no sean bajadas de las autoridades.

Beatriz: Me interesó, sobre todo, la idea de la educación popular, la construcción de las propias clases y la construcción del espacio. Lo pienso contrapuesto a una clase en un profesorado “normal” donde muchos de los contenidos vienen con una bajada de línea ideologica y hay muy poca acción. Qué no sea solo ir y dar una clase de literatura y decir “bueno, estas son las corrientes históricas de la literatura”, sino ir y ver cómo eso, aunque parezca tan en las nubes, tiene alguna correspondencia en la realidad, y esas correspondencias en la realidad tienen una línea ideologica que uno puede criticar en clase, sin que venga un director y dice que no se puede hablar de eso.

Roberto: En principio, buscaba algún profesorado de Lengua y Literatura, sin pensar de qué tipo o con qué orientación. Al ingresar, tenía muy poca idea acerca de qué significaba una fábrica recuperada. Cuando menos, me caía simpático el detalle. Ya dentro de IMPA, me enteré, aprendí acerca de todas las implicancias que esto conlleva, que ahora se me hacen fundamentales. Se puede decir que IMPA me hizo tomar consciencia de un montón de cosas. a través de IMPA, empecé a tomar contacto con elementos y niveles de lo político que antes no.

A ver, tengo que contarte un poco la historia de mi vida, para que se entienda mejor.

Durante mi adolescencia y “primera juventud”, finalizando y ya acabada la dictadura, yo era un tipo con bastante interés en lo político. Mis primeros intentos de escribir una novela, por ejemplo, eran de temática política, testimonial. En los 90, con la llegada del menemismo, me harté y mandé a la política al diablo. Me volví pesimista, o ya lo era de antes, entré en una especie de “sálvese quien pueda”, descreí de las posibilidades sociales, me volví individualista, empecé a escribir policiales.

Con la llegada del kirchnerismo, muy paulatina y gradualmente empecé a interesarme otra vez en la política, a sentir que empezaban a ocurrir cosas de las que no podía dejar de participar, de comprometerme. Empecé a ir a marchas y movilizaciones, cosas que nunca antes había hecho. Y ahora, por mi participación en IMPA, hay gente que me considera “un militante”. La verdad, no es algo a lo que yo le dé mucha importancia. No me gusta la palabra “militante”, que deriva del término “militar”.

Hoy día, y en septiembre hará un año de ello, a través de IMPA doy clases en un Bachi de una villa. Me gusta mucho hacerlo. ¿Soy un militante, porque voy a dar clases a una villa? No tengo la menor idea, hay mucho de egoísmo en por qué hago eso. Lo disfruto mucho, sin que se me pasen por alto todas las implicancias que no son para nada disfrutables, que la experiencia de por sí tiene.

Yo tengo 52 años. No sé qué tan lejos me ha llevado la vida respecto de mis potencialidades, pero estoy bastante contento con la vida que he tenido y que tengo. Y voy a por más experiencias. Es posible que por IMPA haga un viaje este año a Santiago del Estero, a compartir con los miembros de un movimiento de campesinos. El año pasado, por IMPA, visité la cárcel de Devoto, a los estudiantes del Bachi que funciona allí. Son todas experiencias que jamás imaginé iba a tener, y que me hacen sentir que mi vida es valiosa.

Natalia: Hace dos años fui al IMPA a una charla homenaje sobre Rodolfo Walsh. En ese momento fue que me enteré que IMPA contaba con un profesorado, lo cual me llamó mucho la atención ya que a mí siempre me había interesado la educación popular, mejor dicho primero fue la alfabetización, luego empecé a interiorizarme más con respecto a la educación popular.

Eugenia: Yo decido ser parte de CEIPH, primero por una cuestión de definición política pedagógica que estaba buscando hacía tiempo. Yo venía de diferentes experiencias de educación popular y me parecían siempre propuestas como de parche en aquel momento. Trabajé varios años en diferentes circuitos donde la cuestión de la educación popular apareció mal planteada, visto retrospectivamente, donde quizás terminaba siendo una especie de apoyo escolar para aquellos chicos que no podían seguir en la escuela tradicional por las múltiples complejidades de la coyuntura de aquel momento.

Te estoy hablando del 2001 hasta que llegué a IMPA en 2010. Justamente, era una época con mucho desempleo, con mucha marginalidad, con muchas conplejidades sociales y económicas materiales que hacían que los jóvenes tuvieran una gran dificultad para seguir los estudios en la escuela media, y la escuela nunca respondía a esas problemáticas, sino más bien había una decisión clarísima de exclusión permanente.

Y en los espacios donde estaba en aquel momento, lo que se les proponía era una especie de apoyo escolar para que les vaya bien en esas escuelas, pero las escuelas terminaban excluyéndolos, y por lo tanto dejaban también el espacio al que venían porque dejaba de tener sentido venir a hacer apoyo escolar. Por más que nuestra propuesta fuera de la educación popular y trataba de despertar inquietudes acerca de la construcción del conocimiento, nos veían como un espacio para seguir el colegio tradicional porque nosotros no teníamos más que eso para ofrecer y me parecía como trunco, en ese sentido, ese proyecto.

Cuando me encuentro con el bachillerato popular en IMPA, de repente veo justamente una respuesta que estaba buscando, es decir una escuela impulsada por los mismos docentes, esta cuestión autogestiva que me parece fundamental para la transformación social. Y a la vez, podía unir y lo sigo haciendo, la educación popular con una institución. La educación popular no existe singularmente. Hay muchísimos conceptos y definiciones dando vueltas que a veces no tienen mucho que ver entre sí, pero a mí lo que me interesaba era que sea una escuela. Era eso lo que estaba buscando: Una respuesta a la exclusión sistemática de las escuelas tradicionales. Una escuela de educación pública y popular, autogestionada por una organización de docentes. Me parecía que el círculo cerraba, por lo menos para mis convicciones que tenían que ver con esta desigualdad social que nos envuelve a todos. Cuando me presentaron el proyecto me parecía fabuloso que el proyecto institucional sea pensado, planificado y consensuado en asamblea de profesores. Al año y medio empezamos a percibir salarios porque logramos arrancarle al estado el reconocimiento como trabajadores de la educación que somos.

– Si tuvieran que elegir tres palabras que definan el Profesorado, ¿cuáles serían?

Ana Laura: Autogestión. Lucha. Liberación.

Beatriz: Construcción, en el sentido de algo por construir. Colectividad. Apertura.

Roberto: Transversalidad, integralidad, (auto)crítica

Natalia: Contención. Porque en todo momento, por diferentes personas, cuando tenía algún problema o alguna inquietud sobre la vida, muchos me supieron contener y escuchar, creo que eso se genera de forma grupal. Es un espacio donde los problemas de los otros son amortiguados por el resto de los compañeros, entonces los golpes de la vida no son tan duros.

Popular. Porque se trabaja por y para el campo popular, con una mirada educativa diferente, en donde se pueda generar la inclusión y la auto-valoración y en donde los diferentes bachilleratos populares puedan construir poder popular con esas herramientas educativas.

Compañerismo. Porque la idea es un bien y fin común, en IMPA no se estudia para ver quién es el mejor o quién va a ganar mas plata, sino que el fin es poder proveer herramientas educativas y para la vida para el campo popular. Digamos poder generar el bien común y el altruismo por ejemplo.

– ¿Qué diferencias y/o similitudes ves entre la Universidad de los Trabajadores y otros espacios educativos que hayas recorrido?

Ana Laura: Trabajo en dos escuelas medias que pertenecen al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, trabajo en el bachillerato popular de jóvenes y adultos IMPA que funciona en el mismo espacio que el Profesorado, y trabajo en una escuela privada. Realmente veo muchas diferencias. En un principio, cómo se construye el espacio. Nosotros tenemos nuestras asambleas, las decisiones se toman ahí de manera colectiva. No hay bajadas de línea con respecto a los contenidos o a cómo dar las clases. Nosotros tenemos acuerdos y los acuerdos en las asambleas se hacen discutiendo. Eso es muy importante. Por ejemplo, cuando tenemos una asamblea, la hacemos con nuestro propio temario. En cambio, en otras escuelas en las que trabajo, las asambleas están estipuladas por el Ministerio de Educación y los temas que se tratan vienen ya dictados por el Ministerio.

Otra de las grandes diferencias es la relación con el estudiante. Acá hay una relación que no es verticalista ni autoritaria, sino que es todo lo contrario. Si bien el docente no pierde su autoridad docente, no hay un autoritarismo y tampoco está esa idea del docente que sabe, que se para frente a la clase, habla y nadie le pregunta, como suele pasar en otras universidades. Nadie pregunta o no hay lugar para el debate. Acá la idea es trabajar de otra manera, donde el estudiante sea productor, no sólamente a partir de actividades, sino que también pueda tomar la palabra en las clases, dar su opinión y así construir conocimiento. Esa es otra de las grandes diferencias que veo. Si bien uno como docente elige cómo trabajar, veo en otras instituciones en las que trabajo que lo que promueven es eso: La idea del docente que sabe, que habla y que el alumno o estudiante sea una persona pasiva que va, rinde un examen y aprueba.

Eugenia: Trabajé mucho tiempo en escuelas privadas, religiosas católicas. Hasta el año 2013 estuve trabajando en escuelas de ese tipo, y en bachilleratos populares. Hoy en día tengo el privilegio de tener muchas horas en una misma escuela estatal. Digo privilegio porque sabemos que las condiciones laborales de un docente no tienen que ver con cumplir un horario en un sólo lugar. En general, lo que uno más hace es viajar.

Diferencias, miles. En la institución, por lo menos en esa escuela, las decisiones son verticales. No hay mucho trabajo grupal o de equipo. Las tomas de decisiones no son colectivas, las problemáticas para trabajar con los chicos en general se reducen a cuestiones más administrativas de demostrar que algo se hizo y termina siendo un papel que uno firmó, y no tanto la importancia de hacer un proceso y un trabajo de acompañamiento con los chicos. Y si eso pone en riesgo su continuidad educativa, no hay mucho replanteo sobre eso. No hay replanteos sobre las prácticas docentes tampoco, siempre toda la culpa recae sobre el mismo estudiante. No está habilitada la voz de los estudiantes en ninguna instancia, a pesar de que alguna que otra vez hicieron asambleas. No es una práctica que tengan muy aceitada. Los docentes piensan su materia aislada de las demás. Hay muchísimas diferencias con la escuela tradiconal.

Entre escuela privada y pública: La escuela estatal no es represiva. Nadie cuestiona los saberes del docente ni se meten a los contenidos que uno propone llevarles a los chicos. No hay una persecución ideológica. He sufrido persecuciones ideológicas en otras instancias, en otras escuelas. La escuela estatal realmente debe reflejar las distintas posturas y opiniones que tenemos en la sociedad. Eso no ocurre en las privadas, donde todo está prefijado y el conocimiento se transforma en un producto de mercado para unos pocos. Eso me genera mucho rechazo y me une más a la defensa por la escuela pública y por transformar la escuela pública en una escuela pública popular.

Roberto: Mis experiencias en otros espacios educativos han sido la secundaria regular, del estado y privada, en mi adolescencia, el CENS donde terminé mis estudios secundarios, y un par de intentos de ingreso, primero a la Universidad de Quilmes, luego al CBC de la UBA, ambos frustrados.

La diferencia radical entre IMPA y estos lugares que menciono, salvo quizá el CENS, es la calidad de las relaciones humanas, el aspecto fundamentalmente inclusivo de IMPA, mientras que en la mayoría de los casos mencionados, la política era expulsiva.

Natalia: Yo me encuentro cursando una carrera en la UBA, y cuando empecé a estudiar en IMPA, mi perspectiva cambió no sólo al reflexionar acerca de cómo se me estaba enseñando a mí, sino también cómo la educación formal muchas veces se convierte en algo acotado, rígido y verticalista. El abordaje con respecto a cómo se plantea la educación en IMPA es una mirada muy diferente, tiene que ver con un intercambio de saberes entre educandos y educadores, rompiendo esa verticalidad del saber.

 

– ¿Se te ocurre algún momento de alguna clase, de alguna asamblea, donde digas que eso es muy de ese espacio y que así no ocurriría en otras instituciones educativas?

Beatriz: Pienso en lo que pasó en una asamblea, donde los estudiantes estaban muy interesados por saber cuál era la línea en la que se tomaban las decisiones de la clase. Cómo se toman, por ejemplo, las evaluaciones. Y no sólo en un tono de pregunta, sino pidiendo participación, lo que a mí me pareció que no pasaría en otra institución donde eso ya viene muy armado. Sobre todo la participación de los estudiantes de su propia educación dentro del marco de los Profesorados me parece muy llamativa. Esté de acuerdo algunas veces o no, me parece algo muy poderoso.

Roberto: IMPA es, y funciona como tal, un polo de investigación educativa, algo que me parece que no ocurre en otros centros de educación popular.

Natalia: Sí. El año pasado fue un año muy difícil para mí. Además de un serio problema familiar estaba trabajando en un lugar donde a los trabajadores se nos trata bastante mal. Así que cuando llegaba a una de las clases que estaba tomando en IMPA podía hablar mucho del tema, así como también hablamos mucho sobre la violencia de género. Me sentí contenida en el espacio, y aún lo sigo sintiendo, a diferencia de otros espacios donde muchas veces uno se siente solo, o que solo sos un número. A pesar de que considero que hay muchas cosas por mejorar, considero que es un espacio donde trabajamos además de los contenidos la humanidad, fundamental para los tiempos que corren.

– ¿Cómo surge la idea de crear el Profesorado de Lengua y Literatura?

Eugenia: CEIPH lleva ya 12 años de trabajo, es una cooperativa de docentes mayoritariamente que pelea por la educación pública y popular. En el año 2004 comenzó abriendo el primer bachillerato popular en IMPA, y esta experiencia se fue replicando en diversas empresas recuperadas como una convicción política pedagógica de abrir espacios educativos que sean inclusivos y tengan en cuenta a una mayoría de estudiantes. La problemática a que responden los bachilleratos populares es el hecho de que muchos, y cada vez más temprano, quedan por fuera del circuito de la formación tradicional, y de las escuelas medias de adultos principalmente, que siempre fue descuidada en este país, a pesar de que hubiera muchísimos programas que intentaran dar cuenta de la problemática. Entonces, surge en 2004 como consecuencia de la crisis del 2001 que afecta a todas las áreas laborales, educativas y demás. Somos parte también de esa coyuntura del 2001 en adelante, de las experiencias asamblearias, de las experiencias del trueque, de las experiencias de los desocupados, de ese panorama. La misma recuperación de la fábrica, por supuesto, es parte de esas crisis.

En el año 2012, en articulación con Universidad de los Trabajadores y los trabajadores de la fábrica, se plantea que CEIPH impulsara Profesorados de educación popular en la fábrica. Los trabajadores de la fábrica siempre tuvieron la idea de armar una Universidad de los Trabajadores y CEIPH siempre había tenido en su horizonte la idea de formar educadores populares, así que se encontraron esos proyecto y pudimos, a partir del 2013, concretar esa idea abriendo Profesorados de educación popular en Biología, Historia, Matemática y Lengua y Literatura.

Es el estado quien tiene que garantizar la educación y por eso, como organización, tenemos una relación de interpelación con el estado para que reconozca nuestro trabajo en todas sus aristas, desde el título a estudiantes hasta el salario y la infraestructura.

– ¿Cómo es la articulación entre CEIPH y la Universidad de los Trabajadores dentro del Profesorado?

Eugenia: Somos un Profesorado dentro de otro proyecto que es la Universidad de los Trabajadores que funciona desde 2010. Es un proyecto previo a los Profesorados nuestros y estamos en articulación. Esa articulación se ve materializada en las materias de tronco común, como Economía Humana, Derechos Humanos e Historia del movimiento obrero que son materias que dan profesores y compañeros de la Universidad de los Trabajadores. Ellos tienen, por otro lado, sus propios proyectos educativos, sus diplomaturas, sus especificaciones. Nosotros trabajamos como Profesorado, mientras la Universidad tiene otro tipo de trabajo que tiene que ver más bien con seminarios o encuentros, y en esa articulación nos encontramos en el mismo espacio que es la Universidad de los Trabajadores.

– ¿Cómo entienden la educación popular?

Eugenia: Fundamentalmente, nuestro marco de referencia son las teorías de Paulo Freire, la pedagogía crítica que, por un lado, piensa la educación como una herramienta para la transformación social y, por otro lado, quiere generar pensamiento crítico en la sociedad, pensar al estudiante como un sujeto histórico y tratar de que se vea a sí mismo como un sujeto que toma decisiones sobre su realidad. Se busca generar una construcción de conocimiento conjunta, para después poder tomar conciencia de la desigualdad social en la que vivimos todos y poder apostar por un cambio social, desde la materia que sea y la carrera que sea.

Es necesario desnaturalizar las desigualdades que el capitalismo y este sistema llevan adelante y con el cual sufrimos todos, a pesar de que algunos tenemos más privilegios que otros. Hablo de privilegios porque tengo trabajo, tengo donde dormir, tengo comida, y en este sistema y este presente son un privilegio. Yo puedo caminar por la calle y la policía no me va a llevar a ningún lado. No muchos de nuestros estudiantes pueden decir lo mismo. Que se entienda por qué pasa eso, y que se pueda realmente llevar a cabo un proyecto en conjunto para colaborar desde este granito de arena que somos nosotros, como educadores, a lograr una sociedad menos desigual.

Cuando uno escucha los relatos de los estudiantes que pasaron por el bachillerato, los mismos que están transitando por el Profesorado, y te hablan del cambio personal y colectivo que transitaron, realmente se renuevan las esperanzas de ese cambio. A la vez, ese estudiante, al tomar conciencia y participar con otros, también se transforma en agente transformador de todo ese radio.

Por supuesto, no podemos pensar que vamos a hacer la revolución social mediante estas experiencias, pero sí colaborar a que haya un mundo menos desigual y generar todas las oportunidades que se le ha negado a esta porción de la población que son los sujetos que han sido vulnerados de sus derechos y del más importante, junto a la salud, que es el derecho a saber. El derecho a la educación, el derecho a tener un título secundario, el derecho a un título terciario y ejercer desde su punto de vista y desde su cosmovisión ese oficio, esa formación, esa profesión.

– ¿Cómo caracterizan la lucha docente actualmente?

Beatriz: La palabra que más me resuena de la lucha docente es tristeza. Es triste ver cómo se puede ningunear una labor tan determinante, simplemente se la menosprecia institucionalmente. Los docentes tenemos una labor muy importante y ser vistos a menos, sobre todo estatalmente, es triste.

Ana Laura: El problema más grande es la avanzada que está dando el gobierno. Empezaron el mandato abriendo las paritarias en enero y las clases empezaron en término el año pasado, y este año la primera decisión fue no abrir las paritarias, como si no se necesitara volver a discutir.

Creo que también nuestra lucha tiene que apuntar no sólo a los sueldos, que son muy importantes por supuesto porque somos trabajadores de la educación, sino también a las condiciones en las que trabajamos. En general, en los espacios educativos faltan insumos, faltan materiales, faltan estufas, faltan ventiladores, por ser bien específica. Y eso no solamente afecta al trabajador, sino que también al estudiante. Paredes que se caen, agujeros en los techos, pizarrones rotos a la mitad, lugares donde no hay tizas o marcadores, por dar ejemplos. Por lo tanto creo que nuestra lucha debería ser más abarcativa en las paritarias y no solamente luchar por un salario que pueda cubrir nuestras necesidades, sino también que se pueda ampliar y pensar en qué condiciones estamos trabajando, pensar, en el caso de las escuelas del gobierno de la ciudad, el estatuto, nuestros derechos.

Eugenia: Respecto a la lucha docente hemos vivido unos meses muy intensos con una respuesta del gobierno del no diálogo, una regresión a las prácticas de fuerza, de represión, que me parece muy preocupantes. Me parece que es un momento en que los docentes debemos vernos a todos como compañeros y unirnos en una lucha conjunta.

Y eso no lo veo, por lo menos en la escuela donde trabajo. Me parece muy complejo y hay mucha estigmatización del docente que hace paro, así como discurso que circula. Esta idea de que la escuela estatal es mala. Donde trabajo, el mismo directivo me dice que los chicos se pasan a la privada porque no tienen clases. Este discurso está instalado ya desde el director, que es la figura institucional, en lugar de hacer otro tipo de trabajo y de poder trabajar con la comunidad educativa. Me parece que es el momento de hacer eso.

Los Profesorados populares de IMPA funcionan en Rawson 106, CABA (Almagro).

El mail es profesoradosimpa@gmail.com, o profesoradodeliteraturaimpa@gmail.com.

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