Madre. Hija. Mujeres y lazos en lucha trasgeneracional desde la escuela en toma

Por Claudia Estanga.

La toma de más de 30 escuelas secundarias durante septiembre volvió a poner el foco sobre la urgencia edilicia y sobre la resistencia profunda a la reforma educativa conocida como “Secundaria del Futuro”, propuesta por el Macrismo, una reforma que busca modificar el régimen de cursada a partir del año que viene. Escucho las voces que surgen de una escuela de Villa Crespo. Hablan Eugenia y Julia. Dos mujeres conectadas por un lazo potente: madre e hija, en plena toma se complementan desde un vínculo muy particular y muy profundo. Madre docente, hija estudiante. Un compartir de lucha sentida y una experiencia de vínculo femenino en comunidad educativa y en compartir colectivo, una entrevista cargada de aprendizajes, reflexiones y experiencias trasgeneracionales en estas semanas de toma.

Otra vez nombres falsos para empezar la entrevista. Dos voces potentes que me cuentan la toma y la hacen, me confirman durante la nota que el gobierno de la ciudad planea denunciar a las madres y padres que acompañaron la medida. Arrancamos así. Me entrego a la escucha habitada por esa primera injusticia repetida en muchas entrevistas educativas este año.

La voz es de Julia, 17 años, estudiante de quinto año.

-¿Cómo arrancó la toma? ¿Cómo se organizaron? ¿Qué puntos exigieron como base de la lucha?

Julia: la decisión de la toma se realizó mediante asambleas. Hicimos varias. Las primeras fueron informativas, para ponernos al tanto de lo que estaba pasando y compartir la misma información entre todas y todos, para que nuestro voto sea consciente. Después de la votación se realizó una asamblea también para iniciar la organización y así arrancamos. Y los puntos más básicos e importantes del reclamo fueron tres:

No a la reforma hacia la “Secundaria del Futuro”, nuestra exigencia de las jornadas ESI con una declaración de estado de emergencia de género en las escuelas y también la aparición con vida del compañero Santiago Maldonado. Dentro de eso, también estaban incluídas nuestras luchas anteriores, las que venimos sosteniendo hace tanto tiempo: reformas edilicias, que se ocupen de todas las escuelas que tienen plagas y fallas cruciales, que finalicen la obra que iniciaron. En muchos casos como el de nuestra escuela, nos acostumbramos a que el martillo no nos deje escuchar las clases porque no había otra. Exigimos que esto se termine.

-¿Tuvieron alguna respuesta en esas semanas?

Julia: en un principio no hubo ninguna respuesta. Unos días después, hubo una reunión, una de las primeras reuniones con la ministra, en la cual fue un representante y en algunos casos dos de cada escuela, a dialogar con ella. Pero los colegios tomados, como el nuestro, quedaron afuera de esa reunión. Ahí nosotras y nosotros decidimos actuar cortando la calle, todos los colegios que estábamos en toma. Aun así no pudimos entrar. Después se realizó otra reunión invitando a todos los colegios. En ese momento la ministra quiso explicar sobre la reforma pero repitió lo mismo que decía el power point original que nos había llegado. Ella se comprometió en ese momento a organizar reuniones por sectores y grupos para dialogar y trabajar juntos. Pero aun no tenemos ninguna noticia. Y personalmente no creo que vayan a abrir el diálogo.

-¿Qué significó para vos la toma?

Julia: para mí la toma fue una experiencia muy rica. Más allá del por qué la hicimos que es muy triste, fue una experiencia muy profunda. En mi colegio estuvo muy organizado todo y fue la oportunidad de relacionarme con todas las pibas y pibes de mi colegio que los veo todos los días pero que no hablo con esa profundidad. Si había uno afuera haciendo guardia con frío, llevábamos café o algo caliente y se iba forjando algo distinto, solidaridad y compañerismo, compromiso y sostenimiento de las cosas que se generamos. Eso es lo que verdaderamente más rescato como experiencia en esta toma, que fue la primera para mí.  

Euge escucha a su hija. La voz adolescente le resuena por su condición de mamá y por su rol de profe de secundaria. Ceba rico mate siempre y en cada uno viene una historia que conjuga edades y luchas comunes.

-¿Y qué significó para vos como mamá acompañar a Julia en la toma?

Euge: en un principio significó una necesidad. No lo pensé mucho. Cuando ella contó lo que estaba pasando en la escuela sentí que tenía que estar acompañando, poniendo el cuerpo en ese espacio. Yo tengo otro hijo más chico que tiene una discapacidad psiquiátrica entonces no puedo estar tan presente en la escuela con ella como querría. Pero este momento fue importante. Había que poner el cuerpo como sea en la escuela, con ella. Como mamá una trata de repartirse. Sentí que no podía dejar de acompañarla. Hubo cambios de rutina muy sentidos porque la toma era de 24 horas y los papás y mamás nos habíamos comprometido a estar las 24 horas rotando los turnos. Yo por el trabajo y por los médicos de mi hijo tenía más disponibilidad horaria a la noche. Entonces me quedaba allá en la escuela y Julia se quedaba en casa cuidando de su hermano. Así nos íbamos rotando. Hubo días que iba a trabajar sin dormir y era muy difícil pero valió la pena.

– ¿Y qué aprendizajes sentiste más potentes en esos días de acompañar a las chicas y los chicos?

Euge: El aprendizaje más grande tiene que ver con la organización y el compromiso que transmitían los chicos y las chicas. En un momento se me ponía la piel de gallina porque veía el compromiso de cada uno con su tarea. Estaban organizados por comisiones: comisión de limpieza, comisión de alimentos, comisión de seguridad. Las primeras semanas fue muy fuerte ver cómo ponían el cuerpo, fue una lección para todas nosotras, las mamás y los papás. Y yo me remitía a mi propia edad, a mi propia adolescencia y veía la diferencia abismal. Yo hice mi secundaria en los ´90 y era una cuestión muy frívola. Recuerdo a mis compañeros queriendo hacer la fiesta de egresados llegando en limousine para hacer 5 cuadras de la escuela a la fiesta. Completamente superficial y muy de esa época. Y estar presente acá me generó esos recuerdos.

-Claro. Venía la pregunta y la comparación con tu propia generación.

Euge: Tal cual. En esto del compromiso social, en mi generación y un poco te lo contaba antes, no había una conciencia de clase, una idea de repensar, de repreguntar todo, de exigir así. No existía en general, salvo algunos grupos. Cuando terminé el secundario y me formé en la universidad, recién empecé a abrir mi cabeza y apareció este tipo de camino, de lucha, de conciencia de clase. Y ahora la veo a Juli con 17 años, a los chicos y las chicas de 13 años, de primer año que estaban ahí y me emociono de verlas y verlos absolutamente comprometidos. Creo que tienen mucho que ver las políticas de estos últimos años, de estos últimos gobiernos, que pugnaban por una escuela donde el pensamiento crítico se desarrollara. Con capacitaciones para nosotras, las docentes, con otra mirada educativa. En los noventa había un vaciamiento total en materia educativa y en estos años creo que eso cambió. Estos chicos y chicas vienen de eso y de ahí vienen las diferencias. Comparar lo profundo del compromiso de estos chicos en este momento es inevitable. La claridad conceptual. Ellos y ellas expresan muy bien la idea de que esto no afecta solo a las escuelas sino también y sobre todo a toda la sociedad. Fue un aprendizaje muy fuerte. Yo soy profe de secundaria y muchas veces en otras realidades los chicos pueden parecer desconectados de lo que pasa en la sociedad. Y en estos momentos ellas y ellos dan estas lecciones: que lo político nos incumbe a todos y a todas, que es urgente comprometerse. Me dejan esta inmensa sensación de que hay esperanzas. Eso compartíamos con los papás y mamás. Y mucho orgullo por esta comunidad que formamos batallando.

-¿Qué charlas compartieron juntas durante estas semanas? ¿Qué temas las ponían en diálogo a ustedes, les resonaban juntas mientras?

Euge: Compartimos y nos acompañamos mucho en un sentimiento de impotencia. A medida que iban pasando los días, compartíamos el desgaste, sobre todo a partir de la información que como padres y madres recibíamos de la Defensoría del Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Íbamos sintiendo que iban a mantener la postura de seguir con esta imposición de reforma pese a todo. Veníamos sintiendo que las tomas se iban a bajar. El cansancio. Y juntas íbamos charlando también el hecho de que muchas y muchos votaron a favor de las tomas y a medida que iban pasando los días, por esto del desgaste, cada vez eran menos chicos, se enfermaban, se iban. Hubo noches de mucho frío y los que estaban en seguridad estaban en la puerta. Con ella compartíamos mucho estas cosas, como las apreciaciones de lo más cotidiano que iba pasando en la convivencia, que íbamos observando cada una desde su perspectiva. El desgaste comenzaba a sentirse. Y generaba un malestar. Lo hablábamos con ella justamente porque sabemos que el desgaste es parte de una estrategia de los que gobiernan.

¿En qué estado está ahora la situación?

Julia: La toma actualmente se levantó. Decidimos levantarla el domingo 24. El lunes hicimos una jornada de limpieza y el martes retomamos las clases. Para mí fue la primera vez y ya estoy por egresar. Me voy con un aprendizaje, una organización. La lucha va a seguir en la calle. Vamos a seguir exigiendo una respuesta por parte del estado, haciendo marchas, convocando gente, organizando festivales, visibilizando.

Euge: Como mamás y papás, las últimas noticias que tenemos es que parece que quieren iniciar acciones legales contra los padres y madres que estuvimos en las tomas. Es coherente con este gobierno la política del miedo. Estamos asesorándonos para presentar como familias algunos recursos de amparo. Eso justamente estamos discutiendo. Hay muchas discusiones distintas, mucha información cruzada. Y no alcanzamos a dar todas las luchas, se abren muchos frentes y es complejo. Esto también nos hizo fortalecer los lazos entre mamás y papás y eso estuvo muy bueno. Cuando coincidíamos en los turnos de guardia tomábamos mate y hablábamos mucho, nos íbamos conociendo. Compartir. Es tan valioso eso. Yo creo que la toma lo que nos permitió en profundidad es generar vínculos fuertes con las chicas y los chicos, los padres, las madres, ex alumnos. Fue muy enriquecedor cómo se fortaleció la comunidad. Conocí adolescentes increíbles contando historias. Las noches eran lúdicas y con discusiones muy ricas, jugábamos juegos de mesa, compartíamos anécdotas, escuchábamos las historias de todas y todos, de dónde vienen, qué esperan de la educación. Fue muy fuerte y cercano y creo en particular, muy esperanzador para mirar el movimiento de las generaciones que se vienen: en la calle, en la lucha, en esto que ella dice, en la resistencia que sigue afuera a partir de los vínculos que armamos así, colectivamente.

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