No existe una escuela que enseñe a vivir – 2da parte

Por Claudia Estanga.

La voz de quien coordina una escuela. Coordinar en tiempos de agujeros. Salgo a buscar una voz que desde la escuela me hable en primera persona, en plenos días de preguntas profundas. Siempre creí que escribir periodismo, hacerlo, llevarlo en el cuerpo, era una de las tareas sociales más intensas y potentes, más comunicativamente poderosas, una de las formas profundas que tenemos en acto para transformar este lugar que habitamos, esta aldea humana, este rincón latinoamericano hecho de una historia dolorosa, contradictoria y compleja. En estos días de tantos dolores y heridas, de retornar a lugares muy oscuros, a tiempos de desapariciones y silencios, lo cierto es que el periodismo me provoca más dudas que certezas.

Estoy más habitada de preguntas existenciales y periodísticas que de ideas y caminos. Contar algo de esta realidad, por días y momentos tan dinamitada, parece no alcanzar del todo. Y entro en un doble juego. Dudo y hago, reflexiono y escribo, en una doble contradicción que me llena de preguntas y me mantiene en acción. Escribir sigue siendo un acto privilegiado. Y en tiempos de urgencia, ciertos privilegios que se tienen, incomodan. Escribir sobre la realidad es tener tiempo para trabajar en analizar contextos, redactarlos, escuchar de dónde vienen. Y salir a cubrirlos. ¿Para qué? Para que otros lean, se muevan, se enteren, se organicen. Y desde ahí, entonces, transformar algo, al menos algo. Pero en este presente, escribir periodismo es una tarea que se tiñe de la indiscutible nube de aquello que no basta. Cada mañana aparecen nuevos focos de herida social, nuevas maneras de revivir una historia oscura, un pasado reciente, un triste deja vu. ¿Transformar haciendo periodismo? Quizás sea que solo me transformo yo, haciéndolo. Mientras escucho a otras y otros que hacen de la realidad un lugar más justo. Quizás alcance. Quizás no. No lo sé, también yo me revuelvo como entrevistadora y me dejo habitar por mis contradicciones. Reinventar formas de lucha es pensarnos con otras y otros, escuchar, también escribir. Con lo que hay a mano. Con lo que no también. Pero ¿alcanza?

Hoy necesito teñir mi entrevista con esta crónica personal. Quedé profundamente conmovida después de escribir mi nota del mes de julio, después de escuchar las voces docentes que se me quedaron como un abrazo triste en el cuerpo, en el andar. Porque además de escribir, también soy docente. Porque además de usar palabras para decir de la realidad lo que escucho e interpreto, abro mis clases con corazón y coraje, cada día, en este presente, como tantas y tantos docentes que me nutren y acompañan en esta práctica profunda.

Este mes, decidí profundizar mi escucha en el ámbito educativo, hay mucho más que quiero indagar en las voces que surgen hoy de la práctica docente. Y decidí moverme a escuchar la palabra de quien tiene que coordinar una escuela en un contexto tan hostil, tan vapuleado. ¿Qué posibilidades de acción tienen las y los docentes que ocupan un cargo directivo para lograr mejorar su escuela cada día? ¿De qué recursos disponen? ¿Qué observan en este tiempo y cómo se sienten?

Me muevo entonces a una escuela primaria y pública en pleno conurbano bonaerense. Me espera Greta. Coordina esta escuela en pleno corazón del oeste del Gran Buenos Aires. A pleno corazón, abre sus palabras.

-¿Cómo ves la situación en tu escuela? ¿Cuáles son las problemáticas más importantes actualmente acá?

La situación en la escuela es desesperante. Hay cuatro puntos principales que son los que más nos preocupan. Por un lado es la infraestructura. No hay solución de problemas tan básicos y tan graves como el desagote de pozos, por ejemplo. Eso nos lleva a suspender clases porque no tenemos forma de arreglar ese desagote. Tampoco nos responden en el pedido de la limpieza de los tanques. Te hablo de cosas muy elementales, desinsectización, limpieza, agua. Son pedidos que hacemos hace muchos meses, muy reiterados, muchas veces, todos los días. Y no tenemos respuestas.  

Otro de los puntos que nos preocupa mucho en la escuela es el cupo para el comedor, que es mucho más reducido. Pero ahora aumentó mucho la demanda, la cantidad de chicos y chicas que vienen a la escuela a comer. Y nosotros no podemos dar respuesta. Entonces estamos saliendo a comprar parte de la merienda nosotros porque también lo que nos mandan viene con un cupo menor, para menos cantidad de chicos.

-¿Y qué les dicen desde educación en el Gobierno de la Provincia?

Hicimos muchos reclamos. Nos responden que se piden de un año al otro. Les explicamos que la matrícula viene subiendo y que los cupos deben subir a la par de la matrícula, pero no tenemos ninguna respuesta. Recibimos un cupo para 80 niños y almuerzan 150, todos los días. El tercer punto que nos preocupa bastante es todo lo referente a los recursos para los chicas y chicos, para poder aprender, que es para lo que están ahí. Y el último punto y que también es gravísimo es el referente a la capacitación docente. Ya no tenemos esa oportunidad, ese derecho de seguirnos formando. Es una situación gravísima.

– ¿Cómo se vive eso en la comunidad educativa? ¿En las familias, con los chicos y chicas, en el barrio?

Este año el clima fue muy enrarecido. Tuvimos casi un mes de paros donde hubo mucha explicación, mucho trabajo con las familias. Y los mismos chicos y chicas y las mismas familias nos van contando también su situación, la necesidad en muchos casos de dejarlos a comer, dejarlos en la escuela por hambre, que es absolutamente grave y nos desalienta mucho. La gran mayoría de la población de chicos y chicas que asisten a la escuela son hijos e hijas de padres con laburos muy precarios. Ahora vemos más papás y mamás que vienen a buscarlos porque no están laburando, por ejemplo. Y como consecuencia, situaciones muy complejas dentro de la familia, con índices de violencia también mayores que vamos viendo nosotras acá, en las aulas, los recreos, las reuniones con madres y padres.

-Y desde tu rol directivo, ¿Con qué recursos podés contar para accionar frente a esto? ¿Recursos y materiales para los chicos están recibiendo?

El año pasado no recibimos ningún tipo de recursos en todo el año.

Anteriormente y cada año, recibíamos cantidad de manuales para cubrir primero, segundo y tercer grado. Y para cuarto, quinto y sexto se recibían diferentes versiones de manuales para que los y las estudiantes tengan diferentes fuentes para trabajar. El año pasado no recibimos absolutamente nada. Este año recibimos solo para dos grados. Y los recibimos a mitad de año, cuando ya estaba todo planificado. Así que los dejamos para usar el año que viene. De la gestión anterior habíamos recibido un laboratorio espectacular, carros con computadoras para trabajar con los chicos, que todavía siguen funcionando, además de mucha bibliografía que nos llegaba en forma constante y capacitación docente todo el tiempo disponible. Eso ahora se acabó. Lo que recibimos este año es la bibliografía que completa y complementa todo el laboratorio, que fue un remanente de ese momento anterior. No son materiales nuevos. Y en esa clave, también recibimos libros que abordan temáticas muy interesantes para trabajar con los chicos, con artículos y casos. También editados en la gestión anterior. Nada nuevo para nosotros que sean materiales de trabajo, todo entregado de forma remanente. Lo único nuevo de esta gestión que nos llegó son unas láminas para el área de arte.

-¿Qué sentís vos como educadora en este momento?¿Cómo se afecta tu práctica docente en este contexto?

Sintiendo mi práctica, abriendo eso, lo que siento profundo es mucho cansancio. Cansancio en entregar todo a un sistema burocrático donde la cantidad de tiempo que me llevan los reclamos de infraestructura, los reclamos de merienda, de comedor y demás, es absolutamente desgastante y es la mayor parte de mi labor como educadora en este momento. Desespera la situación, las enormes ganas de socorrer a las docentes en el trabajo más pedagógico que debería ser lo central de la escuela pero que no podemos hacerlo con este nivel de abandono. Este año, lo hablamos siempre con las compañeras, nos hemos sentido absolutamente maltratadas, vapuleadas, en todos los ámbitos. Además para mantener el mismo nivel de vida, nos toca tomar más laburo. Y eso implica menos tiempo para capacitarnos, para hacer correcciones en profundo, para leer, para formarnos, para compartir experiencias con otros docentes, con otros directivos. Siento cansancio, tristeza, me cuesta mucho.

-¿Qué proyectos mantienen? ¿Qué acciones las siguen esperanzando?

Seguimos intentando que la escuela sea un lugar posible para muchas otras cosas, posible para aprender y compartir. Entonces no nos quedamos quietas, hacemos muchos proyectos que nos ayuden a pensar diferentes posibilidades y a centrarnos en la enseñanza-aprendizaje con las chicas y chicos, que es nuestra tarea más profunda. Cuesta. Pero no nos perdemos. Nos centramos, seguimos, armamos proyectos literarios, muestras, radio los viernes, que la arman los chicos de sexto grado y funciona en los recreos, ferias y trabajo colectivo. Pese a todo, sostenemos la centralidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en el estar ahí, todos los días.

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