Si se enseña, se aprende (o se aprendía)

Por Claudia Estanga.

Nuestra Escuela, Programa Nacional de Formación Permanente, permite a docentes de todo el país capacitarse de manera gratuita, virtual y con una formación de calidad en distintas áreas. El cierre del programa, comunicado abruptamente por una resolución del Ministerio de Educación y Deportes, deja a más de 130000 docentes con capacitaciones incompletas, a casi 3000 trabajadores en la calle y afecta a miles de estudiantes en sus aulas. ¿Qué implicancias tiene enseñar sin poder aprender? ¿Qué aporta el programa Nuestra Escuela al trabajo cotidiano de cada docente? El micrófono se abre desde una clase pública frente al Ministerio de Educación. Las voces docentes hablan, se enojan, resisten. Enseñan. 

La figura de Sarmiento habla. Se presenta como un símbolo complejo, desde carteles y frases, en la clase pública organizada por docentes durante enero, frente al Ministerio de Educación y Deportes. Es el punto de partida para reclamar y debatir en torno al acceso a la educación pública, a la formación gratuita, a las ideas de Sarmiento respecto al rol docente. Pero el eje de la convocatoria es más urgente: está puesto en la resistencia frente a los avances concretos del gobierno que amenazan derechos educativos y laborales garantizados para las y los docentes. Además de los 3000 trabajadores despedidos, el anuncio de cierre del Programa Nacional de Formación Permanente Nuestra Escuela es uno de los aspectos más fuertes del reclamo. Con estas medidas, la capacitación gratuita, virtual y federal docente se recorta, se daña, desaparece para 2018. Es ahí que escuchar las voces de las docentes que pertenecen al programa se vuelve esclarecedor para establecer contacto en escucha con los efectos concretos del cierre de estas formaciones, con las herramientas que se pierden, con la importancia vital de sostenerlas.

Mariela Acevedo es una de esas voces. Con la mirada hacia sus compañeras, con la palabra comprometida y con una pechera en su remera que dice “Nuestra Escuela de Luto”, abre nuestra secuencia de entrevistas frente al Ministerio de Educación y Deportes de la Nación. Mariela es responsable de contenidos en la especialización de Educación y Derechos Humanos del programa, en el módulo de género. Es docente y pertenece también al Frente Popular por la Educación Sexual Integral.

– ¿Qué experiencia representó y representa para vos el programa de formación Nuestra Escuela?

La experiencia ha sido increíble porque compartimos con las y los docentes cambios puntuales en la vida cotidiana. En el último bimestre incorporamos por ejemplo la temática de acoso callejero. Muchas compañeras y compañeros lo llevaron al aula, lo discutieron con sus estudiantes, armaron grandes clases de educación sexual con pequeñas cosas que charlamos, con lo que a ellas les pasó en la calle. Y sucedieron cosas muy potentes. También te expresan sencillamente ideas que se transformaron, o te dicen por ejemplo “este concepto de micromachismo me hizo entender muchas cosas de mi vida”. Muchas docentes que llegan al módulo no han leído antes quizás nada sobre feminismo. Y lo que sucede es que se sorprenden mucho al revisar sus propias prácticas pedagógicas, al pensar los cuerpos en las aulas, las maneras en que les hablan a sus estudiantes, a unos y otras, lo que suponen. Tener un espacio de formación docente para revisar esas prácticas, para repensarlas, fue inédito. Por eso nos duele muchísimo que esto se desmantele así. Nosotras vimos la potencia que tenía ese trabajo.

– ¿Cuáles son las consecuencias más profundas y concretas de la desaparición del programa?

En principio, para pensar las consecuencias, creo que tenemos que dejar de hablar de las y los 130000 docentes que van a sentir afectada su formación para empezar a hablar del millón de docentes que no van a acceder a la formación virtual. Porque estamos hablando de los que están cursando actualmente y no van a poder acreditar la formación pero también del hecho de que se desmantela para todo docente que quisiera hacerlo de ahora en más, para todos y todas las que quieran hacer una formación de postítulo. Tener un espacio de formación docente para revisar esas prácticas que te contaba, para repensarlas, fue verdaderamente inédito.

La situación laboral concreta de quienes forman parte del programa es un tema confuso, un punto borroso que no se informó en profundidad desde la cobertura que realizaron los medios masivos. El grabador se prende para escuchar a dos voces de ATE: Marcos Domínguez, delegado de Ate y Ministerio de Educación y Carlos Ruíz, también delegado del Ministerio.

– ¿Cómo se comunicaron los despidos?

CR: ningún trabajador del ministerio al día de hoy firmó su contrato de renovación anual. Es decir, aún no recibieron tampoco telegramas de despido y no se sabe dónde uno puede enterarse su situación. Hasta ahora, siempre antes de diciembre, ya nos convocaban para firmar. Pero ahora, sin ninguna notificación, las docentes y los docentes se enteran por los coordinadores si están o no en la lista de los convocados o los despedidos.

– ¿Qué implicancias y consecuencias tiene para ustedes el cierre y el vaciamiento del programa Nuestra Escuela?

CR: las consecuencias no tardan en aparecer en el tiempo. Por ejemplo, hasta el año pasado, vos ibas a una escuela secundaria pública y encontrabas en 5to año a todos los chicos con sus nuevas netbooks. Este año ya no lo encontrás más. El año pasado recorrías el país y había 7000 instrumentos que se reponían para sostener las orquestas juveniles e infantiles. Este año se entregó un bombo legüero en Jujuy. Si tenés 200000 docentes haciendo capacitaciones y sacás una normativa que le impide al docente mantener la regularidad anterior, dejás al 80% de los docentes fuera de ese postítulo. Y así, con 3 tutores, te alcanza. Pero el planteo ellos no lo dimensionan en políticas públicas. Doce mil millones es el valor total de lo que no se gastó este año en el área de educación. Con eso se podrían haber construido 35 jardines, por lo menos. No se construyó ni un aula.

– ¿Para qué le sirve a un docente capacitarse?

CR: además de perder las capacitaciones, el programa Nuestra Escuela articula con el operativo nacional de evaluación docente, es decir que no se trata solo de formación. Permite una radiografía de cuáles son las dificultades en cada región y en cada provincia para atender a esos docentes en esas dificultades, con un programa específico de capacitación, adaptada al contexto. Es esto también lo que estamos perdiendo. El avance sobre la capacitación docente gratuita, estatal, con una lógica federal, tiene en forma oculta la idea de instalación de un negocio que responde a una lógica de mercado. Las capacitaciones deben ser públicas y tienen que tener como referencia justamente los aspectos ya estudiados por este ministerio, las dificultades que tienen los docentes y sus diferencias para cada región, para cada población, para todo el país.

Florencia Mazzola es docente y tutora en el postítulo de enseñanza de la matemática para educación secundaria, dentro del programa Nuestra Escuela. Se formó en ciencias políticas y forma parte del módulo de contenidos de marco político pedagógico dentro del programa.
Florencia suma su voz para ayudarnos a comprender una cronología del conflicto desde adentro, desde el primer correo que la colocó en una situación laboral de incertidumbre.

– ¿Cómo te notificaron el cierre del programa?

Alrededor del 22 de diciembre de 2016 nos enviaron un correo los responsables de los postítulos, que son los que están a cargo de la formación virtual. En el mail nos decían básicamente que no sabían lo que iba a pasar con nuestros contratos durante el próximo año. El 23 de diciembre, al día siguiente, salieron varias resoluciones para cada uno de estos postítulos, donde se modificaban completamente los regímenes de cursada. Se establecía ahí el cierre de los postítulos para el 22 de diciembre de 2017 y un régimen especial para los que empezaron a cursar en 2016. Se daba plazo para presentar documentación para la cursada hasta el 30 de diciembre de 2016 con la amenaza de no poder seguir cursando sin esa presentación. Estas resoluciones fueron el principio para preparar el cierre y el recorte de los espacios de los postítulos.

– ¿Qué medidas tomaron? ¿Cómo se organizaron ustedes a partir de esto?

Tutores, coordinadores, responsables de contenidos, trabajadores del ministerio, casi 3000 personas nos vemos afectadas por estas resoluciones, además de los 130 000 cursantes docentes de todo el país. Es por eso que ante esta incertidumbre, ante estos avances, nos reunimos urgente en asamblea y resolvimos varias acciones. La primera fue la toma pacífica del edificio del Ministerio, luego clases abiertas, o “la playita” frente al edificio de la calle Pizzurno. Creo que hemos hecho todo tipo de acciones para lograr un diálogo y visibilizar nuestras demandas.

– ¿Tuvieron alguna respuesta inmediata?

Después de reuniones con las autoridades el 11 de enero conseguimos la redacción de una nueva resolución que anula estas resoluciones de diciembre. En esta nueva versión se amplía el plazo de presentación de documentación y se extiende la inscripción al 1 de marzo para todas y todos los docentes. Se mantienen también los inscriptos del 2016 y se les respetan en teoría los dos años de cursada, con fecha de culminación en 2018. Se comprometieron a continuar con las contrataciones a partir de este mes de enero, para coordinadores y coordinadoras, tutores y tutoras del programa, pero los 400 compañeros y compañeras del ministerio no entraron en el compromiso de recontratación y el programa definitivamente finaliza el año que viene.

– ¿Qué consecuencias tiene para vos como docente el cierre del programa?

La importancia de la capacitación gratuita y sobre todo de calidad que se ofrecía es fundamental para nosotras y nosotros como docentes. Necesitamos constantemente construir nuevas herramientas, mejorar las que tenemos, mejorar nuestras propias prácticas docentes, repensarnos. Es clave reflexionar con nuestras compañeras y compañeros en cada uno de los foros y materias, tener la posibilidad de escribir trabajos académicos por ejemplo. Es muy importante como ejercicio para nosotras, para nosotros, para mejorar, para profundizar en distintas temáticas. Estamos hablando del desarrollo integral de las y los docentes de todo el país. Esto me parece clave. Esta especialización estaba, y aún está, construyendo sobre todo formaciones de calidad. Cada docente se forma durante dos años y al cierre presenta un trabajo final que nosotros analizamos y tomamos de forma académica, rigurosa, consciente. Considero además que este programa de formación posibilita, por ser virtual, que docentes de todo el país puedan acceder a la cursada. Con la extensión del plazo hasta 2018 lo que considero es que se está prolongando la agonía de nuestras formaciones. Pero por supuesto nosotras y nosotros vamos a seguir luchando para continuar, porque además esto está garantizado en la Ley Nacional de Educación del año 2006, la ley Nº 26206, que es la que da surgimiento a estos postítulos.

La voz de Florencia, escucharla, nos permite también abrirnos a pensar en consecuencias más profundas, en aspectos que deja la desaparición del programa en torno a la biografía de cada docente, en torno a la pérdida de posibilidades múltiples de transformación educativa.

– ¿Qué experiencias sentís que perdés como profe con el cierre del programa?

Los postítulos, que son en total 13, son virtuales pero también tienen encuentros presenciales durante el año en cada una de las provincias. Nosotros como tutores y tutoras estábamos constantemente pensando en profundizar nuestra tarea, en repensar contenidos, actividades. En períodos en que no estaban las cursadas nosotras y nosotros también teníamos formación y capacitación para repensar los módulos con los mismos compañeros y compañeras tutores y tutoras y también para repensar nuestras propias prácticas. Si continuáramos nuestra formación de esta manera, definitivamente podemos repensar las aulas, transformarlas, repercutir completamente en las realidades de nuestros estudiantes. Estamos hablando de más de 130000 docentes que se capacitaban. Multipliquemos eso por 25 o 30 estudiantes con los que cada docente comparte el aula, por cada curso que tiene. Esto implica que la llegada a ellos y ellas y la posibilidad de que esto tenga consecuencias en la construcción de aulas distintas es innegable, fundamental. Pensar el programa y su desaparición en este sentido, en estos contextos, es clave para nosotros, para seguir la lucha.

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