Miradas sobre el agua. Entrevista a Elsa Bruzzone

Por Violeta Vidal.

Entre el 31 de mayo y el 6 de junio de 2018 se realizó en Buenos Aires el Festival Internacional de Cine Ambiental “Agitemos las aguas”. En este marco, además de las proyecciones audiovisuales, se hicieron distintos tipos de actividades: como en otras ediciones del festival se organizaron espacios de discusión en el aula magna de la facultad de medicina. Elsa Bruzzone, profesora de historia y especialista en geopolítica, participó junto a Nora Cortiñas en una mesa con representantes de distintas organizaciones vinculadas a la lucha por los bienes comunes. Ella es colaboradora del documental Sed, invasión gota a gota y autora de los libros Las guerras del agua (I): un recurso escaso en peligro, Las guerra del agua (II): América, el objetivo más codiciado y Las guerras del agua: América del sur: en la mira de las grandes potencias; en esa jornada compartió su experiencia en la defensa del agua en territorio latinoamericano.

Humedal en Entre Ríos.

¿Cómo llegaste a trabajar en el tema vinculado al agua y al acuífero?

El tema de cómo se ve al tema del agua siempre me interesó, pero su detonante fue en los años 1999 y 2000 cuando leíamos en los diarios de acá y en los diarios de Estados Unidos la posibilidad de la existencia de células -decían ellos- terroristas en la zona de la triple frontera, lo cual nos parecía muy extraño. Para nosotros que conocemos la zona sabemos que de terrorismo no hay absolutamente nada. Entonces fuimos a ver qué era lo que pasaba. ¿Por qué esta insistencia? ¿Por qué las presiones sobre el territorio argentino para la instalación de una base de Estados Unidos en la triple frontera?

Estuvimos en Puerto Iguazú, en Foz de Iguazú y en Ciudad del Este, hablamos con la autoridad local y hablamos con las instituciones. Ahí surge el tema del Acuífero Guaraní, que era un punto importante en todo lo demás. Al comenzar a investigar me fui involucrando cada vez más porque tomamos contacto con las organizaciones de Paraguay y Uruguay, por supuesto las de Argentina y también las de Brasil. Allí desarrollé una colaboración muy estrecha sobre todo con las organizaciones de Brasil y con el Parlamento brasileño. Empezamos a darnos cuenta de lo que eso significaba y que era nada más un pretexto para poder hacer pie en búsqueda de agua, teniendo en cuenta lo que ya estaba pasando con el agua.

Todavía no habíamos tenido ni el primer informe mundial de Naciones Unidas sobre los recursos hídricos, pero algo se avizoraba. Ahí empezó, y en la medida que me fui involucrando más me interesó todo el tema de los acuíferos porque en realidad el problema mayor -y así está planteado desde Naciones Unidas- no tiene que ver con los cursos superficiales, aunque en parte sí, sino que donde se apunta es a los acuíferos, es decir, al agua subterránea. Ese es el nudo real del conflicto. A pesar de todos los avances científicos y tecnológicos no sabemos la cantidad de agua subterránea que hay en el mundo y para saberlo hay que hacer expediciones en la zona. No todos los países están dispuestos a que expediciones internacionales vengan a hacer las investigaciones, por lo que la idea que tenemos es aproximada, pero no conocemos la totalidad. En el caso de Argentina pasa lo mismo. Argentina sabe cuánta agua superficial tiene, pero no sabe cuánta agua hay bajo tierra. Hace décadas que no se hacen los estudios para saberlo exactamente. Si no tenés el ADN completo, si no sabés cuánta agua superficial y cuánta agua subterránea hay, no podés hacer una gestión hídrica integral, no podés elaborar los planes ni en el corto, ni en el mediano, ni en el largo plazo para solucionar no solamente la accesibilidad al agua potable de la población, sino también para poder superar los problemas que producen las sequías y las inundaciones. Porque tampoco tenés el conocimiento sobre cómo vas a distribuir la población, sobre cómo vas a construir las ciudades, sobre qué tipo de edificaciones vas a hacer, la planta urbana y todo lo demás. Necesitás conocer todo para saber dónde podés construir y dónde no.

¿Qué opinás de la explotación de agua de los acuíferos?

No estoy a favor de la explotación comercial del agua. Realmente, la aspiración mía es que no se comercialicen ni aguas minerales ni nada de ese tipo porque es el concepto del agua como comercio y como mercadería. Para mí, el agua es lo mismo que el tema de energía, es un derecho humano. Y desde el momento que se lo considera un derecho humano, tiene que ser objeto de políticas públicas de servicios públicos, entonces la idea es cambiar absolutamente. Sí, por supuesto, estoy a favor de la utilización de los acuíferos para solucionar los problemas de abastecimiento de la población y de los problemas que se requieran para un desarrollo social y económico de los pueblos. Pero de ahí a que empresas como Nestlé, Coca Cola y tantas otras la estén utilizando con un sentido netamente comercial, estoy totalmente en contra de esto.

¿Qué pensás sobre la declaración de figuras internacionales de protección del patrimonio ambiental? Por ejemplo, los sitios Ramsar.

El sitio Ramsar tiene que ver con la protección de los humedales, y los humedales son fundamentales no solamente para el equilibrio de la naturaleza, sino que también están relacionados con el ciclo del agua. Por eso es fundamental protegerlos y es fundamental cuidarlos.

Cuando yo hablaba de parques nacionales, me refería a que Parques Nacionales deja de funcionar de alguna manera a partir de la década de 1990. Allí vemos a la administración de parques nacionales regalándoles tierras prácticamente o a corporaciones extranjeras o a extranjeros con mucho dinero, avanzando inclusive sobre tierras que no correspondían, como tierras de pueblos originarios o tierras de comunidades campesinas. Entonces, tener una administración nacional de parques que no cumple con los objetivos para los cuales han sido creados, sino que están al servicio de los intereses económicos y políticos de turno, yo estoy totalmente en desacuerdo con esas políticas. Para mí, la política de parques nacionales es preservar el lugar, pero no es preservarlo vacío de la población ni nada. Si en ese lugar hay población originaria, pues, qué mejores guardianes o guardias de parques nacionales que la comunidad que vive en el lugar que es la que conoce todo.

Humedal enEntre Ríos.

Todavía no se sale de la concepción de naturaleza intocada.

Exactamente. Tenemos comunidades que conocen bien el terreno, hasta el más mínimo detalle de lo que pasa, es decir, qué pasa con las estaciones, qué pasa con la flora, qué pasa con la fauna. Para mí, serían los mejores guardianes. Con un enfoque integrado. Eso no implica que uno no pueda utilizar el parque para recreación y turismo. Pero es necesario respetar el lugar de orígen de las comunidades y sus costumbres. Considero que somos un país pluricultural, por eso a mí me duele mucho cuando veo que van generando un parque nacional y están pensando en cómo desalojar a las comunidades que están. No se trata de desalojar a las comunidades que están, hay que dejarlas estar y trabajar en colaboración, es decir, con ellos, brindándoles las herramientas para que puedan seguir desarrollando su forma de vida y también para que nosotros podamos disfrutar de cuando vamos a descansar o vamos a investigar o vamos a pasear. Eso es, por lo menos desde mi filosofía, lo mejor que podría ocurrir. Así ganamos todos: gana la naturaleza, ganan las comunidades, ganamos el resto de la población.

Se llega a un choque de paradigmas entre lo que planteás vos y lo que plantea parques nacionales sobre lo que debe ser el tratamiento de la naturaleza. En parques nacionales se piensa en un ambiente de máxima conservación.

Sí, porque trabajan con el concepto estúpido de ecología profunda. No me gusta usar ningún calificativo, pero para mi es un concepto estúpido. Es un lugar virgen tal como está y sin intervención de la mano humana, es decir, sin vida humana, y si es posible sin vida animal también por las dudas. Son los pretextos que te utiliza todo el primer mundo, que te dicen no toques eso, porque hay que preservarlo y mantenerlo. ¿Para quién? Para ellos… porque cuando digan que les pertenece o nos invaden, desembarcan o firman un tratado de libre comercio o como fuera la mano, están ahí y se apropian de todo lo que tenemos y que ellos ya no tienen.

Cuando hablabas de los peligros de estas declaraciones de patrimonio de la humanidad, generalmente en el hemisferio sur, me preguntaba si no había que tener el mismo temor con la figura del sitio Ramsar también.

Y sí, uno podría temerle. Yo creo que sitio Ramsar es menos peligroso que patrimonio de la humanidad, porque en el sitio Ramsar uno no renuncia a la soberanía. En patrimonio de la humanidad, de alguna manera la soberanía es compartida en los recursos naturales. No estoy hablando en patrimonio de la cultura e histórico porque en todo lo que tiene que ver con histórico es fantástico ser patrimonio de la humanidad, porque te ayudan a mantener las ciudades. Así se mantiene las pirámides de Egipto, Machu Pichu, las ciudades mayas, es decir, a lo largo y ancho del país, en el mundo, lo que tiene que ver con civilización humana. Pero en zonas naturales y que son zonas que por lo general tienen bienes naturales, es peligroso, porque las cláusulas establecidas luego de la firma de la convención implican de alguna manera la renuncia de soberanía. Tiene que quedar como está: si yo tengo un bosque y lo puedo utilizar para un desarrollo económico y social de la población que esté asentada allí – siempre con cuidado y reforestando – el hecho de que sea patrimonio de la humanidad me lo vuelve imposible. Y esto ha servido a muchas corporaciones y a muchos millonarios extranjeros para aparecer con título falso de propiedad para intentar expulsar a poblaciones en zonas que son patrimonio de la humanidad, diciéndoles que como es patrimonio de la humanidad el Estado nacional no tiene soberanía y por lo tanto ellos pueden venir a hacer lo que quieren.

¿En qué casos estás pensando particularmente?

Argentina tiene como patrimonio de la humanidad Cataratas del Iguazú, el Valle de la Luna en San Juan, el Talampalla en La Rioja, la Quebrada de Huamahuaca, los hielos continentales, la Península de Valdez y el glaciar Perito Moreno. Imaginate de qué estamos hablando.

Lo de los hielos continentales no parece ser un obstáculo para la minería.

Bajo el concepto de patrimonio de la humanidad te pueden ingresar utilizándolo porque vos no tenés soberanía. Hay de todo. Si bien en teoría sirve para preservar el equilibrio, las empresas ingresan con las complicidades políticas y judiciales. Sin esa complicidad no podría existir lo que están haciendo. Por eso yo siempre digo que la reforma de 1994 de la constitución fue a pedido de las corporaciones transnacionales. Es uno de los actos de traición más grandes cometidos por el riojano y por Alfonsín. Allí se les da la soberanía sobre los recursos naturales a las provincias. Eso les ha dado un poder de vida y de muerte a los gobernadores y los han transformado en verdaderos señores feudales, pero a la vez no tienen suficiente poder para enfrentar una corporación transnacional. Fue a pedido de las corporaciones transnacionales para para poder ingresar las mineras, las sojeras, las hidrocarburíferas, el fracking, es decir, comercio de agua, todo lo que a vos se te ocurra. Le dieron al lobo el cuidado de las ovejas.

En la charla hablaste del tema de la soberanía de las provincias y de cómo fue prohibido por ejemplo el ingreso de los manuales ambientales.

Sí, porque dicen que es violatorio. Tenés esta dicotomía que creó la reforma del 94: hay leyes que salen del Congreso de la Nación, como la ley de protección de glaciares o de bosques, y cuando ingresan a las provincias, las provincias te dicen que son violatorias de los derechos provinciales. Entonces no se aplica la ley de bosques, no se aplica la ley de glaciares. Por ejemplo la suprema corte de justicia, cuando sacó un dictamen sobre el tema del aborto no punible, el poder judicial de Salta lo rechazó porque el poder judicial de la nación estaba interfiriendo sobre el poder judicial de las provincias. Fue así que el manual a la provincia minera no entró y a la provincia sojera tampoco, porque cuenta lo que pasa en el caso, por ejemplo, con los transgénicos, los agrotóxicos, los pesticidas y los herbicidas. Porque cuenta también lo que pasa con la megaminería y la minería a cielo abierto en dos de los puntos. Porque cuenta muchas cosas, cien mil manuales para cien mil escuelas, para todo el país, dormidos ¿en donde? En uno de los depósitos del correo argentino en el año 2011.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *