Mucha tropa riendo en las calles: Jair Bolsonaro es el nuevo presidente de Brasil

Por Fernanda Miguel.

Así como pusieron los carteles en el vallado, los sacan y los tiran a la basura”, pide con una amabilidad nerviosa un policía a lxs militantes del Coletivo Passarinho que se encuentran haciendo una intervención en la Embajada de Brasil a dos días del triunfo de Jair Bolsonaro.

Los uniformados que están detrás de las rejas pasan de ser cinco a 15 en un minuto. Del otro lado y con papel crepé rojo, forman la palabra “democracia” y por efecto del agua, las letras se destiñen, dejando una marca que parece sangre. Claro que no es casual: Las venas de América Latina se abren cada días más.

Marcha en Brasil contra Bolsonaro antes de las elecciones. Foto: AFP

Todo lo que rodea a Bolsonaro parece estar sacado de una película de terror. Su victoria marca un retroceso en el sueño de la Patria Grande que, aún con sus errores, era la esperanza de los pueblos oprimidos, de la Latinoamérica siempre golpeada.

El 28 de octubre, el candidato de ultraderecha del Partido Social Liberal (PSL) se impuso con más del 55 por ciento de los votos ante el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, en uno de los ballotages más complicados en la historia de la región.

El nombre de Bolsonaro comenzó a sonar fuerte en Argentina cuando en el mes de septiembre fue herido de arma blanca en plena campaña electoral. Pero en Brasil ya era tristemente conocido desde mucho antes, ya que en su rol de diputado ha realizado discursos de odio contra las mujeres, lxs afrodescendientes y el colectivo LGBT. También, en su condición de ex Capitán del Ejército, se ha pronunciado a favor de la última dictadura brasileña con frases como “el error de la dictadura fue torturar y no matar”.

Ante ese panorama, el 29 de septiembre, cientos de miles de manifestantes, con gran representatividad de mujeres, se alzaron con el grito “Ele não” (él no) en las ciudades de Río de Janeiro y Sao Paulo, marcando un precedente histórico.

Foto: Coletivo Passarinho

La resistencia en Buenos Aires

El Coletivo Passarinho se formó hace dos años y medio cuando Dilma Rousseff fue destituida a través del escandaloso Impeachment, para que luego tomara las riendas Michel Temer, en un claro golpe a un gobierno elegido democráticamente. Mientras la mayoría de los diputados antioficialistas lanzaban sus discursos en nombre de Dios y la familia,  brasileños y brasileñas que estaban radicados en Buenos Aires decidieron ir a la Embajada de Brasil casi de manera instintiva. Durmieron en las afueras del lugar para esperar el resultado y desde ese momento comenzaron a reunirse para estar más unidxs ante los sucesos de la agenda política brasileña.

Monique Lemos es una de las integrantes y ante la pregunta de cómo es que Bolsonaro llegó al poder, relaciona el Impeachment como un punto fundamental para que esto pase. Desde el 2013, la gente ya no estaba satisfecha con el PT y quería un cambio. Cuando se votó el futuro de Dilma, él fue uno de los personajes protagonistas, sobre todo cuando dedicó su voto al dictador Ustra”, comenta. El ex Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, fue ni más ni menos que el torturador de la ex presidenta brasileña mientras la misma estuvo encarcelada en 1970 durante el régimen militar.

¿Cómo es que la sociedad brasileña se identificó con un pensamiento de estas características?

La gente se identificó porque hay una mano dura que representa sus pensamientos. Durante toda su carrera como diputado fue agresivo en sus discursos, siempre habló de la familia, el orden, la economía liberal. Creo que desde ahí, los brasileños y brasileñas que no tienen muchas herramientas para interpretar críticamente la realidad, encontraron una voz de identificación. Pero además, no hay que olvidarse del apoyo que tiene de la iglesia evangelista que es enorme en Brasil. Eso fue sumando apoyo y sumaron muchísimos votos que lo hicieron presidente ahora.

¿Cuán importante es el rol que ocupa la iglesia evangelista en las decisiones políticas?

Son muchos y en el Congreso, antes de estas elecciones, la bancada evangelista era bastante grande. Ahora disminuyó un poco, pero sigue siendo grande. Incluso fue uno de los grupos que más apoyó la campaña vía WhatsApp, que fue básicamente toda su campaña electoral. Además usaron la Biblia para identificar a un Jair que era “el salvador” y casualmente había un Hadad que era “la sombra del mal”. Hicieron un uso de la información muy bizarro, pero convenció, eso es lo que más sorprende.

Pero además de todo esto, desde la campaña se crearon muchas fake news y Bolsonaro ni siquiera tuvo que exponerse, de hecho el ataque que sufrió lo victimizó y de alguna manera justificó que no apareciera en los debates.

El hecho de que lxs brasileñxs votaran a Bolsonaro para obtener “un cambio”, ¿tiene algún punto de comparación con lo que pasó en Argentina?

Es distinto porque en Brasil, antes de esto, hubo una sucesión de golpes contra la institución. Los medios perdieron credibilidad, el proceso de Lula Da Silva fue resuelto en 4 o 5 meses, cuando es algo que no pasa porque la justicia tarda mucho más, por lo que se hizo visible que lo estaban cercando para que no sea candidato. Esto también hizo difícil el hecho de elegir un candidato del PT, porque tuvieron muy poco tiempo de campaña.

Lo que pasa en Argentina es distinto porque Mauricio Macri no tiene un discurso de odio aunque sus medidas sean antisociales. La gente siempre trata de hacer comparaciones, pero creo no hay nada que se compare, incluso lo comparan con Donald Trump y yo creo que Bolsonaro es peor. En Argentina no pasaría algo tan fuerte porque el tema de los derechos humanos está muy desarrollado. El Nunca Más, la verdad y la justicia, son temas que en Brasil todavía no tienen tanta fuerza como acá. Incluso creo que en Argentina habría una fuerte resistencia ante un gobierno de estas características. No es que no haya resistencia en Brasil, pero lo que sucede es que estamos ante un fenómeno: de la nada apareció un candidato de ultraderecha sin miedo de decir que va a aprobar, por ejemplo, que la gente pueda tener armas, que las mujeres violadas no sean atendidas en los hospitales públicos, entre otras atrocidades.

¿Cuál es el rol de las mujeres en la política brasileña?

Desde que tuvimos a Dilma como presidenta y ahora con la aparición de Manuela D’Ávila –NdR: candidata a vicepresidenta en fórmula con Fernando Haddad– , estábamos muy bien representadas de alguna forma. Pero todavía faltaban mujeres afrodescendientes, que ahora fueron elegidas para el Congreso, al igual que mujeres trans, muchas de las cuales fueron compañeras de lucha de Marielle Franco y estamos apostando todas las fichas ahí. (NdR: Marielle Franco era concejala de Río de Janeiro y fue asesinada en marzo de este año. Su lucha tenía como eje el empoderamiento de las mujeres negras de las favelas y dejó una huella muy grande que hoy tiene un legado irrefrenable)

De todas formas, en este contexto, no esperamos que aparezca un cargo como ministra, embajadora o secretaria en el gobierno de Bolsonaro. Más allás de esto, creo que tenemos representatividad pero no es fácil llegar hasta ahí, como en cualquier lado. Y ahora va a ser más difícil.

¿Cómo sigue la lucha ahora?

Todavía sentimos que estamos un poco en duelo, pero la resistencia se está moviendo bastante rápido. La sensación en general de lo que viene ahora es miedo, cuidado, por eso ahora uno de los slogans es “nadie suelta la mano de nadie”. Hay que cuidarse y esperar que pasen estos cuatros años, hacer resistencia como se pueda. Todavía no sabemos cómo va a ser la acción militar, pero estamos atentxs. Creo que lo que se viene es bastante feo, pero estamos organizadxs.

Foto: Coletivo Passarinho

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