Ni muertas ni presas

Por Jennifer Löcher.

En Argentina hay alrededor de 76.000 personas privadas de su libertad en más de 250 cárceles federales, provinciales y en comisarías y destacamientos policiales, según el último informe del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecucion de la Pena (SNEEP) del año 2016. El 50% de las personas privadas de su libertad, actualmente no están condenadas, sino que están con prisión preventiva.

Las condiciones de vida difieren entre lugar y lugar. En el centro de Trelew, por ejemplo, están detenidas varias personas en una celda de aproximadamente 12m² y, como no hay patio, están ahí durante las 24 horas del día. No pueden caminar ni ver otra cosa que las cuatro paredes a su alrededor. Las consecuencias se notan en graves problemas de salud. En situaciones parecidas están casi 6.000 personas detenidas en comisarías en todo el país. Las comisarías no son lugares destinados a alojar a personas presas; sin embargo, a raíz de la sobrepoblación de las cárceles, se están usando como tales. Desde el año 1996, la cantidad de personas presas ascendió de aproximadamente 25.000 a 76.000 en el año 2016, último año en que se realizó un relevamiento estadístico.

Jorja forma parte de la organización Atrapamuros (http://atrapamuros.blogspot.com/) que realiza diferentes actividades relacionadas con la educación y el trabajo en la cárcel. En el Taller de Cárceles y Sistema Represivo del 33° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans cuenta de la situación de vida de mujeres y disidencias privadas de su libertad.

¿Qué es Atrapamuros?

Empezamos haciendo talleres en cárceles con el tema de la educación, en principio llevando la universidad a la cárcel, y después, ante las necesidades que fueron surgiendo de las pibas y los pibes, empezamos a llevar también la problemática del trabajo hacia dentro y hacia fuera. Empezamos a organizarnos. Entendemos que la economía popular es una forma de organización ante la necesidad concreta de los pibes y las pibas de salir y tener un laburo. Después también damos disputa desde la prensa y la comunicación popular. También la batalla cultural de qué es la cárcel, para quién, quiénes están ahí, nos parece importante y necesaria.

¿Por qué pensás que las cárceles aparecen casi nunca en los medios de comunicación?

Porque así el sistema funciona. En primera instancia, la cárcel es un negocio y como tal necesitan tenerla invisibilizada porque las condiciones en las cuales se encuentran hoy las cárceles, y más las cárceles de mujeres, son de una violación constante a los derechos humanos. Si eso llegara a los medios de comunicación no tendría una buena repercusión y los medios son un eslabón más en esa cadena de impunidad que hoy encarna el estado, donde también la sociedad civil es cómplice en forma de los medios de comunicación. La necesitan para perdurar ese sistema de la crueldad, como dice la Comisión Provincial por la Memoria.

Foto: facebook Atrapamuros

Cuando hablás de violación de los derechos humanos dentro de las cárceles, ¿a qué te referís concretamente?

Los detenidos y las detenidas tienen privado su derecho a la libertad ambulatoria, pero no al resto de sus derechos como personas. Deberían poder garantizar su derecho a la salud, a la educación, a una vivienda digna, a un deseo de qué persona querer ser, tener elecciones laborales, etc. Son todas cosas que no se dan. Y no sólo no se dan, sino que el poco acceso que hay a algunos derechos es visto como beneficios. Por ejemplo, para acceder a la educación tenés que tener una buena conducta. Tenés que tener un buen cuidado. Al final, la vara la pone el servicio penitenciario, no los pibes que viven en esa conflictividad. Es un sistema bastante perverso que se encarga de violar sistemáticamente los derechos humanos.

¿Ves diferencias entre la situación de mujeres, travestis y trans por un lado, y hombres por el otro en la cárcel?

Las cárceles no están pensadas para las mujeres ni para las disidencias. Están pensadas para los varones, sus cuestiones y sus problemáticas y no para mujeres. Las mujeres y las disidencias sufren una fuerte estigmatización ya que rompieron con los roles impuestos que nos dicen cómo debemos ser. Entonces, si sos mujer y sos madre y estás encarcelada, no hiciste sólo una cosa mal que fue romper la legalidad, sino que también rompiste la legalidad de ser una buena madre. Estás en cana y cómo van a estar tus hijos. Estas son problemáticas que ni siquiera están cerca de estigmatizar a los hombres.

Por otra parte, estamos muy lejos de poder garantizarles sus derechos a las mujeres madres que están ahí con sus hijos. Ni hablar de infancias trans y otras cosas que pueden surgir y que estuvimos charlando en los talleres. Las disidencias plantean una problemática mucho más profundo. Es muy difícil de abordar y pensar perspectivas reales de transformación ahí dentro para las disidencias cuando ya es difícil pensarlo desde lo binario de varones y mujeres.

¿Vos dirías que los feminismos están interpelados por la situación de las cárceles y el sistema penitenciario? Y en caso de que no, ¿qué haría falta para empezar a acompañar esas situaciones?

El feminismo tiene que hacerse cargo de que hay mujeres y disidencias privadas de su libertad y la persecución y estigmatización que eso supone. En esa línea venimos con Atrapamuros. No hay Ni Una Menos si no se piensa la vida de las pibas en las cárceles. No queremos ser ni muertas ni presas. Queremos ser libres en todos los aspectos. Las pibas privadas de su libertad tienen mucho que decir del feminismo y de cómo ellas lo encarnan. Qué significa para ellas el feminismo, qué significa el empoderamiento, qué significa ser mujer o disidencia siendo privadas de su libertad y, en general, en los contextos de vulnerabilidad. Porque no es solo cuando están privadas de su libertad, sino también después cuando están en la calle. ¿Qué significa haber estado privadas de su libertad? El feminismo, como muchas otras cosas, también tiene que oír eso. Nuestro rol como feministas desde afuera y como feministas que pisamos el terreno de la cárceles es poder oír sus voces, escucharlas. Que puedan decir cuáles son sus necesidades, o que las pibas y pibes trans puedan decir cuáles son sus deseos. Y poder, a partir de eso, disputarle al sistema penitenciario.

Disputarle al servicio penitenciario desde el deseo viene un poco difícil, pero creo que el feminismo lo puede y puede todo. En ese camino se trata sobre todo de escuchar las voces de las pibas y que estén presentes acá en el Encuentro es un hecho político muy importante. Que estemos acá. Cada año que venimos al taller nos encontramos con un montón de pibas que tienen ganas de escuchar y eso me pone muy contenta porque a veces militar en la cárcel es difícil porque hay mucha estigmatización sobre lo que pasa dentro. Y dentro hay personas que tienen cosas para decir y que sienten cosas. Más allá de lo que hayan transitado en su camino de vida.

En las cárceles hay gente pobre. La gente rica no está. Eso hay que visibilizarlo. Hay mujeres que son pobres, madres que son cabeza de familia y tuvieron que salir a buscar el mango para sus pibes y sus pibas como muchas de las mujeres de la Argentina. Y el estado les paga con lo peor que es la violación sistemática de los derechos humanos.

Foto: facebook de Atrapamuros

Vos trajiste al taller el caso de Marcela Mendoza. ¿De qué se trata?

Marcela Mendoza es una mujer de La Plata que hoy está privada de su libertad con cadena perpetua por haberse defendido de su agresor que era su expareja. Él intentó prenderla fuego. A causa de eso, él terminó tres días después en el hospital, muerto. Ella termina estando presa en una causa muy irregular. La justicia patriarcal no tuvo en cuenta que esa situación estuvo dentro de una cadena muy larga de violencias en la cual ella estaba inmersa; ella, su familia y todo su entorno. Y en la causa no se tiene en cuenta que él tenía una perimetral y muchas denuncias. Ella vivía en una situación de vulnerabilidad y de violencia de género que no se tiene en cuenta en la causa. Por suerte, Marcela tiene a su familia junto a ella que la acompaña y lleva su caso que, si no, queda archivado. Desde Atrapamuros estamos también acompañando ese proceso, pero sabemos que hay un montón de pibas y de disidencias que están en cana y que no pueden tener ese acompañamiento desde afuera para poder rever sus causas. Un problema es que se maneja un lenguaje técnico judicial que es muy difícil de llevar. No tenemos formación en eso, ni siquiera los pibes tienen una formación en eso y les llegan cosas que no pueden entender. El estado no se encarga de garantizar que puedan entenderlo y que puedan luchar por sus derechos.

El caso de Marcela es un caso emblemático. Ocurrió en La Plata y es importante nacionalizarlo, por eso lo trajimos al Encuentro. Existen causas ejemplificadoras, como fue por ejemplo la del travesticidio de Diana Sacayán. Creemos que sientan precedentes políticos y judiciales para el resto de las pibas que lo necesiten.

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