¿Para qué sirve la ley de cannabis medicinal? De cultivadoras, convulsiones y causas legales.

Por Jennifer Löcher.

Brenda Chignoli de Córdoba es militante del uso medicinal del cannabis desde hace casi veinte años, cultiva y produce aceite de cannabis. Estos aceites se distribuyen a personas o familias con niños o niñas que sufren alguna de las diversas patologías que el aceite alivia, como por ejemplo la epilepsia, dolores intensos o parkinson. A pesar de que mediante la ley 27.350 se reconoce su efectividad en múltiples áreas donde la medicina alopática fracasa, los y las productoras siguen siendo hostigados por las fuerzas de seguridad y la justicia. Se los acusa de narcotraficantes y de ejercicio ilegal de la medicina, como fue el caso de Brenda Chignoli.

Ella está pasando por conflictos legales desde que en marzo de este año la policía allanó ilegalmente su plantación. Eso pasó el mismo día que ella estuvo como oradora en el congreso de la nación donde se debatía la ley. Si bien se le comunicó el 28 de octubre que de momento no será imputada por narcomenudeo, el caso no está cerrado.

El 22 de septiembre se reglamentó parcialmente la ley de cannabis medicinal que había sido aprobada en marzo de este año. Gran parte de la militancia por la cannabis medicinal no está conforme, ya que se reglamentan pocos puntos de la ley y no se genera seguridad para las personas que hoy en día cultivan las plantas y producen los aceites, que son utilizados por miles de personas en todo el país. Sólo se habilita el cultivo por parte de conicet y la entrega de la medicina para personas que se registran para ser estudiadas por la comunidad científica. Mientras tanto, ¿en qué situación están los y las productoras hoy?

De la misma manera que comparte los aceites de manera solidaria, sin cobrar más que los costos de producción, Brenda Chignoli comparte acá sus experiencias de una trayectoria de casi dos décadas generando autonomía en el tratamiento de diferentes patologías.

Vos producís aceite de cannabis. ¿Cuánto hace que producís y qué fue lo que te motivó a hacerlo?

Comencé hace muchos años, a principios del 2000, cuando me diagnosticaron VIH. Los antirretrovirales me provocaban muchos efectos indeseados, entre ellos mucho vómito, pérdida de peso, anorexia, etc. No había medicación que me diera mi médica infectóloga que me calmara todos esos efectos indeseados. Después de muchos meses de perder peso, de tener que evaluar la posibilidad de internarme y de cambiar el esquema del tratamiento, mi marido, que empezó unos años antes, me sugería una leche con cannabis. Yo estaba con caquexia, había perdido masa muscular porque los antirretro me producían muchos vómitos. Me costó varios meses aceptar el cannabis, y el alivio que sentí fue prácticamente inmediato. Yo tenía muy lastimada la parte de la garganta, y eso me alivió a los pocos minutos toda esa sensación de ampollo y de quemazón, y pude empezar a comer. Me abrió el apetito y eso hizo que al otro día saliera bien temprano a contarle a mi médica infectóloga. No hubo necesidad de internarme ni de cambiar esquema hasta algunos meses después. No siempre hemos tenido la suerte de tener médicos humanistas que nos miren cuando andamos bien con cannabis, menos en aquellos años. Ahora hay un poco más, pero sigue estando complicado la cuestión del tratamiento con cannabis.

¿Cómo fue que empezaste a militar el cannabis medicinal?

Nosotros comenzamos con la negra Edith Moreno. Fue la primera militante cannábica y mujer en hablar y en proponer una organización cannábica. Eso fue a principios del 2000. Pero en Córdoba, ya a finales de los 90 se organizaban fiestas para recaudar fondos para el cannabis, y a mediados de los 80 ya había un activista cannábico visibilizando todo lo que es el cannabis.

En el 2011 y 2012, yo fui al congreso como mamá. Ya había grupos de madres en esos años que le dábamos cannabis a nuestros hijos. Hoy, mis hijos son mayores de edad, en ese momento eran menores y con situaciones bastante difíciles de salud. En el caso de muchos de nosotros, nuestros hijos se pasaban de internación a internación. Teníamos bastantes dudas y miedos en aquellos años. Si nos metían presos, si iba a ser con nuestros hijos o no. Y la verdad que nuestros hijos con el cannabis andaban más que bien. Por eso fui representando a un grupo de madres en esos años en el congreso de la nación. No había organizaciones cannábicas por patología, como hubo en este último debate, sino que eran grupos de las madres del paco, los curas que iban a hablar. Era otra realidad. Y la militancia cannábica. En estos últimos debates hubo grupos de padres y de madres organizados por patología.

¿Cuáles son los problemas que presenta la Ley 27.350 de cannabis medicinal, considerando que vos producís la medicina, el aceite de cannabis, pero la ley no te contempla?

Las familias ya hemos resuelto el acceso a nuestros tratamientos. Nosotros, los cultivadores, les hemos enseñado a las familias cómo cultivar, cómo hacer los extractos como una forma de resolver un problema. La ley que sacamos, que es de investigación, no alcanza porque no regula lo que ya está. Seguimos quedando las familias y los cultivadores en la total clandestinidad y en manos de lo importado.

Esta ley del cannabis medicinal, yo la defino como mezquina. Los legisladores estaban sordos y ciegos, porque los padres, madres y familiares nos expusimos, abrimos las puertas de nuestras casas, de nuestras vidas privadas para demostrarles y para que vieran, para que pudieran entender la necesidad de estos tratamientos. Además, la reglamentación es extorsiva porque nos obliga, para recibir tratamiento con cannabis, someternos a investigación científica o médica.

Sólo se reglamentó para epilepsia refractaria, o sea, deja afuera al resto de las epilepsias y a todas las otras patologías. En el caso de que vos no te anotes en alguno de estos listados, tenés que comprar el importado que tiene un costo altísimo. Es un 90% más caro del que se puede conseguir en el mercado interno. Nosotros, lo que decimos es que hay una realidad que hace muchos años existe y que esta es una ley que llega con muchos años de atraso y que no regula lo que justamente fuimos a solicitar tantas familias: lo que ya existe. Miles de familias autocultivando y produciendo sus propios aceites y les va bien, como expuso el doctor Carlos Magdalena en las audiencias públicas en el congreso de la nación. El aceite casero sirve, y lo dijo como jefe de neurología pediátrica del Hospital Gutiérrez de Buenos Aires. Hay otro grupo grande de familias que se apoyan en los cultivadores para el acceso al aceite y les va bien. Hace falta que el estado regule lo que ya es costumbre, por nuestra salud.

Hay familias con más de veinte años que venimos utilizando el cannabis para el abordaje de diferentes patologías, y a largo plazo hemos demostrado que ha hecho más que bien. No sólo en patologías como la epilepsia refractaria, sino fibromialgia, manejo del dolor, parkinson, enfermedad de Crohn, como uno de mis hijos, autismo, etc. Con el cannabis medicinal logramos dejar mucha medicación farmaceútica. Los niños con autismo que usan cannabis, dejan los antipsicóticos y andan bien. Los chicos con epilepsia comienzan a dejar, si no es toda, gran parte de los anticonvulsivos y andan bien. Hay muchos neurólogos que están siguiendo la evolución de los pacientes y andan bien con los aceites que se producen dentro del país.

Los aceites importados, para que un argentino pueda traerlo, hay que bajar como cinco formularios de la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica). Es un trámite bastante largo. Para importar un aceite que de momento está saliendo de las familias. Hacer el trámite personalmente sale 12.000 pesos. En EEUU se vende como suplemento dietario en algunos supermercados, mientras acá lo equiparan a medicamentos controlados. Eso por un lado. Por otro lado, las familias no disponen mensualmente de todo ese capital. Y además hay que pensar en el derecho que tienen las familias de seguir apoyándose en los cultivadores que han estado brindando los conocimientos y la solución, algunos desde hace muchísimos años. Y el derecho de los cultivadores, de dignificar su trabajo, de salir de la clandestinidad, de ser regulados, de recibir el apoyo del estado, de que el conocimiento del que disponemos los cultivadores pueda servir a la sociedad y que los cultivadores no sean la silla vacía en las universidades, en el conicet, en el hospital. Los cultivadores tendrían que estar trabajando mancomunadamente con los médicos, brindando el conocimiento para que después los médicos puedan abordar desde un lugar de más conocimiento el tratamiento de sus pacientes, para la diversidad de patologías que se pueden tratar con el cannabis medicinal.

¿Cómo fue el allanamiento a tu campo de cultivo en marzo?

El día 29 de marzo, el día en que se aprobó la ley de cannabis medicinal en el senado, participé en la audiencia pública. Allí pedía por Eric y Nico, dos cultivadores solidarios que estaban presos. Nos allanan ese mismo día sin orden de allanamiento. Fue ilegal.

Nosotros ya veníamos diciendo que uno de los modos operandi, que ya nos habían hecho algunas veces, es que la policía dice que vienen corriendo un ladrón o por una denuncia por violencia, ya nos pasó de las dos formas, y esta vez nos volvió a pasar. Pienso yo que porque pensaban que estábamos en el congreso, y es la única vez que pudimos agarrar a la policía dentro del campo. Porque de casualidad nos informan que había patrulleros dentro del campo y nosotros pudimos, por primera vez, caer con un abogado. Yo estuve en todo el allanamiento en la puerta de mi campo. No me llevaron presa ni me dejaron entrar.

¿Cuál es la respuesta de la justicia respecto de esta práctica de allanamientos ilegales por parte de la policía?

Veníamos pidiendo reuniones con Alejandro Moyano (fiscal general de la provincia de Córdoba) por este modus operandi que tiene una parte de la policía de la provincia de Córdoba desde hace muchísimos años, de llevarse nuestra medicina y nuestro cultivo. Siempre digo que cuando se llevan nuestro cultivo, lo que se están llevando es nuestra salud. Veníamos pidiendo las entrevistas a través de distintos legisladores y funcionarios, incluidos periodistas, como la periodista del diario La Nación que intentó hacerle la entrevista a Alejandro Moyando y no la dio finalmente, para explicarle esta situación grave. Más allá de la ilegalidad, que para nosotros no significa que sea ilegítimo, en estas circunstancias que estamos, esa parte de la policía de la provincia tiene ese modus operandi. Se te meten al cultivo diciendo que han corrido un ladrón, o que vienen por una denuncia de violencia familar, o directamente te golpean la puerta y te dicen “Nos entregás las flores o vas presa.” Entonces, eso lo hemos dejado instalado a nivel nacional, pero hasta ahora nunca nos recibió el fiscal general.

Después del allanamiento ilegal, incautaron plantas y aceites. ¿Cómo siguió la causa hasta el día de hoy?

La misma justicia me devolvió los aceites porque en la evaluación de las historias clínicas vio que le había hecho bien a las personas, que estábamos todos bien. Nos devuelven los aceites. A los pocos días me imputan por cultivo de estupefacientes, y ahora ellos se declaran incompetentes en la causa. El juzgado federal lo pasa a la provincia para que me imputen narcomeudeo y ejercicio ilegal de la medicina. La provincia no quiere agarrar mi causa y ahora parece que la devuelve a tribunal federal. No sé qué va a pasar porque se ve que nadie la quiere agarrar.

Eso es del 19 de octubre, que giraron las actuaciones para que se me impute por narcomenudeo. (Se ríe). Si vieras donde vivo. En veinte años con esto tendría que tener una mansión. Pero no tengo ni aperturas todavía, tengo plástico y maderas puestas en las aperturas. En fin. Parece que la provincia no quiere agarrar la causa. Veremos qué sucede. Me quieren asignar juzgado, pero nadie quiere agarrar la causa.

¿Querés agregar algo?

Nosotros decimos que la ley 23.737, la ley de estupefacientes, no puede estar por encima del derecho a una salud pública, del derecho a la información, del derecho al acceso a los tratamientos con cannabis, como ya lo venimos haciendo de hace muchísimos años. Le pedimos a la sociedad, al estado y a los funcionarios que se respete el artículo 19 de la Constitución Nacional porque una ley de estupefacientes no puede ir por encima del derecho a vivir, del derecho a no sufrir dolor, del derecho de no tomar tanta mediación, del derecho a no convulsionar, del derecho a no caer internado una y otra vez.

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