Del Monte a la Ciudad. Retrato María del Carmen

Por Jennifer Löcher.

Llegar al Centro de Integración Frida son tantas historias como hay mujeres viviendo allí. Todas son distintas, cada camino de vida es único e incomparable. Por esta razón, en el Frida se trabaja a partir de los deseos y necesidades de cada mujer para su vida.

María del Carmen cuenta su propia historia, de dónde viene y a dónde quiere llegar.

¿Cómo llegaste a Frida?

Yo nací en los montes de Misiones, soy descendiente de guaraníes. Misiones me cansó porque había cortar la yerba mate, polvorizar [fumigar] las plantas, hacer trabajo que es de hombre. Entonces vine a Buenos Aires para cambiar de rumbo en la vida. Me fui en la fiesta de navidad y año nuevo, le dije a mi hijo “Yo me voy en Buenos Aires”. Me dijo “Espera, quedate” y le dije que no, que miro el monte y el sol y la tierra y me da cualquier cosa. Buenos Aires es lindo. Muchas cosas buenas tiene, no es todo malo. Tiene estudio, que es lo principal.

Por ejemplo, yo para trabajar en Misiones, me dicen que tengo que saber idiomas, porque allá no puedo hablar portugués o guaraní no más. Para cuidar la aduana hay que saber inglés también. Entonces yo dije “Estoy en esta casita y voy a estudiar.” El día de mañana trabajo, tengo mi casa, me voy a Misiones. Le digo a mi familia “Acá está mi título.” Porque siempre me decía mamá “Usted puede ser hombre, sólo trabaja en trabajo de hombre.” Siempre me gustó el trabajo de hombre, porque yo me crié en ese sistema. Tengo aspecto de mujer, pero tengo pensamiento de otro sistema.

Entré a la casita y la fortaleza que encontré.

Aparte, la facultad hay que pagarla. En Misiones hay que andar descalza, en cambio acá no porque te ayudan. Al principio se me hacía difícil convivir con las personas ahí donde estudio, pero hasta que agarré fuerza y me dijeron “Vamos a tomar mate, misionera, venga con nosotros. No se quede así apartada.” Entonces agarré así. Igual que en la casita. A veces yo miraba y decía “¿Cómo será?” Por ejemplo, del horno microondas decía “¿Qué es ese aparato que se enchufa y se pone la comida?” Y la escalera mecánica, gracias acá a la compa, me tenía que agarrar del brazo para subir la escalera mecánica y hacía un paso grandísimo gigante. Y hasta ahora, el celular, cosas así, voy aprendiendo. Va pasando el tiempo y voy aprendiendo. Pero es diferente el monte con la ciudad. No es facil. Te da un nudo así. Hay días que no quiero ni preguntar cómo es porque realmente es una vergüenza preguntar una persona del monte a una persona de ciudad, va a decir “qué ignorante que es”. No es facil, pero qué vamos a hacer.

Por ejemplo hoy estaba mirando que hay estudio de historia, en el canal de la tele, y le preguntaba qué significa a las chicas que trabajan acá. Y ahí ella me dijo “¿Por qué no te inscribís?” Yo iba a los talleres de verano, me recibí, nos dieron el diploma. Y de ahí quiero ir a otras clases. De a poquito. Hay cosas buenas acá en la ciudad.

La verdad que tuvieron una buena idea las personas que pudieron fundar acá la casita Frida

Ahora estudiando. Son tres años, voy al segundo y el primero voy recuperando. Cuesta, pero hay que procurar. No siempre ser una ignorante. Es feo ser una ignorante. Lo que pasa es que mis abuelos eran indios. Y vio que yo me crié con animales de la selva, pescando, cazando, andando. Calentando agua, por ejemplo, sé hacer muchas cosas. Por ejemplo la luz solar, que se pone agua en las botellas, el sol lo calienta y de noche alumbra. Sé calentar agua para hacer mate. Muchas cosas que en la ciudad no saben. Remedios muy buenos, que curan enfermedades. Yerbas medicinales. Me enseñaron a curar una picadura de víbora, una mordedura de yacaré. Queda muy poca gente guaraní. Se están, ¿cómo se dice?, modernizando. Están yendo profesores de acá de Buenos Aires y enseñan a los nativos lo guaraní. Pero hay personas que están todavía, con el término de los guaraníes, los indios. Hay muchas cosas buenas que ellos enseñan a personas que van a enseñar. Allá las aguas brotan de entre las piedras, que sería el agua que venden acá en botella. Pero ya eso va en filtro, y allá no. Es puro de abajo. Por ejemplo las ruinas de San Ignacio, hay lugares que sale. Hay cosas buenas, y en la ciudad también. Dicen “Ay, qué peligro.” Pero si uno no tiene coraje, no va a ir nunca.

¿Hace mucho que estás acá en la ciudad?

Hace un año y medio, y aprendí muchas cosas acá. Y cada día estoy aprendiendo más. O miro las chicas de acá del hogar, cómo es, cómo no es, cómo hago. Y voy memorizando. Por ejemplo, el número, la dirección de la calle, en qué subte. Hay que estar atenta.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *