Entrevista Lucia y Greta: voces de la primera sentencia por acoso callejero

Por Claudia Estanga.

Lucía Cabrera es la primera mujer en Argentina que logró llevar a mediación judicial a un taxista que durante dos cuadras la persiguió y la acosó en marzo. Junto a su abogada, Greta Ter Akopian, lograron que se aplique la ley de acoso callejero en la Ciudad de Buenos Aires por primera vez, después de meses de lucha. En esta entrevista doble y profunda, me cuentan desde sus perspectivas y miradas, qué pasó esa tarde y de qué se trata el caso que ya es batalla ganada para todas las mujeres.

Lucía tiene la voz que tienen esas mujeres que comunican, esa impronta de voz que saca todas las dudas y te pone del lado que hay que estar apenas empezada la entrevista. Lamento la desilusión para los que aún guardan lugar a la estallada falacia del periodismo objetivo. Yo escucho a Lucía y me siento instantáneamente dentro de su historia, con ella. Lucía tiene además una voz inconfundiblemente pedagógica. Confirmaré después que se forma en la docencia, esta práctica de vida que elegimos muchas cuando los motivos de lucha desbordan y decidimos salir a potenciar y multiplicar preguntas, fuerzas y esperanzas en espacios de formación y aprendizaje con otras personas. Pero Lucía movió la pedagogía más allá de los muros del aula. Entre otras grandes cosas, sus palabras, profundamente transformadoras, se inscriben en una red de lucha colectiva de muchas mujeres, donde la argumentación, la justicia y la toma de conciencia son las herramientas de batalla. Con esas palabras, en plena calle y habitada por una persecución violenta, Lucía logró que el taxista que la acosó durante cuadras le pidiera perdón. Pero logró algo mejor y más profundo: explicarle frente a frente, con esa pedagogía viva de la transformación y la lucha, que el perdón no le alcanzaba. Que iba a ir hasta el fondo del asunto. Ahí es que Lucía, gracias a su red de mujeres (esa red cada vez más vital para todas), se encuentra con Greta. Greta Ter Akopian es su abogada. Es la otra voz potente e inquebrantable que compone esta entrevista y esta lucha que permite iniciar un camino sin antecedentes. Aun con la vigencia de la Ley N° 5742 contra el acoso callejero, aprobada en diciembre por la Legislatura porteña y promulgada a partir de enero, ninguna denuncia de acoso en espacios públicos había llegado a estas instancias. Hasta ahora. A punto de que la causa sea archivada, Greta redactó un escrito memorable, de esos que remueven y ponen a trabajar hasta a las burocracias más momificadas.

Pero volvamos al caso, que por cierto y por la gran fuerza de las mujeres organizadas, se hizo muy visible en los medios masivos de comunicación en estos últimos días. Sí. Aun en esos medios que reproducen los estereotipos más violentos sobre las mujeres; aun en esos medios, aun con esos periodistas, las cámaras dieron espacio inevitable en este mayo a las voces de Lucía y de Greta. Así fue que el caso se hizo público rápidamente y cada vez más viralizado. Claro, el caso resuena porque retrata una más de las tristes y violentas escenas que todas las mujeres vivimos cotidianamente. Y en esa selección los medios no son inocentes. Saben que somos muchas las que sufrimos esa violencia y muchas, significa en el fondo, muchas audiencias. Pero en este contexto de violencia contra las mujeres y de urgente necesidad de concientización, la repercusión mediática es una grandísima herramienta. Y el caso de Lucía es una puerta gigante para entrar al gran tema de la violencia de género. En marzo, un taxista la siguió durante cuadras, en pleno día. La acosó, le dijo cosas que ella no eligió, la siguió, la asustó, la violentó así, sin opciones. Lucía caminó, caminó firme, y unos metros más adelante logró ver a un policía. Se acercó, con esa voz que no tiene dudas y empezó una batalla en plena calle. Con las palabras, con el cuerpo, con las argumentaciones. Y con la esperanza.

– Después de esas dos cuadras de violencia, de persecución, ¿Cómo fue el momento de acercarte y explicarle al policía lo que estaba pasando? ¿Sabía de la existencia de la ley?

El día en que particularmente me pasó todo esto yo estaba harta. Me estaba por acercar al taxista para pedirle que por favor deje de seguirme, para explicarle, como trato de hacer siempre, que pare. Eso depende del humor también, muchas veces me sale putear y es así. Pero algo iba a hacer. No iba a ignorarlo, a mirar para otro lado, a mirar el celular. Entonces caminé y justo vi al policía y dije listo, se lo digo. ¿Por qué tengo que estar todo el tiempo explicando a los tipos que es violento lo que hacen si hay un policía que tiene que ser el encargado de cuidarme, de cuidarnos? Claro, debería ser, ya sabemos lo que es la policía. Pero en este caso, este policía actuó bien y lo paró. Yo le explicaba el tema del acoso al taxista, al policía, a los otros policías que llegaban. Lo explicaba al llegar a la comisaría, cuando me llamaron de la fiscalía; todo el tiempo lo explicaba. Gracias a que estoy organizada en una agrupación de mujeres pude contactarme con una abogada y seguir esto. Estar organizada con otras mujeres en este momento es lo más importante. Mi grupo de amigas me fue acompañando todo el tiempo también, incluso en el mismo momento por whasapp. Me insistieron, me apoyaron para que siga y me ayudaron a buscar la ley que me protegía. En ese momento le pregunté al policía si no existía una ley contra el acoso callejero. Yo me acordaba que se había empezado a discutir pero no sabía si se había sancionado o no. Así que nos enteramos por google ahí mismo sobre la ley, con el policía y el taxista ahí adelante.

– ¿Cómo procedió el policía? ¿Lo detuvo al taxista?

Después de esas dos cuadras, imaginate que yo le dije al policía rápido todo, porque tenía miedo que el taxista se escapara. Quería que lo pare. Básicamente le dije que me estaba siguiendo hace dos cuadras y que eso era concretamente acoso callejero. El policía le pidió que se baje del auto, le pidió la documentación. Yo les expliqué a los dos por qué eso era acoso callejero, porque las mujeres lo sufrimos cotidianamente, todo el tiempo, todos los días, porque lo tenemos naturalizado desde chiquitas, todo eso les expliqué. Le dije a ese señor que en el contexto de violencia que estamos viviendo, donde hay un femicidio por día, donde hay una mujer muerta por día víctima de la violencia machista, tenemos que estar caminando con miedo, cambiando nuestras prácticas, cruzar de vereda por tipos como él. Yo no te conozco, le dije. No sé si sos un violador, sos un femicida. Ahora son las 3 de la tarde y como si nada me seguiste diciéndome cosas. Imaginate si lo hacés a las 3 de la mañana, yo salgo corriendo. Así que yo intentaba explicarle todo eso. Le pregunté si no tenía una hija, una hermana. Y me dijo que sí, que tenía una hija. Pensá que a tu hija esto que acabas de hacer vos le pasa todo el tiempo. Que le digan cosas en la calle, en el subte, en el tren, en el colectivo le pasa cotidianamente. Nosotras lo recibimos todo el tiempo sin que nadie nos pregunte si queremos escuchar lo que ustedes tienen para decir, sin ningún tipo de consentimiento nuestro. Pensalo por tu hija por lo menos, le dije.

– ¿Y qué te dijo el tipo cuando le dijiste todo eso?

Y ahí el tipo me pidió perdón. Yo le dije que no le quería cagar la vida pero que no me alcanzaba con el perdón. Le dije que no quería que me pida perdón, quería que se lo cuente a los amigos, a la familia, a toda la gente que conociera, porque yo lo que quiero es caminar tranquila por la calle, no que me pida perdón. No me sirve, le dije, porque me va a seguir pasando con otras personas o incluso con él mismo. Mientras, yo le preguntaba al policía qué ley me amparaba contra el acoso callejero, como te contaba. Googleamos y el policía me dijo que si quería hacer la denuncia iba a poder hacerla pero bajo la figura de hostigamiento. Y me aclaró que podía quedar en la nada. Me preguntó si quería hacer la denuncia igual. Le dije que sí, que la quería hacer. Yo quería llegar hasta donde se pudiera llegar. Jamás me imaginé que iba a ser hasta acá, que iba a pasar todo esto. Así que cuando me tomaron la denuncia por acoso sexual callejero, yo no lo podía creer. Estaba emocionada por completo. Después salí de la comisaría y obvio, me volvieron a acosar.

– ¿Cómo?

Sí. Me río porque hay gente que me pregunta, después de ese 20 de marzo, ¿volviste a ser acosada en la calle? Si, obviamente son preguntas que me hacen hombres, porque las mujeres sabemos que sí. Ese día salí de la comisaría con la denuncia por acoso sexual callejero, hice una cuadra para tomar el colectivo y un grupito de pibes me empezó a decir de todo por la calle. Es esto. Nos pasa todo el tiempo, es así. Ojalá que reflexionemos cada vez más entre todos sobre esto porque es terrible. En estos días con todo lo que me pasó, empecé a acordarme de un montón de situaciones de acoso que viví, más de chica, que no me acordaba. No las había borrado de la memoria pero nunca las había charlado con nadie, ni con mi mamá, ni con mis amigas. Mi mamá de hecho esta semana estaba muy conmovida con esto que pasó. Mis viejos, los dos, me decían siempre que es muy difícil cambiar estas cosas, que cuesta mucho porque son culturales y difíciles. Y ahora, los dos que son docentes, quieren hacer talleres de género. Está bueno, por lo menos ahora lo ven, aunque sea de esta forma.

– Ya que hablás de cambios, me interesa profundizar en tu propio proceso de reflexiones y movimientos a partir de este caso que protagonizaste, que ya es de todas nosotras, por cierto. ¿Cuáles fueron los procesos internos, las sensaciones que atravesaste desde aquella tarde de violencia, de persecución, hasta hoy?

Uh, las sensaciones son muchas. Creo que la sensación que tengo, la que más predomina, es la certeza de que se pueden cambiar las cosas. Que aunque nos digan que no se puede, se puede. Hace unos días estuvimos charlando con las chicas de Acción Respeto y ellas contaban cómo nació su organización, las primeras campañas que hicieron con frases que fueron armando de experiencias propias, con frases horribles que escuchamos muchas veces las mujeres cuando transitamos los espacios públicos. Recuerdo que la consigna debajo de las frases era “si te incomoda leerlo, imaginate escucharlo”. Esa campaña fue en el 2014. Y fue más o menos en ese momento que yo empecé a cuestionarme lo del acoso callejero, empecé a desnaturalizarlo, a pensar. Eso me generó muchas cosas, todavía me genera tantas cosas. Esto de que todo el tiempo tenés que estar pensando que te van a decir algo violento y la idea de que aunque no te digan nada, sentís que constantemente te lo pueden decir. Eso es cotidiano y como mujeres nos pone en un lugar horrible, vulnerable. Lo primero que empecé a hacer una vez que lo desnaturalicé fue empezar a contestar, me salió así. A los que me dicen algo o me tocan la bocina, les empecé a contestar. El año pasado en un colectivo, un grupo de chicos me estaba diciendo cosas sobre mi cuerpo. Y a mí me salió hablarles, les dije que no me parecía bien lo que hacían, que como mujer me pasaba esto todo el tiempo, que es insoportable. Les pregunté si tenían una novia, una hermana, una prima y les dije que seguramente a ellas les pasa lo mismo constantemente. Nos ponen como objeto en los espacios públicos mientras ellos son sujetos. Y pasó algo ahí. Yo me senté en ese momento, en otro asiento y pasó una chica a estar parada donde estaba yo. Le empezaron a decir cosas también a ella. Y ella también les contestó algo muy parecido a lo que yo les contesté. Los escuchó todo el colectivo y quedaron totalmente en evidencia. Estas cosas se empiezan a dar y son parte de esa sensación de que se puede. Claro que el tema de contestar es difícil también. Hay momentos donde me parece que está bueno y se puede hacer, como en ciertas situaciones en la calle o en los espacios públicos y hay otras veces en las que por supuesto que no, porque tenemos que cuidarnos y protegernos nosotras primero. Lamentablemente si no nos cuida nadie, si los que deberían hacerlo no lo hacen, si el estado no lo hace, nos tenemos que cuidar nosotras. Y organizarse con otras mujeres es clave. Las chicas de Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana), también mis compañeras de militancia, mis amigas, fueron las que me insistieron para que escriba una nota. Que se entere todo el mundo que existe esta ley, me decían. Con el apoyo de ellas todo fue distinto. No se hubiera enterado más nadie sino.

-¿Cómo llegaste a Mumalá? ¿Cómo fue tu vinculación con los colectivos de mujeres?

A ellas llegué hace 5 años más o menos, cuando yo empecé a participar en un movimiento estudiantil que se llama Movimiento Universitario Sur. Al año siguiente se creó Mumalá y participamos en varias actividades con ellas, a las chicas ya las conocía de la militancia. Fue gracias a eso que yo empecé a cuestionarme muchísimas cosas. Cuando empezamos a pensar las problemáticas de género y el tema del machismo, fue fuerte. Cuando ves el tema de la violencia de género ves que es mucho más profundo y que tiene un montón de aspectos que van reproduciendo constantemente esta cultura machista. Es difícil pensar cómo se puede cambiar. Pero creo que lo más importante es estar constantemente conscientes de esa realidad. Me parece fundamental eso y el hecho de estar organizadas. Yo podría hablar con mis amigas o la gente que conozco, pero así, organizadas, es como llegamos a más gente, se hace más grande. Yo lo de los medios no lo puedo creer todavía, es muy bueno para avanzar en este sentido. Gracias a ellas avanzamos y también a iniciativas como la de otra compañera, Victoria Donda, que había presentado el año pasado un proyecto de ley nacional que sanciona el acoso callejero y que justamente esta semana se trató en la Comisión de Legislación Penal del Congreso de la Nación. Todo eso me pone muy contenta. Decir que se puede cambiar esto nos obliga a tratar de hacer algo para cambiar las cosas, en este caso la desigualdad de género que sufrimos y tener eso en cuenta constantemente. Que pensemos en otras cosas es lo que quieren que hagamos. Pensar en la desigualdad de género que sufrimos es lo que me impulsó a hacer la denuncia y decir basta, no quiero bancarme más esto, no quiero que se lo banquen más mis amigas, ni las niñas chiquitas que crecen con esto, viviendo esto en la calle y sintiéndonos culpables nosotras. Me costó mucho a mí desnaturalizar eso. Por eso estamos muy esperanzadas de que sí se puede cambiar la realidad. Pero para eso tenemos que estar organizadas, sino es mucho más difícil. Lo que yo hice fue la denuncia, pero gracias a estar organizadas me pude contactar con Greta, que fue fundamental para todo esto. El escrito que presentamos, fue fundamental para que se cumpla la ley y la forma de pedir la sanción para el taxista. La repercusión mediática fue increíble y fue también organizada por Mumalá y otros colectivos que replicaron. Eso demuestra que no estamos solas. Somos un montón, estamos organizadas y estamos avanzando.


Greta entra con su voz, con su fuerza en esta historia. Greta Ter Akopian es la abogada de Lucía y la que acompañó el proceso legal para el desenlace que conocemos. Tiene ganada una batalla muy importante que desborda el caso de Lucía. Lo que Greta logró es renovar la esperanza en el gran colectivo de mujeres respecto a la posibilidad de que las leyes se cumplan, nos amparen, nos protejan al fin. Aun cuando los procesos son lentos y los avances pocos, Greta no se queda quieta. Además de su trabajo como abogada en cuestiones de género, para pelear contra el acoso callejero fundó LIDA (Libres de Acoso Callejero). La escucho y otra vez, con otra voz, aparece la claridad.

– ¿Cómo te vinculaste con el caso de Lucía?

Me vinculé a través de Silvia Saravia, la directora ejecutiva de InnoBA (Instituto de Investigación para una Nueva Buenos Aires), donde formo parte de la Coordinación General de Género. Ella conocía a Lucía y sabía que había hecho una denuncia por acoso callejero y que le habían tomado efectivamente así la denuncia en la Comisaría, por lo que despertó mi interés, porque soy directora de LIDA, organización contra el acoso callejero. Así fue que nos pusimos en contacto, para saber en primer lugar qué había pasado con esa denuncia. Luego de hacer las investigaciones correspondientes, supe que estaba radicada la causa en una Fiscalía pero aún no tenía ninguna resolución para dar lugar a la denuncia. Por eso armé rápidamente una presentación en la fiscalía para que se de curso a la causa y no se archive ni desestime.

– ¿En LIDA reciben este tipo de denuncias regularmente? ¿Cómo trabajan con este tipo de casos?

Nunca habíamos recibido una denuncia en estos términos. Las denuncias que nos hacen son más como una manera de expresar la bronca o el repudio ante una situación de acoso callejero, pero nunca había sido – hasta ahora – con la finalidad de que quede plasmada en una denuncia formal. Nuestra idea es que a partir de este caso, y de la entrada en vigencia de la ley de acoso callejero en la Ciudad de Buenos Aires, podamos ayudar en la asesoría y patrocinio de casos de acoso callejero. Pero siempre coordinando con sectores estatales, que son los obligados y responsables de poner en práctica la ley. Ahora hicimos contacto con el Observatorio contra el Acoso, que es reciente, para hacerle llegar propuestas y contenido sobre este tema.

– Al momento de hacer la denuncia ¿el policía puso el término “acoso”? ¿Que la tomen así legalmente en una denuncia también es algo novedoso?

Lucía: los policías no conocían la ley, no sabían como llamarla. Después se acercó un policía que me dijo era abogado y que conocía más de la ley. Pero cuando me tomaron la denuncia, la ley que citaron era anterior. Es una ley sancionada en el 2015 que lo único que hace es definir el acoso callejero y declarar un día en el año como día de lucha contra el acoso callejero. Igual nos sirvió que la figura legal que en ese momento colocaron haya sido la de acoso sexual callejero.

Greta: y como es una ley reciente la de acoso callejero, fue algo nuevo para mí también. No sabía efectivamente con qué me iba a encontrar. Podían desestimar la denuncia, el denunciado podría no haber ido a la mediación, o podría no haber aceptado la pretensión planteada por Lucía que es la denunciante. Lo único que quedaba por hacer era tratar de actuar de manera rápida y eficiente, por eso seguí de cerca la causa una vez que entró. Tal es así que en sólo dos meses desde la denuncia terminó el proceso.

– ¿La mediación judicial es la última instancia del caso? ¿Tuvieron un encuentro con el taxista durante la mediación?

Greta: En este caso puntual la mediación sí lo fue, pero podría haberse aplicado una multa o el trabajo comunitario que se prevé en la ley (at. 65 bis Código Contravencional de la Ciudad). En este caso, la Fiscalía nos propuso una audiencia de mediación para que el denunciado acuda a un curso en materia de violencia de género. Yo solicité expresamente que la audiencia ocurra en cuartos separados para que Lucía no tuviera que cruzarse ni tener ningún encuentro con el acosador. Pero hay fiscalías que no admiten la posibilidad de mediación y que van directamente a audiencia de suspensión de juicio a prueba (probation). Como es un tema nuevo, esto suscitó opiniones encontradas. Lo cierto es que es el primer caso de una persona que sufre acoso callejero y que no queda en la impunidad, que no le desestiman la denuncia. Incluso hay casos que ni siquiera llegan a tomársela en primer lugar en la comisaría.

– Y en esta comisaría, ¿cómo fue el procedimiento?

Lucía: cuando llegué a la comisaría la declaración me la tomó una chica policía, a la que yo le iba a explicar todo y ella me dijo: “estamos con vos, quedate tranquila, acá me explicaron los compañeros todo lo que pasó”. Ella estaba muy contenta de tomar esta denuncia. Me dijo que era la primera vez que estaba tomando una denuncia de este estilo. Y me dijo que también estaba cansada de que la acosen. Los que no sabían cómo seguía el procedimiento eran los de la fiscalía. La policía se comunicó en el momento que habíamos parado al señor para saber cómo seguía el procedimiento y la fiscalía no lo sabía. Estuvimos una hora y media en la calle, dando vueltas esperando el procedimiento. Yo lo que rescato es la predisposición personal en este caso, por supuesto, la de ese policía y la de los que me tocaron, que fue muy buena. Aclaro que es personal, porque no hubo por ejemplo ninguna capacitación para los policías, que era lo que la ley contemplaba, ni tampoco al personal judicial, ni campañas de concientización sobre el acoso. Por eso creo que esto es un punto de inflexión para que todo eso se pueda empezar a implementar.

Greta: Claro, la ley exige que antes de la entrada en vigencia, se debe capacitar a todo el personal policial, administrativo y del ministerio público para que sepan cómo actuar ante situaciones de denuncia de acoso callejero. Y la realidad es que ningún empleado estatal fue capacitado. Por eso el policía que paró Lucía en la calle no sabía la existencia de la ley y tuvo que buscarla en internet.

– Después de la mediación, se estipuló que el taxista tiene que hacer un curso en la ex Esma, ¿El curso es sobre la temática de sensibilización en derechos?, ¿No había ningún curso específicamente sobre violencia de género?, ¿Pudieron elegir ustedes la temática o la determinó la justicia?

Greta: nos ofrecieron en la Fiscalía sólo 2 cursos. Uno sobre violencia intrafamiliar, y otro sobre diversidad, derechos humanos y convivencia. El primero no tenía ninguna relación con lo sucedido, porque eran dos desconocidos que nada tenían que ver con una relación familiar, así que lo descartamos. Decidimos que acuda al segundo porque era la única opción y Lucía estuvo de acuerdo con ésto, que era lo más importante. Esto lo destaco porque cada caso es particular y es importante que la víctima pueda decidir si la propuesta se adecúa a lo que pretende, a su idea de reparación. Habrá gente que podrá considerar que tiene que aplicarse directamente la multa económica, porque así lo establece la ley de acoso callejero y esa decisión también será correcta.

Lucía: Claro. Cuando a mí me llamaron para preguntarme si quería ir a una mediación yo les dije que si. Ahí me dijeron que las opciones que tenía eran las de llegar a un acuerdo económico o que él tenga que hacer un curso de convivencia ciudadana o de género. Por supuesto les dije que prefería el de género, porque me parece muy importante que podamos concientizarnos más sobre estos temas. ¿Sabés cuál fue la primera respuesta de él cuando el policía lo paró? “Pero yo no hice nada malo, solo te estaba pidiendo el teléfono”. Ni siquiera estaba registrando que era violento. Por eso me parece fundamental que podamos reeducarlos sobre estos temas. Y ahí tenemos que hablar de otras cosas, como la Ley de Educación Sexual Integral también, que se aprobó hace 11 años para todo el territorio nacional y casi no se aplica. Las chicas de Mumalá hicieron una encuesta el año pasado sobre la aplicación de esta ley y el resultado que tuvieron fue tremendo: en las escuelas medias que encuestaron sólo se trabaja 2 horas por año en temáticas de educación sexual integral. Dentro de los contenidos de esta ley está justamente la concientización y la erradicación del acoso y los abusos, algo que es fundamental para construir una sociedad más igualitaria. Entonces me pareció muy bien que un curso de género se aplique en este caso. Lo charlamos con Greta y con las compañeras de Mumalá y le planteamos eso a la mediadora. Cuando fuimos a firmar el acuerdo leímos que el nombre del curso ni siquiera tenía la palabra “mujer”. Decía “Curso sobre Convivencia, Diversidad y Derechos Humanos”. Preguntamos por qué, pedimos el programa del curso, consultamos si no había otro tipo de cursos sobre género. Nos dijeron que sólo había dos, el de violencia doméstica y este. Y entonces elegimos este, como decía Greta. Creímos que el otro no se adaptaba a lo que nosotras queríamos, no era específico sobre la violencia de género, justamente porque no se da sólo dentro del hogar, ese es el problema. Se da en todos los ámbitos. Nos planteamos entonces la idea de que con toda la repercusión mediática que estábamos teniendo con el caso, estaba bien llegar a un acuerdo y mirar para adelante. Entre los muchos temas que tiene que asegurar el estado y que no había asegurado ni asegura, como por ejemplo, las capacitaciones y la difusión de la ley, buscamos sumar el pedido por la existencia de un curso específico en estos temas, para concientizarnos todas y todos sobre las problemáticas y desigualdades de género que vivimos las mujeres en la sociedad.

– ¿Y por qué no circuló en los medios el nombre completo del taxista? Siento que le protegen la identidad porque es hombre. De Lucía, que es la que denuncia y la víctima, se publica el nombre completo en todas las notas. ¿No debería publicarse el nombre de él también o por cuestiones legales no se hace?

Greta: Si les interesa saber quiénes son los que acosan, basta con salir a dar una vuelta por la calle y observar la cantidad de hombres que se la pasan acosando y hacer la denuncia. ¿Por qué debería circular el nombre completo del taxista? En este caso en particular, Lucía consideró que no era importante ni el nombre ni la cara de él, porque el acoso callejero es la forma más extendida y naturalizada de violencia contra la mujer, y personas como este denunciado hay miles. Más que escrachar a alguien con su cara y sus datos, nosotras creemos que lo importante es generar conciencia a nivel social, lograr instalar el mensaje de que el acoso callejero no tiene por qué quedar en la impunidad ni ser minimizado. Esta persona que acosó en este caso concreto, tendrá que acudir a un curso. Eso es lo que quisimos transmitir como relevante. Y la cara y el nombre completo de Lucía fue publicado porque ella quiso que así fuera, para concientizar y generar un debate en la sociedad y que por otra parte terminó replicándose en otros países. Ella tiene una formación feminista, transmitió muy claramente cuáles son sus valores, ideales y creencias suyas sobre la necesidad de erradicar el acoso callejero de esta sociedad. Es importante que existan personas como Lucía porque contagian el entusiasmo y el mensaje de que tenemos que alzar la voz. Frente a la violencia machista no tenemos que callar, sino movilizar todos los mecanismos, tanto estatales como privados, para que el daño sufrido no quede en la nada. Nadie tiene el deber de soportar un daño injustamente sufrido. Y yo, desde mi lugar de abogada y también con formación feminista, considero imprescindible que el Derecho se aplique de forma efectiva y eficaz para todos los casos de acoso callejero. Es tan importante la prevención como la sanción y la reparación. Y los derechos constitucionales como el derecho al libre tránsito, se encuentran gravemente restringidos cuando nos acosan en la calle así, porque terminamos condicionando nuestra hora de salir, cómo nos vestimos, por dónde nos movemos, todo para no ser acosadas. Esto y otra infinita cantidad de situaciones estresantes y traumatizantes, como persecuciones, exhibiciones obscenas, abuso sexual, violaciones o secuestros que muchísimas mujeres pasamos de una u otra forma.

– ¿Qué perspectivas tenés de acá en más respecto a este tipo de casos? ¿Crees que otra mujer como Lucía puede hacer una denuncia similar y llegar al mismo desenlace? El hecho de que sea el primero supongo que aceitará algunos procesos y mantendrá otros sin modificación ¿cuáles son para vos los procesos legales concretos que se deberían mover y modificarse con este antecedente frente al acoso callejero?

Greta: Así como este primer caso fue un caso exitoso, en el sentido de que efectivamente el denunciado tuvo una consecuencia por lo que hizo, yo creo que van a existir otros casos que encuentren un resultado similar, porque la ley está vigente y ante una situación de acoso, con la denuncia hecha se puede avanzar. Creo también que tiene que crearse un organismo estatal que se ocupe específicamente de esta temática en todas sus esferas. Por ejemplo, si bien la ley de protección integral de las mujeres establece que el patrocinio jurídico es gratuito para casos de violencia de género, no se sabe si para estos casos, si una mujer denuncia, efectivamente el patrocinio es gratuito. Y otro tema, como decíamos, es la creación de un curso específico en materia de acoso callejero. Si bien la ley no establece esto, es una facultad de las fiscalías ofrecerlo y de hecho se aplica para otras figuras penales o contravencionales también. Queda ver también desde lo legal cuál es el destino de las multas (de $200 a $1000), si son entregadas a las denunciantes o a algún fondo público como ocurre en otros casos. Y algo más grave: no se hace ningún distingo entre acoso callejero a menores o mayores de edad. En todos los casos es un hecho aberrante, pero me repugnan tremendamente las situaciones de acoso a niñas de 10 u 11 años. Sin ser especialista en derecho penal entiendo que tiene que existir un agravante por minoridad.

– Lucía, ¿Sentiste en algún momento del proceso que no iba a avanzar tu denuncia o que ibas a perderla?, ¿Qué expectativas tenés de ahora en más después de tu caso?

Lucía: Expectativas de que se resolviera así no tenía. Pensé que podía llegar a pasar algo pero no tenía muchas expectativas. Hasta que me contacté con Greta no sabía muy bien cómo avanzar. Algunas amigas abogadas me decían que tenía que ir a la fiscalía, a ver en qué estado estaba la causa. Pero me sentía un poco desesperanzada, iba a ir a ver cómo seguía la causa pero pensando en el fondo que no iba a pasar mucho. Cuando me contacté con ella fue que empezó a avanzar todo. Ella se enteró que estaban por archivar la causa y se apuró a presentar el escrito. Y cuando yo leí el escrito de Greta, caí y dije, no podemos no avanzar con todo esto que dice acá, con este material. Greta lo hizo con muchísimos argumentos, muchas opciones, realmente fue increíble lo que ella hizo para esta causa. Y mis expectativas son varias. En principio, que ahora en Capital Federal existe una ley que sanciona el acoso callejero y que todas y todos podemos hacerla funcionar, que sepamos eso me parece fundamental. Está tan legitimado que ni siquiera se ve como una práctica violenta el acoso. Que se haya hecho visible este caso es sumamente importante para seguir desarticulando este tipo de prácticas. Y también el hecho de que las mujeres tengamos la posibilidad de denunciar estos casos, más allá de que conozcamos la identidad de la persona que nos agredió. Es parte de la visibilización del problema, un alerta que mostramos, un límite a esta violencia que no queremos que nos pase más. Después de todo esto espero que muchas y muchos nos podamos cuestionar mucho más profundamente estos temas. Un amigo me contaba el otro día que escuchó por la calle a un par de chicos que decían, “uh, ahora no se puede decir más piropos a las chicas, ¿viste?”. Entendiendo por qué o no, se empezó a cuestionar. Y eso es muy importante. No quedarnos calladas ni callados. Si hay un acoso, a una chica, a un chico gay, trans, lesbiana, a una mujer, a cualquiera, no nos podemos callar, porque la ley también incluye este tipo de agresiones por género, por identidad o por orientación sexual. Está bueno que lo sepamos, que podamos intervenir, que no miremos para otro lado. La legitimación que se da en la calle por el resto de las personas también hace que esta práctica siga existiendo. Si las personas que ven este tipo de situaciones empiezan a intervenir, creo que los que las llevan adelante se pueden ver cuestionados, por hombres y mujeres. También es una forma muy importante de empezar a desnaturalizar todo esto, construyendo juntas y juntos.

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