Le venimos a discutir a este mundo. El Encuentro Binacional Travesti Trans desde la voz de Violeta Alegre

Por Jennifer Löcher.

Se acerca el Paro Internacional de Mujeres el 8 de marzo y al colectivo travesti trans le surge el interrogante: ¿Qué rol jugamos nosotras en eso? Tanto en el paro como en los movimientos de mujeres durante el año, ¿qué lugar ocupan las identidades travesti y trans? ¿Las agendas son las mismas? ¿Las necesidades y luchas van de la mano? Estas y otras preguntas se plantearon en el Primer Encuentro Binacional Travesti Trans que se realizó el 10 de febrero en la Ciudad de Buenos Aires en el Bachillerato Popular Mocha Celis. Suena la voz de Violeta Alegre, referente del colectivo travesti trans, diplomada en Género y Política y co-organizadora del Encuentro.

Violeta Alegre

¿Cómo surgió la idea de organizar el Encuentro Binacional Travesti Trans? ¿Cuáles fueron las inquietudes, necesidades y deseos que le dieron inicio?

Nace en el ELLA 2017, el Encuentro Latinoamericano de Mujeres, en donde dimos unos talleres con una compañera de Uruguay, Josefina González. Los talleres fueron riquísimos, como también lo fue compartir el espacio en Cali, Colombia. Allí entendimos muchas cuestiones, como ocurre cuando te topás con otras realidades, con otros territorios, con otras trayectorias, otros tipos de feminismos también. Vinimos muy enriquecidas de esa experiencia.

En diálogo con Josefina y Patricia Xiomara, una chica trans de Mendoza, dijimos que tenemos que seguir, que necesitamos estar un poco más insertas en la organización de ese tipo de espacios porque éramos cinco, seis, a comparación de miles de mujeres.

Ya venía la vorágine por el 8M y dijimos que, antes de ver cómo participamos de esta marcha multitudinaria, parémonos a pensar. ¿Es la misma agenda? ¿Queremos participar del 8M? ¿Bajo qué consigna? ¿Nos abrazan todas las consignas? ¿Tenemos que tener nuestras propias consignas? ¿Cómo hacemos? No quisimos ser atrevidas en ese sentido, entonces se genera el espacio del Encuentro Binacional para que podamos encontrarnos entre muchas compañeras, las que puedan y quieran participar. Así se generó ese espacio para ver cómo participamos en el 8M.

Entiendo que hay un objetivo concreto y cercano que tiene que ver con la participación en el 8M. Pero a la vez pareciera que también hay un objetivo a largo plazo, ¿no?

Sí, claro. El encuentro venía también a pensar una agenda. La idea es quedar en contacto con las que estuvieron, tratar de seguir generando el espacio para que puedan venir otras y, sobre todo, pensar en una agenda, en conjunto con los feminismos, y ver cómo seguimos en esta lucha.

Es importante poder encontrarnos entre nosotras para pensarnos y para hablar cuestiones que tenemos también entre nosotras mismas. Por eso la convocatoria fue para feminidades travesti y trans. Tuvimos el debate sobre la posible participación de masculinidades trans y pensamos que, en estas particularidades, nos pensamos desde los cuerpos, nos pensamos desde la mayoría de las trayectorias, y entonces teníamos que tener ese espacio para nosotras.

Una de las preguntas que estaban en la convocatoria para el encuentro fue: ¿Qué lugar ocupan las travestis y trans dentro de los movimientos feministas actuales? ¿Llegaron a formular una respuesta?

Tenemos más preguntas que respuestas. Sabemos que los movimientos feministas son amplios. No hay un feminismo, sino que hay muchos feminismos y por ende muchas feministas y no todas tienen la misma mirada ni la misma recepción. Desde ahí, es un desafío porque hay feministas que no aceptan todavía a las personas trans porque no nos leen dentro del feminismo. Su idea del feminismo es mujeril y biologicista. Les molestamos. Y eso se nota.

Y, por supuesto, nuestra agenda es diferente. No tenemos la misma agenda que las mujeres ni los mismos reclamos. Eso no quiere decir que los dejemos de abrazar, pero también queremos que entiendan que nosotras tenemos una emergencia. Nos están matando, somos pocas, y necesitamos el apoyo de los movimientos feministas para poder dar esta batalla. Solas no podemos. Sin organización, sin colectivizar la lucha no se puede. A mí no me sirve figurar en un documento el 8M y que después en el transcurso del año nos sigan matando y estemos las 40 de siempre llorando en una plaza. El abrazo tiene que estar de parte del movimiento feminista, entendiendo nuestra emergencia.

Me tocó estar con personas hermosas y que nos entienden en la lucha. Marta Dillon, por ejemplo, y otra gente que ha sido particularmente alentadora. Yo creo que hay buena predisposición por parte de los movimientos feministas para entrar en diálogo, para aprender. Tienen muchas cosas que aprender de nosotras también. Ese diálogo se está empezando a dar. Dentro de eso, es necesario que ocupemos espacios porque cuando llegás a la asamblea y están hablando todas de mujeres, automáticamente, cuando levantan la mirada y te ven a vos, dicen “mujeres y travestis y trans”. Lograr esas cositas, que parecen sutiles, lo hace la presencia y lo hace ocupar espacios.

Después hay un montón de cosas para discutir, cuestiones de clase y muchas cuestiones más políticas. Pero a mí me parece que hay una apertura para entrar en diálogo y eso es super valioso.

¿Ves un horizonte con buenas expectativas?

Sí. Coyunturalmente está todo muy difícil. Pero por parte de los movimientos, yo creo que van entendiendo.

Después están las cuestiones más políticas del feminismo, que nos cuesta habitar. Son discusiones teóricas, discusiones filosóficas, son discusiones para las que tenés que leer, entender y que requiere estudiar. Entender a Butler es difícil. Una post-identitaria. Todas esas cuestiones todavía no son diálogos del colectivo trans porque estamos en una realidad más emergente. Cuando están matando a las chicas que están en situación de prostitución y que están sobreviviendo, vos llegás con un discurso postidentitario o les decís “Las mujeres se tienen que des-identificar de lo mujer”, y te miran como diciendo “¿De qué estás hablando?”. Porque, obviamente, cuesta. Son discusiones teóricas que requieren mucho estudio y mucho análisis.

Esa es una cuestión del feminismo en general, no solamente de las trans. ¿Por qué una se acerca al feminismo? Mayormente nos acercamos por entender a un sistema y por notar esas desigualdades que nos afectan. Entramos al feminismo desde un lugar personal. Sin embargo, despueś no nos podemos quedar nada más ahí. Hay que seguir estudiando, leyendo, tratando de entender. Porque de lo contrario, ser feminista queda como una especie de título universal y después no entendés un montón de otras realidades. Y justamente, le venimos a discutir a este mundo. No es que solamente nos estamos pensando nosotras a nosotras mismas. Venimos a discutirle a un mundo que está hecho mierda.

Estás definiendo lo que significa para vos ser feminista, ¿verdad? Es venir a discutirle al mundo ¿qué?

Para mí es primero reconocernos como sujetas de un sistema de opresión. Esa sujeta no es solamente la mujer, somos las feminidades. Eso lo tenemos que traducir a una lucha para poder darle batalla al sistema de opresión que nos está matando. Tan simple como eso. Es una herramienta política potentísima. Tenemos que estudiarla, entenderla y poder unirnos. Porque nos tiene que unir el feminismo. A todas y a todos y a todes. Nos tiene que unir porque hay un trasfondo que son poderes, tiene que ver la economía, tiene que ver la reproducción de la violencia, tienen que ver las responsabilidades del estado.

Está buenísima toda la vorágine que se está dando respecto de los movimientos feministas, inclusive en los medios de comunciación masivos. Por más que me enoje y discuto. Escribo mucho y soy bastante crítica a las feministas que nos tienen invisibilizadas, y hasta digo que si no nos visibilizan son cómplices de nuestras muertes. Es fuerte. Pero son cómplices, porque por omisión y al no hacernos visibles en esa lucha en la que estamos insertas, para mí hay una cuestión de complicidad.

Volviendo al Encuentro: ¿Cómo estuvo el día del Encuentro?

Estuvimos debatiendo en modalidad de asamblea, todas estuvimos en diálogo y empezamos a redactar el párrafo con las consignas que queremos que estén incluidas en el 8M. Otra de las cuestiones que hablamos y que se vio como algo difícil, pero yo no lo veo difícil, fue el tema de que una de las chicas trans sea quien lea el documento el 8M. Siempre lo leyó Liliana Daunes. Para que no se generen disputas, siempre lee ella. Nosotras dijimos no. Por lo menos un párrafo o una parte del documento, lo tiene que leer una chica trans.

¿Eso lo van a llevar a las asambleas?

Sí. Calculo que este viernes (por el viernes 24) voy llevar nuestras consignas. Probablemente se van a armar comisiones. La cosa que proponía Alma Fernández era armar una comisión travesti trans, así que ahí ya presentamos nuestro párrafo para sumar al documento.

¿Cuánta gente participó del encuentro y de qué lugares llegaron?

Éramos cerca de veinte. Había chicas de Mendoza, de acá de Buenos Aires, de Uruguay y se sumaron chicas de Chile, así que no fue binacional, terminó siendo trinacional. Eso estuvo buenísimo. La mayoría de las chicas eran de acá de Buenos Aires. Estaban Susy Shock y Marlene Wayar, grandes referentes del movimiento. No vamos a decir que fue poco, para nosotras fue gigante.

¿Por qué creés que no fue más gente?

Muchas compañeras no pudieron venir por falta de recursos. Intentamos conseguir presupuesto pero la verdad que fue imposible. Tuvimos colaboración solamente de una organización de Mendoza que pudo pagar el pasaje de tres compañeras. Eso también habla de la pobreza estructural en la que estamos. Cuando no estás metida en un partido político o en una organización, y tratás de generar los espacios desde la autogestión, desde el mismísimo activismo y el compromiso, es super difícil.

¿Querés agregar algo más?

Estamos en el proceso de colectivizar y unir la lucha, de entender que hay que descentralizar al feminismo y que no se trata sólo de nuestras necesidades. Hay que tener una empatía radical para poder embarcarnos en esta ola.

Y a la vez hay todo un sistema del que es parte, por ejemplo, la tecnología. La tecnología, con la cuestión del narcicismo, nos puede jugar en contra de la empatía. Tenemos que pensar absolutamente todo, hasta lo que parece lo más sutil, porque si no, el capitalismo y el patriarcado nos pisan los talones. Se empiezan a apropiar de nuestras luchas y ahí tenemos que estar pillas para poder darle un volantazo y por lo menos desorientarlos.

Otras cuestión es lo masivo. Lo que logró el Ni Una Menos es muy importante acá en Argentina, visibilizó muchas cosas. Aunque, por supuesto, el feminismo es histórico y viene de mucho antes que el Ni Una Menos.

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