¿Cómo llegaste al feminismo? – Candelaria Botto –

Por Jennifer Löcher.
Ilustración de tapa por Maricielo.

Una pregunta, una respuesta, todos los meses.

Una pregunta que interpela la propia biografía, charlas con amigas, familiares, desconocidas, compañeras. La trama de la sororidad, de los errores cometidos, de avances y retrocesos, corridas y tropezones, de las experiencias y las reflexiones. Vidas diferentes con trayectorias diferentes que comparten eso: el feminismo.

Candelaria Botto

Integrante de Economía Feminista.

Leé también la entrevista con Candelaria Botto sobre la reforma laboral y la economía feminista.

¿Cómo llegaste al feminismo?

Es una pregunta compleja en el sentido de que no hubo un momento concreto en el cual entre al feminismo. Más bien fue y es un proceso, el cual reconstruyendolo desde mi visión actual hace que repiense muchos momentos de mi vida antes de autodefinirme como feminista donde sentía un trato desigual por ser mujer, sentía que se esperaban cosas de mí que no se le exigían, por ejemplo, a mi mejor amigo. Por esto, antes incluso de conocer al feminismo siempre supe que la vida era más fácil para los varones, sin entender toda la estructura existente detrás de este hecho. En general tendía a llevarme mejor con ellos, en un punto creía ser uno de ellos y marcaba mucho la distancia entre yo y el resto de las “minitas”. Yo no quería ser madre ni formar familia, yo quería tener una carrera y viajar por el mundo. Por esto el aborto legal, seguro y gratuito fue una de las primeras causas que abrece, pero lejos del feminismo lo pensaba individualmente por la posibilidad de quedar embarazada y la decisión rotunda de no continuar el mismo. Me creía superior al estereotipo de mujer, yo era mujer pero era fuerte. Las cosas que sufrían las chicas les pasaban porque eran boludas y cuando a mi me pasaba me esforzaba porque nadie se enterara, como si fuesen errores personales a esconder, yo no era una boluda.

Tuve una adolescencia marcada por trastornos alimenticios, depresión y consumos problemáticos que terminaron en una relación de mucha manipulación y violencia. Me costó mucho terminar esa relación, tanto que para terminarla definitivamente me fui de viaje por Latinoamérica 4 meses, necesitaba irme. Luego de esa relación fue un trabajo de hormiga, y mucha terapia, volver a armar mi propia voz y mis propios espacios. La facultad fue clave en el proceso de autoconstrucción y la militancia universitaria me dio espacios para exponer lo que pensaba y que fuese tomado en cuenta. Fue por recomendaciones de compañeras que empecé a leer específicamente sobre feminismo, porque lejos esta de formar parte de la curricula obligatoria de mi facultad. Como economista tenía una formación marxista y fue un trabajo aceptar otras dimensiones de desigualdad más allá de la relación capitalista-trabajador. Sin embargo, fue un camino de ida y la epistemología feminista fue algo que me deslumbro, y deslumbra.

Si tuviese que contestar la pregunta con una oración fue después de leer el segundo sexo de Simone que me autoproclame feminista. Sin embargo, hoy puedo decir que primero fui feminista teóricamente, pero fueron las marchas, la militancia y los encuentros nacionales de mujeres, lesbianas, travestis y trans los que me hicieron repensar mi propia vida a través de la perspectiva de género. Esto fue un trabajo difícil porque en mi propia construcción como “no-minita” me costó mucho ponerle nombre de violencia de género a distintas situaciones que había vivido y entender que yo era y soy, una mujer.  Hoy me reivindico como mina feminista. Lo más valioso que tiene el feminismo es que es un camino que no termina hasta que consigamos la igualdad real, la caída del patriarcado y la vivencia de vidas realmente libres. Es por esto que una como feminista repiensa, hacia atrás y hacia adelante, sus vínculos hacia otras mujeres, sus prácticas cotidianas, sus trabajos, en fin, su vida en un proceso que no termina y que suma compañeras a cada paso.

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