Mujeres Movilizadas

Por Jennifer Löcher.

El 2016 fue el año de las movilizaciones de mujeres y de debates sobre la violencia de género en cada vez más sectores de la sociedad. Masivamente se dijo basta al machismo y la violencia patriarcal en el Ni Una Menos el 3 de junio, la marcha del Encuentro de Mujeres el 12 de octubre y el Paro de Mujeres el 19 de octubre. Claudia Korol, Ingrid Beck y Reina Maraz, tres referentes en feminismo y temáticas de género, explican qué significó este año para las mujeres. Logros. Desafíos. Caminos por delante.

¿Están matando a cada vez más mujeres? Las estadísticas confirman que no. En 2010 hubo 260 femicidios, en 2015 fueron 286, según los informes de la Casa del Encuentro. Sin embargo, cada vez más mujeres se sienten interpeladas a visibilizar las situaciones de violencia que sufren y todas las mujeres del país marchan como una gran red de apoyo mutuo. “Si tocan a una, respondemos todas” grita la solidaridad femenina y feminista.

Claudia Korol, feminista y educadora popular del equipo de Educación Popular de Pañuelos en Rebeldía, reflexiona a modo de balance de un año que fue histórico para el movimiento de mujeres. La encontramos en la radio “La Tribu” antes de su programa “Espejos Todavía”. Su hija la acompaña y más tarde, en los mismos pasillos, sacará las fotos de la charla y del brindis con Reina Maraz, felizmente liberada recién.

Eusebia, Claudia Korol y Reina Maraz en La Tribu
Eusebia, Claudia Korol y Reina Maraz (primera fila, de izquierda a derecha)

– ¿Cómo describirías este momento para las mujeres y los colectivos de mujeres haciendo un balance de las marchas de Ni Una Menos?

Korol: Yo creo que es un momento bien interesante y contradictorio. Porque, por un lado, desde el gobierno y el Estado avanza una derechización conservadora que busca arrasar con todo lo que se fue conquistando desde el movimiento de mujeres y el feminismo en muchas décadas de lucha. Pero contradictoriamente es un momento de gran movilización, de gran avance del movimiento y no fue detenido ese nivel de movilización, al menos hasta ahora. Y, por primera vez creo, la posibilidad de que la mayor parte de nuestras demandas y de nuestra interpelación al patriarcado comience a ser algo que trascienda el movimiento histórico de mujeres, para ser de alguna manera asumido por sectores de la sociedad que no tenían nada que ver, o que directamente revestían responsabilidades en las lógicas de dominación y violencia patriarcal. Por primera vez empiezan a ser tocados esos sectores, organizaciones, instituciones, y tienen que responder a eso. Por eso digo que sobre todo es muy contradictorio y muy desafiante para nosotras. Desafiante por lo menos en los términos de que la capacidad de movilización tenga un correlato en la organización, para que no se pierda sólo en las fechas o momentos puntuales. Porque sin organización es imposible que podamos poner freno real a la violencia patriarcal o ejercer nuestros derechos, como el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Pancarta del NiUnaMenos 2016
NiUnaMenos 2016

– ¿Te parece que ciertos sectores de poder usan esta masiva presión social, que es nueva, como estrategia?

Korol: La masividad nos sirvió. Nos sirve porque interpela a la sociedad. Porque, en general, las mujeres viven los hechos de violencia como una situación personal, individual, y se culpabilizan. Entonces, cuando de pronto ves una movilización como Ni Una Menos, ves que somos muchas las que hemos vivido esto. Entonces, es un sistema, el sistema patriarcal. Poder discutir que el patriarcado es un sistema basado en la violencia – nosotras lo discutimos así en los talleres – es totalmente diferente ahora que hace cinco años.

– ¿La clave entonces está en salir del asunto más individual que propone el sistema patriarcal o capitalista, y organizarse?

Korol: Claro. Esa parte es lo más político. Pasar de lo individual a lo colectivo y organizado. Y después está esa parte de la sanación individual, íntima que se da. El otro día estuve en un taller en Chile, con compañeras dirigentes campesinas. Y cuando empezamos a hablar del sistema, fue impresionante. Les doy un caso: ‘Yo iba a ver a mi mamá que estaba presa y me violaban tres milicos. Y yo no lo decía. No lo decía porque quería ver a mi mamá. Tenía 10 años, 11 años. Si lo decía, dejaba de verla. Pero después no me animé a denunciarlo, porque siempre estaba bajo la amenaza de que si lo decía, eran militares. Y ahí hay impunidad.’ Entonces, esa culpa. La primera vez que lo pudo decir, fue ahí, en ese taller. Y ya habían pasado más de cincuenta años. La culpa ya no era ‘me pasó esto’, porque ya se podía dar cuenta de que una niña de 10, 11 años no tiene capacidad de enfrentarse a tres militares y no podía decidir no verla a su mamá. Y no quería tampoco hacerle doler a su mamá diciéndole ‘Para verte, yo tengo que pasar por esto.’ Pero sí le daba culpa no haber denunciado después. Esos procesos son de sanación, porque entonces no es que ella no pudo, sino que el sistema se vale del silencio. Y muchas estamos en silencio. Romper ese silencio es muy estratégico. Y parte de lo que te respondí de la masividad, es eso. Salirse de ese silencio que es tan opresivo.

Al terminar el programa, Reina Maraz brinda junto a sus compañeras en los pasillos de La Tribu. Presa desde 2010, Reina Maraz fue condenada por el crimen de su esposo sin tener acceso a una legítima defensa ni a un traductor que pudiera explicarle de qué se la acusaba. Hablamos con una de sus compañeras, Eusebia, que participa en “MTD Lucha y Libertad”.

– ¿Qué significó para vos participar del movimiento de mujeres y acompañar a Reina Maraz?

Eusebia: Estar en el movimiento, en el colectivo a mí me cambió bastante. Yo era una chica muy callada, no hablaba con nadie. Entonces, cuando nosotros nos enteramos de Reina, cómo estaba pasando estas situaciones, la acompañamos desde el primer momento. Siempre queríamos su libertad de ella. En el movimiento que tenemos nosotras ahora, La Voz de la Mujer, que es una gráfica, ahí constantemente nos hablamos. Me cambió la vida. Me cambió una historia. Ahora soy otra persona, más luchadora. Ya no me callo la boca.

– En la coyuntura actual, ¿qué medios ves para organizarse el movimiento de mujeres respecto de la violencia de género?

Korol: Si vemos las fotos del Ni Una Menos, o del Paro de Mujeres, vemos algunas columnas grandes, pero también veo muchos grupos chiquitos con la foto de la mujer víctima y su grupo de familiares o compañeras o amigos, amigas sobre todo. Y eso son dos tipos de organizaciones que están conviviendo en este momento. Las grandes organizaciones, y después estos grupos que son más bien de afinidad por amistad, pero que son muy potentes en el sostén de los procesos. Sin esos grupos chiquitos no habría esas organizaciones grandes. Y muchas veces no hay demasiada relación entre ellas. En general, yo sí creo que, por un lado, frente a cualquier hecho de violencia, la organización inmediata de compañeros, compañeras, amigos, familiares es fundamental. Y acompañar a esa persona, para que logre salir. Y sí la organización y las articulaciones feministas, como puede ser la Campaña contra las violencias hacia las mujeres o las redes que tenemos, para las demandas más fuertes al Estado o a los tribunales. Y lo otro, escrache a los funcionarios que no lo hacen.”

Le preguntamos a Reina Maraz a través de su intérprete Gilma Calicho:

– ¿Qué significó para vos el movimiento de mujeres en el acompañamiento mientras estuviste en la cárcel?

Maraz: Para mí está muy bien lo que están organizadas las compañeras y las organizaciones, está muy bien. Yo no tenía fuerza, pero pusieron toda su fuerza. Y así se movilizaron, en el frío y el calor.

– ¿Cómo continúa la lucha de ahora en más para vos? ¿Cuáles son los desafíos ahora colectivamente?

Maraz: Desde ahora vamos a luchar todas juntas y vamos por otras Reinas que va a haber que ir a buscar, no vamos a dejarlas ahí adentro. Vamos a ir adelante a seguir luchando. Ahora las compañeras son para mí como hermanas, como una familia.

Resultados del Índice Nacional de Violencia Machista

Así también, en la lógica del crecimiento y la organización, surgió otra iniciativa: el Índice Nacional de Violencia Machista. Ingrid Beck, periodista que convocó al primer Ni Una Menos, también participó de la creación de esta herramienta.

– ¿Cómo crees que se transformó esa propuesta inicial de movilización desde la perspectiva de ustedes que fueron parte de la gestación de la convocatoria?

Beck: Nosotras nos unimos en su momento para manifestarnos en contra de los femicidios, para reclamar muchas cuestiones a todos los poderes del estado y también a los medios de comunicación y a la sociedad civil. Nosotras seguimos trabajando desde ahí pero de manera absolutamente inorgánica. Hay muchos colectivos #Niunamenos, muchos grupos. Desde lo que nosotras integramos nuestro último trabajo en conjunto fue el impulso del primer índice nacional de violencia machista.

El Índice se plantea como herramienta de sensibilización y difusión, y releva la cantidad de mujeres que sufren o sufrieron diferentes tipos de violencia machista. Por ejemplo, un 97% sufrió al menos una vez el acoso en espacios públicos y privados, un 77% la violencia obstétrica, y un 48% la violencia contra la libertad reproductiva dentro de la pareja. Las situaciones de violencia con mayor incidencia se caracterizan, además, por haber sido vividas en más de 5 oportunidades, lo que implica que no se trata de casos aislados y ocasionales, como informa el sitio web.

-¿Qué batallas cotidianas todavía identificás?

Korol: Cómo relacionarnos con toda esa masa de demandas cotidianas inmediatas que se abren a partir de la masificación del tema Porque queremos seguir haciendo las revoluciones que necesitamos. Y eso es un conflicto. Si yo quiero hacer la revolución socialista, feminista, libertaria, pero estoy que no resuelvo el teléfono para que esta mina no la maten esta noche. Y acompañar a tal piba que quiere abortar y no consigue el misoprostol. Y que te pregunten desde Chile si les podés mandar las pastillas. La masa de cosas concretas e inmediatas es tan grande para las redes que hoy tenemos, que a veces la angustia de resolver todo eso nos llena de dificultades para pensar. ¿La revolución será la suma de resolver doscientas pastillas, más hoy, más mañana, más pasado? ¿O es otras cosas que no estamos haciendo? O efectivamente tendrá que crecer el movimiento para que podamos hacer todas las cosas al mismo tiempo.

– ¿Qué desafíos tenemos por delante?

Korol: El gran desafío estratégico es cómo desorganizar la violencia patriarcal. Cómo frenar ese círculo de violencia. Por eso, para mí el Ni Una Menos es muy importante. Culturalmente y simbólicamente. Como fue el Nunca Más. En esa relación. Porque, ‘¿cómo es que los genocidas no estén presos?’ Algunos dicen que ya están viejitos. ‘No no, que estén presos.’ Pero no tanto porque él tiene que estar preso, sino porque estando presos hay otros que saben ‘Ah, yo puedo ir preso porque esto es condenado en este Estado’. Y claro, si hubiera un sistema educativo que pudiera resolverlo, sería maravilloso. Pero mientras tanto, que los genocidas estén presos. Y los femicidas también. Porque queremos cortar el ciclo de violencia. Ojalá tuviéramos un sistema político que pudiera resolverlo sin cárceles. Pero no está. Entonces, mientras tanto, ¿nos van a seguir matando alegremente? Eso hay que tratar de cómo interrumpirlo. Y cuando no lo logramos, bueno, la condena social. Como lo hicieron los H.I.J.O.S cuando los genocidas quedaron en libertad. Entonces, escrache. Escrache a los violentos, escrache a los femicidas, que no puedan andar tranquilos.

– Pensando en que tendrá que crecer el movimiento, ¿vos tenés una perspectiva más bien optimista o pesimista?

Korol: Yo soy de una generación que es optimista por naturaleza. Que llevamos el optimismo en el ADN. Si no, no habríamos seguido hasta ahora. Por lo menos, quienes seguimos hasta ahora. O sea que sí, soy optimista. Creo que hay algo generacional también en esa apuesta, porque por más que tuvimos muchos golpes, también vivimos muchos momentos de la historia donde vimos que los cambios son posibles y se pueden hacer.

A lo largo de la charla con Korol, cristaliza una serie de hechos interrelacionados y vinculados con la masividad de las movilizaciones: Poder comprender que la violencia es la base del sistema patriarcal y que la culpa de la violencia no la tienen las mujeres en situación de violencia. Que las mismas mujeres puedan comprender eso. Romper el silencio, a nivel social en las movilizaciones y debates, y a nivel individual e íntimo para poder iniciar un proceso de sanación. Y como último punto está la articulación entre procesos íntimos y propios de cada mujer con la organización dentro del movimiento de mujeres.

Una de las claves para el futuro radica en este crecimiento del movimiento de mujeres con acciones concretas, ya sean visibles, como el Índice, o no tan visibles, como el acompañamiento a mujeres en situación de violencia. El Estado no genera los recursos suficientes para enfrentar el problema, y desde la nueva gestión los recorta cada vez más. Tomaremos nuestras vidas en nuestras propias manos, a pesar de que no damos abasto con las necesidades inmediatas de ninguna manera. Pero apuntamos al horizonte de un mañana.

Claudia Korol es feminista, coordinadora del Equipo de Educación Popular de Pañuelos en Rebeldía, secretaria de redacción de la revista América Libre y autora de los libros Rebelión, reportaje a la juventud chilena; El Che y los argentinos; Feminismo y Marxismo, diálogo con Fanny Edelman; Chile, entrevista a Gladys Marín.

Ingrid Beck es periodista, integrante del colectivo #NiUnaMenos, directora de la revista satírica Barcelona y de la escuela de periodismo TEA-Arte.

Reina Maraz hace pocos días consiguió su libertad. Estuvo en la cárcel y luego en prisión domiciliaria durante seis años. Es quechua-parlante que entiende muy poco el castellano, y hasta que la Comisión Provincial por la Memoria la encuentra en 2011 en una de sus visitas de monitoreo en la cárcel Los Hornos, no había tenido acceso a ninguna intérprete. No sabía de lo que estaba acusada ni pudo defenderse. Con el apoyo del movimiento de mujeres logró primero la prisión domiciliaria y ahora la libertad. Para saber más de su caso entrá acá.

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