No estás sola. Centro de integración Frida para mujeres en situación de calle

Por Jennifer Löcher.

Es un día lunes. No cualquier lunes, sino el primero de mayo. En la mateada del centro de integración Frida, varias mujeres en ronda están terminando una actividad sobre los derechos laborales, la historia del movimiento obrero y las desigualdades laborales entre hombres y mujeres. Miro alrededor y veo grillas de talleres, carteles con poemas, cajas con nombres de mujeres. Desde la habitación de al lado suena bajito un televisor y por las puertas abiertas del balcón entran los rayos de sol.

El centro de integración Frida es un espacio para mujeres cis y trans en situación de calle donde actualmente viven alrededor de 40 mujeres con y sin hijas o hijos. A diferencia del parador Azucena Villaflor, que es gestionado por el gobierno de la ciudad, acá las mujeres no se tienen que ir a las siete de la mañana para pasar el día en la calle, volver a la noche y esperar que, con suerte, consigan de vuelta una cama. En Frida, las mujeres tienen su lugar seguro las 24 horas y se pueden quedar indefinidamente. Es el único espacio en la ciudad que trabaja de esta manera. Además de las habitantes estables, hay una lista de espera cada vez más larga para entrar. Las mujeres que están en lista de espera tienen acceso a las cuatro comidas, a bañarse, a dejar algunas cosas y a los talleres. Hay mateada, cine debate, teatro, coro, textos literarios, fútbol, talleres de vínculos, biblioteca, arte y reciclado, apoyo escolar. El objetivo del lugar es brindar un acompañamiento en función de los deseos y en qué quieren desarrollarse cada una de las mujeres que ingresan. Para eso, se trabaja de manera interdisciplinaria desde las áreas social, salud, niñez y talleres, y en comisiones, como las de trabajo, vivienda, formacion y educacion, entre otras.

Un lugar como Frida se vuelve un bote salvavidas para muchas, y que alcanza cada vez menos. No hay números reales para comprender cuántas personas viven en la calle y cúales son sus realidades. A raíz de esta falta, este mes diversas organizaciones sociales realizaron un censo popular ya que el gobierno de la ciudad cuenta unas 800 personas en situación de calle, lo cual dista lejos de ser verdad. Para hacerse cargo como sociedad de quienes quedan excluidas y excluidos del sistema capitalista salvaje, es necesario armarse de estos números y reclamar medidas al estado para que todas y todos gocemos de los derechos humanos fundamentales para una vida digna.

En vez de hacerme esperar para la entrevista, Erika y Daniela, las coordinadoras, y Ayelén, Mica, María del Carmen y Selva me suman a la actividad que están haciendo. Las escucho hablar del trabajo doméstico no remunerado, de la historia del voto femenino. Una vez terminado el afiche del Día de las Trabajadoras, les pido permiso para prender el grabador.

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Si tuvieran que elegir tres palabras o tres momentos que definan este espacio, ¿cuáles serían?

Ayelén: La casa de las chicas. La casa de todas las chicas.

Selva: Integración.

María del Carmen: Sería reencuentro, amistad, reconocimiento.

Selva: Un poco de locura. (Risas)

Ayelén: Un espacio único también.

María del Carmen: Sería como no estar con la familia de uno y estar con una familia nueva. Sería otra casita nueva con otra familia de buena onda.

Mica: De las palabras, yo elegiría miedo, contención, apoyo, y qué ganas. Ganas sería todo. Miedo porque cuando llegué no confiaba en el espacio. Yo llegué y me decían „Te podés quedar a dormir todo lo que quieras, podés hacer lo que quieras, si querés salir adelante tenés un abanico de opciones para elegir las herramientas que vos quieras: estudiar, trabajar, leer, ir a talleres, lo que quieras.“ El miedo fue por el rechazo a que si nunca me apoyó nadie, ni siquiera mi familia, ¿Por qué me van a apoyar los de afuera que nada que ver? Después de que me abrí, hay un abanico de opciones que te dan, y apoyo. Te sentís mal, venís con un brote, y están ahí las pibas abrazándote. Decir “Me equivoqué de vuelta, hice esto otra vez“, y que te digan “Vamos, vamos arriba que ya está. Pasó. Pudiste registrarlo, pudiste venir, lo pudiste decir y de acá seguimos.“ Yo ahora estoy en la etapa de que estoy haciendo pila de cosas y me ayudaron un montón. Incluso ahora, siendo una egresada, sigo teniendo el apoyo igual de ellas y de las compas.

Erika: A mí, una de las palabras que se me viene a la cabeza es organización. Acá en el centro de integración Frida hay una asamblea semanal todos los jueves, que sería como el corazón de las tomas de decisión dentro de la casa. Todas las normas y pautas que se eligieron, se eligieron en conjunto con las compañeras habitantes.

El origen de Frida viene de la lucha. Si empezamos a pensar un poquito más para atrás, antes del centro de integración para mujeres estaba el Centro de Integración para Varones Monteagudo. Son los únicos dos centros de integración que hay en Argentina. En el marco de todo un camino de lucha, surge el Monteagudo a través de Proyecto 7. Después de que se crea el Monteagudo, surge de un grupo de luchadoras y de la organización No Tan Distintas, que trabajan con mujeres en situación de calle, el sueño, el deseo y la necesidad de comenzar a construir un Centro de Integracion para mujeres cis y trans. Ahí nace el Frida. No es un parador, no es un hogar, es un centro de integración conformado por organizaciones sociales y trabajadoras comprometidas con la problemática . Así que organización es la palabra más fuerte que se me viene a la cabeza cuando pienso en Frida.

Daniela: Yo pensé en encuentro, lucha y amor. Me parece que no es desde cualquier lugar que se lucha. Hay algo de mujeres. Esa es otra palabra. Ya me pasé de tres (risas). La sororidad sigue siendo una perspectiva que da cuenta de un montón de cosas que, si no, no podrían abordarse. Sigue habiendo una desigualdad enorme. Es la cruza de clase y de género lo que nos convoca acá, y nos convoca a mujeres de distintas clases sociales, de distintas identidades sexuales, pero que todas nos reconocemos mujeres, y en la lucha. Acá estamos.

Selva: Hace poco que estoy acá en el país, vine de Uruguay, y este es el lugar donde me siento bien. Hay algo clave que me dijeron el primer día y es “No estás sola“. Eso fue grandioso. Nunca pensé que me iba a llegar tanto esa frase, y de quien me lo dijo. Eso te ayuda a levantarte todos los días. Cuando no puedo venir es como que me tranco.

¿Cómo llegaron a Frida?

Ayelén: Yo no sabía nada de Frida. Estaba con Abril, ¿se acuerdan de Abril?, y ella empezó a venir acá y me djio “Mirá, hay un lugar donde podés venir a bañarte, a comer, hay talleres. Está bueno. Es para chicas que están en situación de calle.” La primera vez que vine fue a la muestra de poesía el año pasado. Me senté acá y sentí “¿Qué hago acá?”. No entendía nada. Pero me había re copado todo lo que habían hecho, lo que habían mostrado. Y ahí me empezó a gustar, venía a comer, empecé a venir a los talleres y me sentía bien cuando venía acá. Al principio venís por necesidad. Y encontrás la ayuda que necesitás y te quedás. Venís acá y tenés millones de oportunidades. A mí me re costó venir a comer, a bañarme, porque no es mi casa, no conocía a nadie y me daba cosa, pero después de a poco fui viniendo y cada vez que venía, venía desbordada y venía a llorar, por las problemáticas que yo tenía. Y siempre me dieron una mano. Me angustiaba llorando, y aunque no vivía acá siempre me hablaban y me ayudaban y me daban una mano. Hasta que tocó el día de ingresar y ahí cambió mi vida.

Daniela: Pasa mucho que compañeras que están en el Villaflor empiezan su proceso de venir a Frida, y de esa manera pueden sostener lo restrictivo de ese lugar. Y después otras situaciones. Referencias muchas veces, hospitales que nos contactan. Se va armando una cadena de referencias.

María de Carmen: La verdad que tuvieron una gran idea las personas que pusieron este lugar. Porque estar en la calle no es fácil. Llega la noche, y si es una mujer sola, hay riesgo de ser violada, robada, ultrajada. Y con un niño se puede estar en un peligro grandísimo. A mí, por ejemplo, un día a la noche me atracaron y mi hijo me preguntaba “Mamá, si pasa algo, ¿qué vamos a hacer?” Y ahí decía que algún día voy a tener un lugar y voy a poder estudiar y buscarme un buen trabajo y tener para mi casa. Tener un lugar donde no hay peligro. Una mujer sola en la calle, no es fácil. Cuántas cosas pasan. Y aparte, ahora parece que estamos de turno, que cualquier cosa les pasa a las mujeres no más.

¿Y cómo recibe la institución a una mujer que llega?

Erika: El Centro de Integración Frida hace un acompañamiento en función de los deseos y en qué quieren desarrollarse cada una de las mujeres que ingresan. En una primera instancia siempre es un momento de contención. Estar en la calle te aisla de los vínculos, se sufren diversas situaciones de violencia, violencias institucionales entre otras muchas. Ya el hecho de no tener un techo digno es un derecho que está vulnerado. Así que en una primera instancia es un espacio donde se recibe a las compañeras desde un lugar amoroso, se las contiene y de a poco se van generando instancias donde pueden ir pensando un camino para lo que deseen hacer.

Este es un lugar para mujeres cis y mujeres trans. ¿Cómo es la convivencia?

Mica: Bien. Normal.

Ayelén: Acá no hacemos diferencia. Si ella se siente mujer, nosotras la vamos a apoyar. Yo duermo en la habitación con Morena, ella es trans y nunca tuvimos ningún problema. Podemos ayudarla para que ella sea más señorita.

Erika: Aunque a veces ella nos ayuda a nosotras, porque somos re machonas (risas).

Ayelén: Hay algo, no sé cómo se dice, como gen de mujer. Por ejemplo Yeyu, ayer me cagué de la risa, porque le salía leche de la teta. (Risas) Me cagué de la risa, porque en realidad, eso les pasa a las mujeres cuando son mamás.

Erika: Yo me lo estoy desayunando.

Mica: Pero es por las hormonas.

Ayelén: ¿En serio?

Mica: Sí. Como las chicas que quieren ser hombres y toman las hormonas y ya les empiezan a crecer pelos y eso. Es así.

María del Carmen: Yo tenía que tomar algo para que me nazca pelo, porque no tenía pelo.

Todas: ¡Mejor!

Selva: Y nosotras sufriendo para sacar los pelos.

Mica: Y María del Carmen, “Yo quiero más pelos”.

(Risas)

Erika: Bueno, con las compañeras trans hubo al principio, como en la sociedad misma, algunos resquemores y prejuicios, y se pudo trabajar en asamblea. Estamos muy curtidas, hablamos todo el tiempo de la problemática de género, nos identificamos como feministas, tuvimos talleres de educación sexual integral, de géneros y sexualidades. Hacemos un foco bien importante en género y clase, son los dos ejes que laburamos mucho. Por ley, las compañeras tienen la posibilidad de venir. Acá nunca se puso en cuestionamiento si sí o si no, pero sí se trabajó en asamblea.

Mica: Fue un proceso. Porque no cayó así de una que está buenísimo. Había muchas chicas acá que en ese momento tenían ideas re cerradas, y que viniera una trans, ni ahí. No les entraba a la cabeza cómo un tipo podía ser mina. Y después hubieron otras que nunca tuvieron contacto con trans y las minas eran cis y hetero al mismo tiempo, y todo bien, no tuvieron problema. Le pegó a todo el mundo como le pegó. Fue una revolución.

Ayelén: Yo por ejemplo nunca tuve amigas trans. Ahora tengo amigas trans.

¿No necesitaríamos más espacios como Frida?

Erika: Existe la ley 3706 . A partir de esa ley se generó el primer centro de integración para varones, después el de mujeres. Hay ciertas partes de la ley que no se están cumpliendo. Que los paradores y hogares de la ciudad de Buenos Aires sean centros de integración ya es ley y no se está cumpliendo. Sería muy diferente cómo trabajar con la problemática. Hay una problemática habitacional: si no tenés una casa donde parar estás en la calle. El estado no se hace responsable de eso. Pasa con los hogares para las niñas y los niños. Después de que cumplen los 18 años quedan a la buena de la calle. O la mala de la calle. El estado no se hace responsable, las lógicas con las que laburan los paradores y hogares no garantizan que las personas puedan desarrollarse y construir un camino de vida.

La idea del centro de integración es acompañar a las compañeras que están en situación de calle a que encuentren cuál es su camino, qué quieren hacer, a qué se quieren dedicar. Seguimos exigiendo que los paradores y hogares se conviertan en centros de integración para que haya una salida posible y real a la problemática de la situación de calle, que es muy amplia. Cada una viene con situaciones bien particulares de por qué llega a la situación de calle. Y se presentó también la ley a nivel nacional, todavía no salió.

 

¿Para qué se hace el censo popular de personas en situación de calle?

El censo popular es para tener números reales. El gobierno de la ciudad vive sacando números de gente en situación de calle que son mentiras, porque se tiene que contabilizar con las organizaciones sociales que están laburando, y no solamente con las personas que están en la calle en el momento, sino también con las personas que están en riesgo de estarlo. Por ejemplo, las personas que están en centros de integración, en paradores, en hogares, en casas tomadas están en riesgo de estar en situación de calle. O las personas en hoteles, cobrando un subsidio que es ínfimo y que no alcanza para cubrir la necesidad habitacional.

Lo del censo es muy importante para tener una herramienta para ir a exigir. El gobierno de la CABA ha dicho que hay unas 800 personas en situación de calle, pero para las organizaciones sociales son muchísimas más. La coyuntura nacional, donde el gobierno está recortando presupuesto por todos lados, y el nivel de desempleo que existe, hacen que cada vez haya más gente en situación de calle.

¿Cómo se financia el Frida?

Erika: Este lugar se financia a través de un convenio con el gobierno de la ciudad. El Centro es gestionado por dos organizaciones sociales: Proyecto 7 y No Tan Distintas. El presupuesto está para atrás. Trabajamos mucho desde el área de talleres con donaciones, articulando con organizaciones sociales, con fundaciones que colaboran con la casa. La verdad es que el presupuesto no alcanza. Se sostiene porque hay militantes comprometidas con la causa y ponemos el cuerpo para construir una alternativa entre todas. Eso es lo que hace posible que esto funcione hoy por hoy, porque si fuera por el estado, no sería viable. El salario de las trabajadoras es muy precario. Ahora se viene el frío y estamos a pleno buscando frazadas y ropa de abrigo porque como no solamente laburamos con las compañeras que viven en Frida, sino también con las que están en lista de espera, para ellas se hace muy crudo pasar el invierno.

2 thoughts on “No estás sola. Centro de integración Frida para mujeres en situación de calle”

  1. Buenas noches mi nombre es Sonia moros estoy pasando un momento muy dificil mi ex pareja me expulsa de su casa pira ejerce violencia psíquica mi mami hace dos meses q.falleció mis hijas no me pueden tener a ceses duermo en la calle como podría hacer para q.ustedes me dieran una solución.desde ya muchas gracias

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