No sé qué esperan. Érica sobrevivió un intento de femicidio y su agresor camina libre.

Por Jennifer Löcher.

Érica Obregón de Florencio Varela tiene 17 años. El 31 de mayo de 2017, su exnovio intentó matarla. Lo denunció y él tiene prisión domiciliaria pero no la respeta. La justicia desestima las denuncias y pruebas de Érica y su madre Georgina Nuñez Ábalos de que él anda libre por el barrio. Érica cuenta que “se paraba en la esquina y silbaba, sabiendo que yo sabía que era él, y me gritaba. Entregamos testigos, pruebas, todo, y aún así no le revocan la prisión domiciliaria. No sé qué esperan.” Y su madre agrega que “él no tiene por qué tener el beneficio del arresto domiciliario. No es una persona mayor ni está enfermo.”

La causa está caratulada como intento de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género en el Juzgado Juvenil N°1 de Florencio Varela. El 14, 15 y 16 de mayo va a tener lugar el juicio oral en el juzgado de Berazategui donde el imputado tendrá el beneficio de presentarse ante tres jueces en vez de ante un jurado de 12 ciudadanas y ciudadanos como se suele hacer en la provincia de Buenos Aires en casos con penas de más de 15 años de prisión. Georgina afirma que “si la sociedad lo va a condenar, le va a dar los años que tienen que ser. En cambio, por jueces por ahí consigue que le reduzcan los años.”

Apenas nos sentamos con con su madre a la mesa para hablar, Érica empieza a contar la historia de lo que ocurrió.

Érica: Cuando me empezó a pegar lo dejé pero él no lo entendía. Se puso peor la cosa. Yo pensé que terminando la relación se iba a cortar que me pegara y que me deje de seguir. Pero no, era peor. Le decía que se vaya y estaba un montón de horas en la puerta de mi casa. O yo salía y él estaba ahí. Me estaba yendo al colegio e iba atrás mío. Me miraba cuándo salía de la casa y salía detrás mío. Y él sabía los horarios en que yo salía. Yo hacía una cuadra y ya lo tenía ahí.

Esa noche, él me estaba mandando un montón de mensajes que si no estaba con él, él se iba a matar, que no podía vivir, un montón de cosas. Me mandaba videos que se ahorcaba, tomando pastillas, se ponía el cuchillo en el cuello. Que escuche el portón, que iba a entrar y que se iba a matar en el fondo de la casa. Yo me fui a dormir porque ya me tenía cansada, decía siempre que se iba a matar. Al otro día, mi mamá llegaba y me levanta y me dice “Son las once y media, levantate para ir al colegio.” Y yo no me levanté, me quedé acostada porque entraba a la una al colegio, faltaba. Estaba entredormida y, cuando giro, veo que estaba parado en la puerta de mi pieza. Había entrado.

No sé si le alcanzo a decir “¿Qué hacés acá?”, pero después se me acerca y me pone la mano en la garganta y me asfixia, con la otra mano me tiene las muñecas. Me deja sin aire. Yo estaba tan asustada y me zafaba como podía. Y bueno, me paro, me voy para la cocina cuando me suelta y se viene detrás mío. Agarro el celular para llamar a alguien y me dice “¿Con quién querés hablar? ¿Con tu macho?” Y me tira al piso y me empieza a ahorcar. Me ahorca hasta que ya no podía respirar. Se me iban los ojos para atrás y le digo “Por favor”, y apretaba y apretaba, y le dije “Por favor” y me soltó.

Entonces yo me voy corriendo para afuera para pedir ayuda. Digo el nombre de mi vecina y me agarra de los pelos. Me dice “No grités porque te mato.” Y ahí me arrastra, chocándome por todos lados, me arrastra y me lleva hasta mi pieza. Cuando pasamos por la mesada, agarra un cuchillo. Y me tira a la cama e intenta cortarme, dándome golpes en el cuello. Y no corta. Entonces, con todo su peso presiona la cuchilla y la desliza. Y yo me toco y él me ve y abre los ojos grandes y yo veo que tenía un montón de sangre. Me giro y me corta la espalda. Entonces tira el cuchillo en la mesada y se va corriendo.

Y yo salgo y mi vecina me dice “¿Por qué gritaste?”, y me ve toda la sangre. Ahí estaba sentada una chica que era mi compañera de colegio, me ve también toda ensangrentada y me dice “¿Qué pasó? Yo lo vi cuando te alzó y te llevó para adentro, pero pensé que estaban jugando.” Y bueno, yo voy para la casa de la mamá de él para decirle lo que me había hecho y me dice “¿Qué te pasó? No dormí en toda la noche, está loco.” Entonces espero un momento ahí y me fui a mi casa para ver si mamá llegaba y cuando llega mi mamá, le digo y ella va corriendo a la esquina a buscarlo y ya se había ido. No sé a dónde se fue. Y de ahí fuimos a hacer la denuncia a la comisaría primera y ahí esperamos. Después me llevaron al hospital. No me cosieron, nada. Me pusieron una gasa. Me quedó horrible el cuello. Por eso me tuvieron que operar de vuelta y reconstruirme. Y volvemos y estaba en la comisaría primera. Decía que diga la verdad yo. Decía que yo estaba mintiendo.

Georgina: La defensa sostiene que ella se confeccionó los cortes. Sufrimos violencia institucional porque cuando vamos a la comisaría dicen que él le hizo eso porque mi hija era infiel y que yo me realicé dos abortos. Así justifican al violento.

Para bronca de nosotras, cuando a ella le hacen la pericia psicológica, ponen que Érica tenía indicativo de intento de suicidio. Érica nunca se quiso suicidar.

Érica: Lo ponían porque a mí me preguntaron qué había pasado con mi mamá y papá y yo dije que se habían separado y les dije que fue la única vez que estuve triste. Por ese momento. Y se agarraron de eso.

Georgina: Yo también soy víctima de violencia de género y me separé. Ponen todo a favor de esta basura porque no tiene nada que ver que yo me haya separado. Incluso, se le hace la pericia cuando ella recién sale de estar internada, estaba todavía sedada.

Érica: Me acuerdo que me decían el nombre de él y yo temblaba. No quería. No estaba en condiciones para que me hagan las pruebas psicológicas porque no estaba bien. Había acabado de salir de estar internada, estaba todavía con los efectos de la medicación.

¿Cómo siguieron después de la denuncia?

Georgina: El hecho ocurrió el 31 de mayo y el 3 de junio era la marcha del Ni Una Menos así que yo la agarré a ella, improvisé un cartel y nos fuimos a marchar. Nos encontramos en Constitución con una organización. Les expliqué lo que había pasado y nos pusieron delante de la agrupación “Darío Santillán” de Ezeiza. Gracias a dios yo podía marchar con ella. Hay madres o hermanas o familiares que no están. Ella lo puede contar. Entonces íbamos con el cartel adelante y conseguimos hablar con los medios.

Cuando esto empezó a tomar difusión, la jueza me mandó un oficio diciendo que cese de inmediato la difusión y todo lo referente al caso, siendo que él era menor. Pero, ¿por qué me tenía que callar? Por un momento lo hice pero después vi que él incumplía y pensé que no tenía sentido, entonces empecé a difundir por facebook y por las redes sociales. A él le dan asistencia psicológica. A mi hija nunca le dieron nada, pero a él le dan todo. A Érica no la amparan por ser menor, pero sí lo protegen a él.

¿Cómo reaccionó tu entorno más inmediato?

Érica: En el barrio tiene alguna parte del lado de él, los que se juntaban con él. Pero la gran mayoría no. Por suerte me creen a mí.

¿Lo que ocurrió te cambió?

Érica: Sí porque antes no me interesaba tanto en cosas como las marchas, ayudar a otras chicas que por ahí lo están pasando. Lo veía en la tele y era algo más, pero me di cuenta de que hasta que a una no le pasa no entiende. Antes yo decía “Cómo molestan con las marchas.” Y a mí me pasó y entiendo. Me pongo en el lugar de una. Porque es difícil.

¿Cómo reaccionó y reacciona la justicia ante este caso?

Georgina: Nadie nos escuchaba. Fue todo a pulmón. Ir como ciudadana común, como me dijo la del centro donde se pide el psicólogo. Me dice “Eso lo hace el juzgado.” Y cómo iba yo así, que siempre mandan un oficio. Le dije que nadie me daba asistencia psicológica. También el botón antipánico. Lo tramité yo yendo a la municipalidad. Así fui obteniendo las cosas. Caminando. Recién más tarde pudimos contratar un abogado de la ONG “Madres del Dolor”, Luis Logran.

Encontramos una organización que nos apoya, “Juntas a la izquierda”. Cuando necesitamos que vengan a hacer un escrache acá al juzgado, vienen. La fiscalía no me quería tomar la denuncia de que él incumplía. Y con el escrache la tuvieron que tomar. Denuncié al fiscal. Ahora se empezó a interesar en el caso y cambió de actitud.

Ahora tenemos que hacer la denuncia que el agresor está en la vía pública. A la última audiencia, el 27 de marzo, fui con mis hijos. A la salida,mi nuera lo ve en la parada del colectivo y me manda la foto. Vamos con apoyo policial y va llegando mi hija. Cuando ella lo ve, imaginate lo que es ver tu agresor, tu potencial asesino en la calle, con la madre y todo. Se nos reían.

Érica: Cuando se estaba yendo al móvil, nadie lo estaba llevando, iba caminando solo, siendo que lo tienen que llevar ellos. Entonces me mira y se ríe. Y a mí me agarró una crisis. Me fui corriendo hacia él y le grité de todo y un oficial grita “Reducila” y me agarran, me tiran los brazos para atrás y me tira al piso y me pega. Mi mamá se da vuelta y yo estaba en el piso.

¿Cómo te sentís con que él anda libre por el barrio?

Érica: No me siento bien. Me siento que estoy a la deriva. Si yo salgo a algún lado y me corta camino, me lo cruzo, ¿qué hago? Y yo tampoco puedo parar mi vida, tengo que seguir estudiando, seguir haciendo mis cosas. Un tiempo no salía ni nada. Pero yo tengo que seguir. Y me siento muy desprotegida por parte de la justicia porque no le ponen la tobillera, no lo mandan a un penal, no sé qué quieren. Capaz si me hace algo y me mata, hagan algo.

Georgina: Es como una crónica anunciada.

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