Sororidad y lucha. Retrospectiva del Mar Feminista 2017.

Por Jennifer Löcher.

En la Revista Del Mar al Caracol nos sabemos parte del movimiento feminista y acompañamos, desde nuestro lugar de comunicadoras, las diferentes iniciativas, organizaciones y personas que buscan la transformación social, cultural y material para lograr una vida con igualdad de oportunidades, sin violencia machista y con la sororidad que aprendimos a valorar a través de décadas de lucha.

El 2017 fue un año movilizado y movilizante. Apenas terminado el verano, nos plantamos en las calles durante el Paro Internacional de Mujeres para visibilizar el aporte silencioso de las mujeres y sujetos feminizados a la economía. La respuesta por parte del estado no se hizo esperar y ocurrió una de las primeras cacerías después de una manifestación popular, un evento al que para fin de este año, malsanamente, ya nos estamos acostumbrando. Agostina Invernizzi es una de las mujeres detenidas luego de comer una pizza cerca de Plaza de Mayo con sus compañeras con las que había ido a la marcha, y su voz no tiembla cuando afirma que la veremos siempre en las calles, que no le dan miedo.

Volviendo al Paro de Mujeres. Como bien dice la feminista italiana Silvia Federicci: “Ellos lo llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no remunerado.” Sin el aporte feminizado y no remunerado en los ámbitos reproductivos, es decir, tareas domésticas y cuidado de menores, mayores y enfermas y enfermos, la economía productiva y remunerada se paraliza. En este mismo tono también cerramos el año con las reflexiones de Candelaria Botto de Economía Feminista sobre la Reforma Laboral en clave feminista. Esa propuesta no solamente ataca fundamentales derechos de todas las trabajadoras y trabajadores, sino que silencia por completo estos aspectos sin los que la economía nacional se derrumbaría.

Esta situación permanece a raíz de pautas culturales, estereotipos y violencia explícita en el caso de no obedecer a los mandatos patriarcales. Para la transformación es necesario juntarnos a luchar, como lo hicieron las compañeras de la Comisión de Mujeres de Pepsico que hicieron caso omiso del mandato de la cúpula sindical que les decía que no luchen por sus derechos y en contra de la violencia machista que sufrían día a día en la fábrica por parte de los supervisores. Y lo lograron. A raíz de sus luchas, pudieron modificar las condiciones laborales, tanto materiales como simbólicas.

De la misma manera, se plantó Lucía Cabrera con el apoyo de la abogada Greta Ter Akopian para lograr la primera sentencia por acoso callejero en la ciudad de Buenos Aires. No aceptó quedarse callada ante la violencia verbal y el acoso por parte de un taxista que la seguía por la calle y pudo denunciarlo. Y lo que es más importante, con el apoyo de sus compañeras y amigas, pudo llevar adelante la denuncia hasta lograr la sentencia. Un logro enorme en un sistema judicial machista y retrógrado que pone todas las piedras en el camino.

La fuerza para enfrentar tanta violencia simbólica, psicológica, material y física nace de la sororidad, del saber que no estamos solas. Saber que al lado nuestro hay muchas que, sin dudarlo, nos van a dar la mano siempre y no soltarla hasta poder caminar firme. El Encuentro Nacional de Mujeres, este año en su 32° edición en Chaco, es el espacio federal más grande y más importante donde se genera esta fuerza, donde se generan iniciativas, como la Campaña Nacional por el Aborto Libre, Seguro y Gratuito, o la Campaña contra las Violencias Machistas. Este año reclamamos por la aparición con vida de Maira Benitez junto a las compañeras chaqueñas.

También nos dan fuerza los relatos, encontrarnos y contarnos cómo el feminismo nos salvó la vida a tantas. Poder entender muchos malestares en otra clave, repensarnos y rea(r)marnos. Momentos como la charla que dieron Tununa Mercado, Dora Barrancos, Susana Sanz, Flor Monfort y Lila Pastoriza en el Centro Cultural Haroldo Conti sobre el rol del feminismo en sus vidas en el exilio durante la dictadura y a la vuelta constituyen pequeños respiros y reafirmaciones, donde nos podemos mirar a los ojos y saber que hablamos la misma lengua.

Esta misma sensación se respira en el Centro de Integración Frida, un espacio para mujeres cis y trans en situación de calle. Selva, una de sus habitantes lo resume así: Hay algo clave que me dijeron el primer día y es No estás sola’. Eso fue grandioso.”

No estamos solas. Somos muchas y estamos organizadas. En medio de un fin de año oscuro es una luz que brilla al interior de todas nosotras y nos fortalece.

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