2×1 no es negocio: Nunca Más

Por Claudia Estanga.

La Plaza de Mayo se llenó de pañuelos blancos. 500000 personas volvieron a gritar “nunca más” la tarde del 10 de mayo. El fallo de la corte suprema que otorga el beneficio del 2×1 a los genocidas presos por delitos de lesa humanidad se convirtió en un repudio imparable y masivo, lleno de pañuelos, gritos de justicia y fuerza colectiva. Palabras y motivos que nos cuentan mientras marchamos, imágenes y voces que escuchamos desde una plaza colmada de luchas y convicciones vivas.

El pañuelo era una condición ineludiblemente simbólica para acompañar la marcha. La consigna de alzarlos en un momento preciso para inundar de blanco y de lucha la convocatoria, para comunicar con un símbolo de resistencia tan emblemático, se convirtió en una búsqueda iniciadora para comenzar a marchar con una insignia compartida. En varios puntos de la ciudad, distintas agrupaciones y colectivos autoconvocados entregaban pañuelos gratuitos para acompañar la convocatoria. En Av. de Mayo esquina Yrigoyen y también en esquina Perú, muchos aguardaban su tela blanca. Abrimos el grabador allí. Pablo esperaba como muchos y muchas su pañuelo.

– ¿Por qué estás acá?

– Y porque creo que nadie puede faltar hoy. Tengo 28 años y nuestra generación creció libre de la dictadura militar gracias a la lucha de los organismos de derechos humanos. Nosotros crecimos en democracia, con otros problemas pero con gobiernos que elegimos, por estas luchadoras, por las madres, las abuelas. Es muy importante que sigamos defendiendo entre todos estas luchas históricas, el “nunca más” creo que es muy generalizado y ya se ve mucha gente llegando, creo que va estar lleno.

Pablo se ilusiona y observa lo mismo que venimos percibiendo a lo largo de todas las cuadras que caminamos, desde 9 de Julio hasta Av. de Mayo, desde Diagonal Norte hacia el Cabildo, todo comienza a colmarse de personas, carteles, colectivos de lucha, organismos de derechos humanos. Todas y todos van juntando sus andares hacia la Plaza, cada vez hay más gente. A partir de las 5 y media de la tarde pasar entre la multitud ya es toda una hazaña. Y eso alegra mucho. Se percibe desde temprano que somos montones. Y faltan todavía cientos por llegar. El “nunca más”, el no al 2×1 sigue trayendo caminantes de todas partes hacia la Plaza de Mayo.

Seguimos avanzando. Entre las consignas y carteles surge la cara de Micky Vainilla, el personaje de Diego Capussotto que interpreta un discurso de derecha, fascista, discriminador y xenófobo. Pero el hombre le suma al cartel un detalle de diseño significativo. Utiliza los colores de Cambiemos y la misma letra que utiliza el partido político del presidente Macri. Pero la palabra que se lee es “Volvimos”…

– ¿Por qué este cartel?

– Porque estos tipos están volviendo, corriendo los límites todos los días. Tenían a los milicos esperando ahí, agazapados. Los llevamos presos. Y ahora de a poco van tomando protagonismo otra vez, es nefasto. Pero hoy vinimos todos a frenarlos. Mirá toda esta gente acá, estamos diciendo lo mismo: paren la mano porque esto es nunca más. Los fachos no pueden volver a hacernos retroceder. Volvimos, cambiemos, es la misma palabra. Son los mismos tipos. No los vamos a dejar volver, miralo acá. Es un hecho, estamos todos.

Las luchas en la caminata se entremezclan. Sobre Avenida de Mayo me encuentro con un grupo de maestras y maestros que en el contexto de su vigente reclamo de paritarias surgen de la marcha colectiva con una fuerza muy particular: llevan los guardapolvos de las compañeras y compañeros docentes que ya no están. Es una imagen profunda, llena de sentidos vivos, presentes.

– ¿Por qué están ustedes acá hoy?

– Porque estamos peleando para no perder lo que ya ganamos. No podemos perder más derechos. Estamos volviendo para atrás, es muy angustiante. En las aulas, en la escuela ya los ánimos no dan para más. Venimos acá y nos volvemos a sentir esperanzadas, eso decíamos recién. Que cuando nos vamos de cada marcha, volvemos a sentir esa certeza de que estamos peleando y que no podemos bajar los brazos. Y eso que está difícil, nosotros lo sentimos todos los días.

– ¿En qué lo sienten? ¿En la escuela?

Si. Totalmente. En la sala de maestros hay un clima tremendo, hace años que no lo vivíamos así, es como una tristeza, un silencio terrible. Y ni hablar de los padres, las madres de los chicos, muchos sin trabajo, con poca expectativa. Está muy claro que es lo que quieren. Nos quieren desarmar. Por eso estamos acá, me preguntabas por qué. Creo que básicamente para no dejar que avancen ni un paso más. Las compañeras y compañeros desaparecidos dieron la vida por ideas y cosas que están más vivas que nunca. Acá creo que estamos todas y todos sin importar partidos políticos, si te equivocaste votando, no importa. Hoy venimos a dar un mensaje que nos une a todos y todas.

La gente que va llegando desde atrás, desde 9 de Julio hacia Plaza de Mayo, comienza a entrar de a poco y nos vamos apretando cada vez más, cada vez estamos más cerca. Los cruces de calle Florida ya están colmados. Aunque quisiéramos, no podemos movernos más, no hay un solo lugar para pasar. Se siente como uno de esos recitales de rock y amor adolescente donde la música suena y quienes están con nosotras y nosotros se hacen parte del mismo espacio, del mismo cuerpo colectivo.

Hablan las madres, se emocionan cuando desde la multitud cantamos con ellas “jus-ti-cia”. Llega el momento de levantar los pañuelos. Desde la Plaza, los pañuelos se mueven más que nunca, se alzan vivos, como la misma voz colectiva que dice “Nunca Mas”.

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